Sábado, 21 de oct de 2017
Valledupar, Colombia.

El grupo Maná rechaza el racismo en uno de sus conciertos

En la coyuntura que está viviendo Estados Unidos en el proceso de elecciones presidenciales,  ha salido a relucir la importancia de la comunidad latina residente en el país. Sí, la importancia, aunque no parezca. Jamás en un proceso de elecciones los políticos han tomado como tema de discusión el aporte  de la comunidad asiática, europea y afro descendiente con el mismo ahínco con el que hablan de la latina en las elecciones presentes. Claro está, que dependiendo de  la visión del presidenciable y las cartas que esté dispuesto a jugar será para denigrarla o para valorarla. Pero poniendo las cosas claras, ese “para valorarla” sabemos que es un mientras tanto… 

De la comunidad latina  y en específico de la indocumentada han hecho su propaganda personajes como Clinton, Obama,  Hillary Clinton, Marco Rubio, Ted Cruz y el polémico Trump. La única mujer del grupo  mostrándose maternal y acogedora, ( y con un descaro de admirar autoproclamándose feminista)  promete la legalización de la mayoría de indocumentados si la comunidad latina la apoya con su voto. Repite puntual las palabras del ku kux klanero y fresco de  Obama que se rió de nosotros en nuestras propias narices, ¡dos veces!  En Cuanto a Ted Cruz, Marco Rubio y Trump son de un discurso recalcitrante que evidencia el pensamiento ultra conservador y xenófobo de gran parte de la sociedad estadounidense. Este último que ha barrido con la comunidad musulmana en el país. 

En lo más insignificante de un día cualquiera en cualquiera lugar de Estados Unidos los latinoamericanos experimentamos la xenofobia, en lo más simple los estadounidenses anglos  afirman que Estados Unidos es América, que más allá de sus fronteras no existe evidencia de vida humana. Para ellos somos especímenes que no hemos alcanzado el nivel de desarrollo que nos catalogue como seres humanos. Piensan que carecemos de inteligencia y raciocinio. Cuando afirmamos que también somos americanos nos piden nuestro pasaporte estadounidense. Toca explicarles con manzanas y enseñarles el mapa del continente americano, nombrar países, culturas y tradiciones. Explicarles que Estados Unidos es solo uno de los tantos países que conforman el continente. 

Si la conversación sube de tono,  toca pues hablarles de historia y nombrar a los nativos de la región que fueron asesinados en genocidios por los “peregrinos” que llegaron a invadir sus territorios y que dejaron de herencia  para la posteridad  la burla de la  celebración  del  Día de Acción de Gracias. De pronto toca  la obligación de mencionar las reservas de nativos. Deletrearles que ya existía América cuando vinieron a realizar los sangrientos genocidios para robar la tierra.  Y que si a esas vamos, “somos más americanos que el hijo de anglosajón.” Y les ponemos las canciones de Los Tigres del Norte  para que vayan aprendiendo de geografía, de ciencias sociales y de humanidades. Y que efectivamente somos americanos, se nos nota en el color de piel y en la herencia milenaria. ¿Por qué como americanos no tenemos derecho a vivir en nuestro continente? Digo, si a esas  vamos…

Y si la conversación toma vertientes políticas que cuestionan la migración indocumentada de latinoamericanos hacia Estados Unidos, toca entonces dibujarles con tiza sobre un pizarrón las fronteras que traspasó Estados Unidos invadiendo y robando tierras. Toca mencionar a la United Fruit Company de la que no tienen menor idea. Del Plan Cóndor que desconocen por completo. Toca referenciarles el trabajo de  ocupación que ejercen las embajadas estadounidenses en países en desarrollo. Sacar un mapa y señalarles esos 8 Estados que robaron a México.  Eso en un día cualquiera, en cualquier lugar de Estados Unidos. Se les habla de la migración indocumentada como consecuencia de la política exterior de su país. 

Y si hablan de refugiados europeos, pues de una vez se aprovecha y se les habla de la participación de Estados Unidos en la invasión a Libia, Irak, Palestina y Siria y las consecuencias que esto ha traído en la migración de las masas que piden refugio.  Pero es como hablar con la pared, la sociedad estadounidense está alienada, completamente sedada, el sistema se ha encargado de inyectarles sedativos constantemente a través del consumismo para que la paliza parezca una fiesta eterna  de “Spring Break.” Por lo general no comprenden o no quieren comprender lo que se les está explicando y terminan acusándonos de terroristas. Repiten lo que dicen los noticieros.  Y también hay que explicarles de las migraciones de africanos, de ese saqueo milenario de Europa y Estados Unidos, y que no existe ningún “Viejo Continente” que si a jerarquías vamos, la mamá de los pollitos es África. 

La Trumpmanía no ha hecho más que evidenciar el nivel de racismo que hay en este país, lo que realmente piensan los estadunidenses de la comunidad latina. Ese nivel de apoyo que lo eleva y le facilita el camino a la presidencia solo lo da una comunidad ignorante, xenófoba, inhumana. Una comunidad egoísta.  Una comunidad que muestra su herencia de Ku klux klan.  Una comunidad que completamente adormecida es inoperante e indolente. Para  eso es el capitalismo, para adormecer en terribles totalitarismos a la humanidad y poseerla y maniatarla y convertirla en simples marionetas, objetos manejables a control remoto. 

Es éste el momento para que la comunidad latina en Estados Unidos reaccione y se haga escuchar, que los miles de indocumentados se hagan visibles. Aprovechar estas provocaciones y demostrar su fuerza. Que cualquier día en cualquier lugar de Estados Unidos diga con entereza: De América, yo soy. Pero qué esperanzas, comenzando porque el peor opresor de un latinoamericano en Estados Unidos es un latinoamericano con documentos o un hijo de latinoamericano nacido en Estados Unidos. Para muestra Ted Cruz y Marco Rubio. Y así como ellos la mayoría. Y quien lo niegue es porque le  hacen falta arrestos. 

 

Ilka Oliva Corado

@ilkaolivacorado

Crónicas de una inquilina
Ilka Oliva Corado

Escritora y poetisa. Ilka Oliva Corado nació en Comapa, Jutiapa, Guatemala, el 8 de agosto de 1979. Hizo estudios de psicología en la Universidad de San Carlos de Guatemala, carrera interrumpida por su decisión de emigrar a Estados Unidos en 2003, travesía que realizó como indocumentada cruzando el desierto de Sonora en el estado de Arizona. Es autora de dos libros: Historia de una indocumentada travesía en el desierto Sonora-Arizona, y Post Frontera.

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