Lunes, 27 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

Rafael Baena / Foto: Revista Semana

Destacado periodista y reportero gráfico, Rafael Baena –fallecido el 14 de diciembre en Bogotá–, trabajó en El Espectador, Diario del Caribe, Cromos, Cambio 16, Antena y Noticias Uno, además de desempeñarse como editor de la Revista Credencial.

Autor de las novelas Tanta sangre vista (2007), ¡Vuelvan caras, carajo! (2009), La bala vendida (2011) y Siempre fue ahora o nunca (2014), el talento de Baena como escritor fue reconocido por la crítica de manera inmediata, no obstante a que la escritura de ficción fuera una actividad que debió postergar durante cerca de treinta años debido a permanecer inmerso en la actividad periodística.

"Cuando yo empecé a hacer periodismo en el año 79, el periodismo escrito era el que mandaba la parada y yo sentía que para llegar a ser escritor primero tenía que ser periodista. Los ejemplos abundaban en América Latina, sobre todo García Márquez, que era como mi faro en esa época. Fue algo natural calentar el brazo, coger oficio en ese trabajo, y luego hacer la transición. El asunto fue que me demoré 28 años en tomar la decisión, porque esa profesión me encantó y me absorbió, tanto que me olvidé de mi propósito inicial", comentó el escritor en una entrevista concedida en junio de 2014 al diario El Heraldo.

Su habilidad para escribir lo llevó a ejercer el oficio de fotógrafo junto con el de reportero desde sus inicios en la revista Antena, aunque como él mismo reconocía, esa dualidad tan insólita en ese tiempo, le valiera ser visto con cierta suspicacia por unos y otros en las salas de redacción de la época –“Mi libreta de apuntes era la cámara-, declaró al Portal Kien y Ke.

“Al principio, hace treinta y pico de años eso era problemático porque los redactores veían a los fotógrafos como gente sin nada en la cabeza y viceversa. Los fotógrafos veían a los redactores como gente envanecida que tampoco tenían nada en la cabeza. Pero ahí logré conciliar las dos cosas y finalmente no tengo enemigos por eso, todo lo contrario”, explicaba.

Fruto de esa dedicación Baena llegó a cubrir con igual pasión toda suerte de acontecimientos que ahora son históricos -el proceso 8.000, la crisis registrada durante los diálogos con la guerrilla del M-19, y la caótica espiral de violencia ocurrida en el transcurso de los años 80 y 90-, a la par de ser testigo de excepción de los procesos de paz adelantados en Centroamérica, así como de actividades más banales como los concursos de belleza que año tras año se celebraban en Cartagena. 

“La novela no es fruto de un acceso de creatividad, pues tal cosa nunca me ocurre. El disparador fue una pregunta que nos hizo durante un evento una persona a un grupo de autores que cultivamos la mal llamada novela histórica: ‘¿Por qué no escriben algo basado en la historia reciente y dejan de hablar del pasado remoto?’. Este libro es un intento de respuesta”, comentaba el autor de Siempre fue ahora o nunca al diario El Tiempo.

Definido a sí mismo como miembro de una generación que fracasó en su intento de hacer un mundo mejor, Baena definió el actual momento histórico de las negociaciones de paz en La Habana, con la autoridad que le da su trabajo de años de reportero e investigador sobre la violencia en Colombia: “Siento que estamos muy lejos pero nunca habíamos estado tan cerca. Es paradójico. La paz se va a dar en el postconflicto, con políticas de estados dirigidas a acabar con iniquidades, algo bien pensado como Nación y Estado hacia la consolidación de unas condiciones que impidan que la gente se insurreccione. Nunca antes habíamos estado tan cerca de ese paso inicial”, aseguró en la referida entrevista al diario El Heraldo.

 

Juan Carlos Millán Guzmán 

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