Sábado, 20 de ene de 2018
Valledupar, Colombia.

“Con el dinero se puede fundar una casa espléndida, pero no una familia dichosa.”

Considerando un hecho, la firma del acuerdo para dar por terminado el conflicto armado, como ese primer paso que daría apertura a una conciliación entre los violentos y la sociedad,  persiguiendo  la quimera de crear un ambiente de paz bajo condiciones pre-establecidas, patrocinadas por un gobierno cómplice y ni por qué negarlo; alcahueta de iniquidades y desvalores de los principios éticos y constitucionales de la nación. Y: lográndose tal efecto con la aquiescencia de raudales de dinero puestos en el proceso, salidos del tesoro público perteneciente al patrimonio de los colombianos, pero considerados mínimos egresos, si se piensa en lo que falta y lo que se gastará para ambientar épicamente la construcción del escenario pacificado, solo queda por instigar no por irónica propuesta sino en un acto de gallarda aceptación de una pasmosa realidad, la fundación dentro del territorio nacional de “Ciudad Fariana”.

Sería una ciudad, erigida físicamente con todos los conceptos modernos de urbanización y edificaciones ceñidas a especificaciones de un ordenado plan de habitabilidad, en un espacio escogido de nuestra geografía donde sea relevante el medio ambiente interactuando con la civilización, confluente de ríos, tierras productivas, clima, un lugar entre los llanos y la selva colombiana, nada difícil de elegir por sus fundadores.

Más que un sitio de concentración seria una  ciudadela habitada por las huestes farianas y aquellos remisos y renuentes del orden social, generadores de violencia pero anhelantes del relativo sosiego fantaseado por su propia angustia, una ciudad contenida en el concepto de entidad territorial descentralizada administrativa, política y económicamente aprovechando que sus habitantes son dueños de una riqueza inmensa que allí podrían legalizar, autónomos dentro del  respeto al ordenamiento estatal y a la vez con cierta distancia de la sociedad mayoritaria que impera en Colombia.

Ello permitiría a guerrilleros (ya no se les consideraría narcos, ni violentos) ir amoldando sus vulgares costumbres y gradualmente incorporarse a una comunidad mucho más avanzada y culta, sin que se traumaticen al ver que pueden desarrollar actividades legales y vayan perdiendo esa habitualidad de agredir, extorsionar o secuestrar, se diluya el fracasado sueño comunista metido forzosamente en sus cerebros por unos pocos orates ilusos, que han evitado enfrentar a una realidad más objetiva. Así refrendarían el concepto de ser más simpáticos de lo que encubren.

Esa ciudad no estaría aislada sino protegida hacia su interior y controlada hacia el exterior por razones de mutua seguridad  y cierto recelo compartido, al contrario poco a poco se integraría al resto de poblaciones colombianas en la medida que sean los farianos y desadaptados quienes con real manifestación de buena voluntad desarrollen el intercambio industrial, comercial, cultural y turístico con el compatriota indulgente.

No es fantasioso lo expuesto, pero sí, se avizora una realidad pasmosa en el asentamiento de grupúsculos esparcidos por la geografía, bajo el esquema de zonas de reserva campesina, que inmiscuidos desordenada y autoritariamente entrarán en conflicto con el auténtico colectivo agrario, trabajador y productivo, forzado a mantener sanguijuelas y oportunistas legitimados por la firma de los acuerdos de la Habana.

A la republica de Colombia más que el orden jurídico debe importarle la realidad social del orden, para equilibrar esta terrible amenaza de someter a una gran nación a la voluntad perversa de unos pocos avaros de riqueza personal y poder, interesados solo en subyugar la soberanía a ignominiosos regímenes políticos.

Solo pensando en grande se puede proyectar otro porvenir.

  

Alfonso Suárez Arias

@SUAREZALFONSO

Aguijón social
Alfonso Suárez Arias

Alfonso Suárez Arias (Charalá, 1956). Abogado en formación (Fundación Universitaria del Área Andina en Valledupar). Suscrito a la investigación y análisis de problemas sociológicos y jurídicos. Sus escritos pretenden generar crítica y análisis en el lector sobre temas muy habituales relacionados con la dinámica social, el entendimiento del Derecho y la participación del individuo en la Política como condicionamiento para el desarrollo integral.

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