Martes, 23 de ene de 2018
Valledupar, Colombia.

Como las caricaturas y algunas de las columnas de Daniel Samper Ospina que aparecen en la revista  “Semana”, las tiras cómicas producen un efecto balsámico. Por eso, los episodios gráfico textuales de Olafo el Amargado, son para mí como esa banca sombreada  que topamos de pronto en cualquier parque  cuando el sol del mediodía aprieta.

A este Olafo, como sucede con sus congéneres, no hace falta aplicarle el bisturí tradicional. El vikingo que intuimos  o sea su aguerrido y fisgón antecesor como predican las cojeras de la historia, era un señor danés de nacimiento, fornido y barbitaheño por tradición y  supuestamente pantagruélico, que irrumpió desde las gélidas aguas septentrionales para dedicarse a surcar sin cansancio  mares entonces vírgenes. Pero sucede que esta imagen no se corresponde con las tiernas redondeces  y la  casi infantil catadura del susodicho. El Olafo que toca para mí su organillo entre la espeluznante maraña noticiosa del país, es algo así como un parce, un hermanito menor, un primo con quien alguna vez inventamos todas las ilusiones y los desencantos del decálogo.  

Unido para siempre a Helga, la también esférica matrona que entre resignada y orgullosa abrillanta los pisos de la vivienda familiar y  prepara viandas dignas de Heliogábalo,  su vientre embutido en una casaca sin  remiendos, abriga planetas de agua dulce y galaxias liliputienses. Éter para criaturas solo posibles en el laberinto de los sueños, ahí no existen los agujeros negros ni la fuerza de gravedad que a veces nos juega malas pasadas. La nariz, roja y redonda como un rábano  nuevo, recuerda la inocencia de las muñecas de trapo.

Afortunadamente me digo, los vientos del desierto nos dejaron enredada en algún recodo del camino, algo de la desprevención que nos doró la infancia. 

Por eso este vikingo nacido en todas partes y en ninguna, es un camino largo. En los dos cuernos que le revientan el casquete,  quedó encantada para siempre el asta que le falta al unicornio.

 

Gloria Cepeda Vargas 

Artículos relacionados

Sí, que la Paz sea contigo
Sí, que la Paz sea contigo
Una de las cosas más positivas de la campaña por el Plebiscito ha sido la...
Las deudas del Festival
Las deudas del Festival
No sé si el Festival de la Leyenda Vallenata tenga deudas económicas actualmente,...
“No hay quinto malo”
“No hay quinto malo”
La tradición popular se nutre de un compendio de conocimiento no bibliográfico pero...
¿Fundamentalismo?
¿Fundamentalismo?
“Nosotros éramos todos humanos, hasta que la religión nos separó, la política nos...
La sociedad de la mentira
La sociedad de la mentira
En esta reflexión acudo al título de un libro de la periodista y abogada María...
.::Fiestas del 20 de enero en Sincelejo::.
.::Había una vez en Colombia... El Carnaval de Barranquilla::.