Viernes, 17 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

Toda la vida ha existido en San Fernando (Magdalena), mi pueblo, personajes que en el mes de diciembre comparten con la comunidad lo que el destino les ha regalado como premio a su arduo trabajo de muchos años.

Y lo hacen de una manera tan discreta que cuesta trabajo darse cuenta por qué no esperan nada a cambio, sólo la sonrisa de satisfacción de sus padres que los miran orgullosos desde el cielo a donde se han ido hace rato y la gratitud de los beneficiarios de sus desprendimientos

El señor José Ruiz, por ejemplo, tiene una tradición que aviva cada mes de diciembre desde la época del ruido: al final del año, toma unos sobres de carta o de manila en la misma cantidad del número de sus hijos y deposita en ellos dinero y se los obsequia. Yo me imagino que, años atrás, sus hijos esperaban con ansias este día pero hoy ya no, porque todos tienen sus propios ingresos. Lo que  es admirable es el detalle que aún conserva Don José a pesar de que, hoy quizás, sus hijos tengan más dinero que él y no lo necesiten con tanto apremio como antes

El señor Hamil Yacub, siempre se prepara anticipadamente por la alegría que le produce la llegada de sus hijos,  Bashi y Saji, mis amigos, de una manera muy particular: visita a los amigos de sus hijos notificándole de su llegada para que le hagan un pequeño agasajo, y aclara que él responde por los gastos que puedan generarse con tal de que sus hijos se sientan contentos. Esto sin contar con el desprendimiento de la Seño Osiris, esposa del señor Hamil, para con todas esas personas a las que la suerte no les ha sonreído en el año y ella trata de aliviar tantos pesares de diferentes maneras y de forma sigilosa. Si el señor Hamil se molesta por mi indiscreción, le pido me disculpe pero esas acciones son dignas de emular por todos los padres sanfernanderos.

Mi tía Carlina Delgado, cada fin de año destina una vaca de su finca para sacrificarla y repartir la carne a las personas a las que ella considera deben tener una buena comida de noche buena, esto reforzado con los regalos que lleva su  hija Rocío desde el otro lado del mundo.

Mi tío Eurípides Delgado le llevaba su detallito a aquellas personas que en su juventud trabajaron con él en sus fincas y que hoy ya no pueden hacerlo por el paso del tiempo, no sé si lo siga haciendo.

La seño Enilda Siado, una mujer admirable que, para estas fechas de aguinaldos, tiene detalles muy especiales con personas que ella adivina y acierta que lo necesita, y cual no será la sorpresa de las personas cuando ella en persona hace los obsequios que se sueñan precisamente para esos días, además de unas palabras de aliento escritas con su caligrafía de notario antiguo y un abrazo sincero. Todo esto sumado a los regalos que reparte su hijo sacerdote, Javier, quien ha heredado el carácter desprendido de su insuperable y admirada mamá.

El Señor Libardo Bermúdez ha tomado la costumbre de hacer de cualquier mes del año un diciembre, porque cualquier día se aparece con obras o detalles de las que el pueblo sufre por su ausencia y está siempre liderando actividades  y obsequiando detalles a la población sin distingo alguno

Y no hay que olvidar todos esos actos benéficos que realiza a lo largo del año desde Santa Marta el sacerdote Fajid Álvarez y que continúa realizando el mes de diciembre.

Mi respetado y admirado señor José Rafael Álvarez reparte de todo en la puerta de su casa el día de navidad, y se preocupa cuando se le acaba antes de tiempo y no alcanza para todos los que él quisiera.

Olvidaba decir que la seño Gloria mata casi todas las gallinas de su patio el último día de diciembre y hace un sancocho que reparte a todo el que vaya a comerlo y que muchas veces ni ella logra probarlo porque se agota.

Menos mal que todavía hay ganaderos que regalan leche para las navidades y los agricultores obsequian de lo que su tierra es capaz de producir.

Los padrinos sanfernanderos para esta época deben proveerse de regalos y dinero para todo el ejército de ahijados y más si los compadres llegan de fuera.

Cuando yo era niño, recuerdo que en el barrio Arriba todos los vecinos de la cuadra donde vivía mi abuela Rita se regalaban cosas con todo el afecto que esta gente tiene en su corazón. Más que todo era comida: Pasteles, peto, sancochos, chicha… Recuerdo que mi abuela regalaba, además, panes y dulces que le llevaban sus hijos y nietos de Venezuela.

Cuando se visita a las familias sanfernanderas para estas fechas, siempre tienen un detalle para regalar así sea un tinto pero lo obsequian con todo el amor del mundo.

Además, el sanfernandero regala saludos, regala amistad, regala un cuento, una anécdota, y de una manera muy particular, sobre todo a aquellas personas que han sido invitadas por primera vez por nuestros paisanos a que visiten esta tierra nuestra y se enamoren de ella.

A la media noche del último día del año, todo San Fernando se confunde en un solo abrazo fraterno y por un momento se olvida las rencillas y resentimientos y amanecen por las calles gente parrandeando. Mi amigo Iván Carreño, por ejemplo, comienza la parranda el día de su cumpleaños cuando comienza diciembre y la extiende hasta el año próximo.

A mí me gusta el regalo que me obsequia la niña Blanqui Suárez un alma de Dios con casi 100 años de vida, cada comienzo de año, así se me esté acabando el mundo voy por él: un abrazo tan sincero y unas palabras tan llenas de bendiciones que me hacen llorar.

Todas estas personas realizan estas labores altruistas porque les nace de lo más profundo de su corazón, independientemente de si lo hacen con una población en especial, o con sus familias, o con los habitantes de barrios marginales, con niños solamente, sin pensar en cobrarlo más adelante, y mucho menos para ser reseñados en esta crónica. No.

Gracias a Dios que en San Fernando hay personas que no han olvidado compartir algo de lo que tienen, a su manera, con sus reglas, pero lo hacen.

El hecho de que no haya reseña de más personajes en esta nota es porque muchos lo hacen de una manera tan discreta que es difícil descubrirlo.

 

Fabio Fernando Meza 

Folclor y color
Fabio Fernando Meza

Cronista colombiano originario de San Fernando (Santa Ana, Magdalena). En esta columna encontrar textos sobre la música vallenata, su historia y sus protagonistas, así como relatos cortos que han sido premiados a nivel nacional e internacional.

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