Lunes, 21 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

Descontento, rabia y repudio, genera esta macabra idea del gobierno, de vender una empresa que es de todos los colombianos y no de las necesidades particulares de un gobernante por cumplir con las metas que sabía de antemano iba a ser difícil llevar a cabo, como las 100 mil viviendas gratis, las carreteras de 4 generación, el proceso de paz, entre otros proyectos que todavía están en el tintero, sin sumarle el costo de la llamada mermelada política y la corrupción, más el despilfarro administrativo y las demandas contra el Estado que siempre pierde por algún limbo jurídico que nadie le ha puesto el ojo.

Como es posible escuchar en voz del presidente Santos que Isagén no genera buenas utilidades y no es rentable, cuando es la segunda empresa generadora de energía encargada de conectar a toda Colombia y llegar hasta Ecuador y Venezuela, con proyección de expansión a Panamá, Brasil, Chile y Argentina por mencionar los vecinos, y que, de paso, queden descartadas las grandes inversiones que se han hecho en la infraestructura de las hidroeléctricas en todo el país, que suman 7 (San Carlos, Jaguas, Caldera, Termo centro, Sogamoso, Miel I y rio Amoyá-la esperanza) ubicadas en 4 departamentos (Antioquia, Caldas, Santander y Tolima)

La verdadera riqueza de nuestro país está en el agua y no en el petróleo, y ese desconocimiento de nuestras riquezas por parte de quienes ostentan el poder es lo que nos llevará a la peor de las pobrezas y miseria humana, cuanto tengamos que comprarle a una multinacional un galón de agua, sacado de nuestras montañas. Porque, gracias a todas las cuencas hídricas que posee nuestro país que son 11 (Atrato, Cauca, Sinú, Magdalena, Catatumbo, Meta, Guaviare, Caquetá, Putumayo, San juan y rio Patía), se genera energía a través de las hidroelécticas que han sido las abanderadas en el desarrollo sostenible por varias décadas de nuestra explotada nación.

Isagén nace de la necesidad de poder transportar esa energía de cordillera a cordillera, sino de nada valdría tener un dinamo generando energía si no hay por donde llevar toda esa fuerza bruta que ilumina al país.

Solo a los gobiernos de turno en Colombia se les ocurre vender las empresas del estado o liquidarlas, ya paso con Telecom, Bancafé, Granahorrar, Findeter, Carbocol, Ecogas, y una larga lista de más de cincuenta empresas incluidos hospitales y fondos rotativos y la venta del 10 por ciento de Ecopetrol, ahora le toca a Isagén. “Luchemos por que no”

Ese maldito vicio de los presidentes de vender lo que no les pertenece, de hacer los peores negocios del mundo, por eso los inversionistas ven a Colombia como la mejor esquina de américa, si aquí por unos cuantos dólares venden las mejores empresas, y es ahí donde uno como ciudadano de a pie se pregunta ¿para qué diablos le sirve a un ministro estudiar en las mejores universidades del mundo si a la hora de hacer negocios con los gringos, los europeos o los asiáticos, se comportan como los más ignorantes de la clase? Eso es lo que no entendemos, donde está toda esa capacidad y agudeza para defender el patrimonio colombiano si cuando están en la empresa privada, se desvelan por los grandes resultados y el crecimiento sostenido anual, y cuando llegan al sector oficial, todo es al revés, ninguna fórmula les funciona, todos los negocios les fallan. para la muestra un botón.

Me imagino en los países asiáticos a un presidente vendiendo una empresa del Estado, como mínimo le cortan la cabeza en la plaza pública.

Sería bueno hacer el ejercicio de preguntar cuánto vale una empresa de energía en los Estados Unidos y si estarían en condiciones de venderla en una subasta pública. La respuesta ya ustedes la tienen.

Pero en nuestra querida patria, pasa lo contrario.

Vender a Isagén es riqueza para hoy y hambre para mañana, y ese será el futuro de nuestros hijos y nietos. Sin dejar de lado que, los colombianos pagamos unos servicios públicos muy caros, que no se compadece con la realidad de que somos los generadores, que tenemos todos los recursos a nuestros pies, y hoy la realidad es que millones de familias cada mes tienen la disyuntiva, si pagar los servicios públicos, el arriendo, o ir a mercar para no acostarse con hambre.

Ahora:

Me imagino el tema de conversación de los interesados en la comprar de nuestra empresa de interconexión eléctrica a la hora del almuerzo, nos ven como los idiotas más grandes e ignorantes de las Américas, ya deben estar haciendo cuentas de cuántas acciones poner en la bolsa de valores e inflar su valor, lo que no son capaces de hacer nuestros economistas que apenas están en la introducción al módulo de economía de mercados en países emergentes y por supuesto al final del curso reprobaran con calificación 1, y esos son disque nuestros asesores del gobierno, desde ahí sabemos cómo será el almuerzo.

No es de extrañar, porque la ignorancia es atrevida, que donde se dé la venta de Isagén, el gobierno saldrá a decir que fue el mejor negocio del siglo XXI para los colombianos y, si paso lo contrario, que es por lo que todos abogamos que así sea, que Isagén siga siendo de todos, el gobierno saldrá al paso a declarar que el avance del país se ha frustrado, que los intereses políticos de unos cuantos se opuso a seguir por la senda del progreso y el bien común de todos los ciudadanos. Me parece estar escuchando cualquiera de las dos posiciones.

Cuando una empresa de servicios públicos (agua, energía eléctrica o telecomunicaciones) deja de ser publica (del estado) a ser privada (capital extranjero) el gobierno pierde el control de regular las tarifas que vayan en pro de los usuarios, porque es bien sabido que el capitalismo extremo de las multinacionales no tiene alma ni sentidos. No les interesa más que ganar y ganar dinero en detrimento de las condiciones laborales de los trabajadores.

Desde esta columna de opinión, mi posición es un NO a la venta de Isagén y una defensa por nuestra soberanía.

Si se vende Isagén muy pronto Colombia se quedará a oscuras.

 

Eber Patiño Ruiz 

Hablemos de…
Eber Patiño Ruiz

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

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