Domingo, 28 de may de 2017
Valledupar, Colombia.

Sí y No son palabras cortas pero muy fuertes, la mayoría de nuestros problemas son por decir Sí demasiado rápido y No demasiado tarde

Dentro de los mecanismos democráticos de participación del pueblo en el ejercicio de su soberanía se encuentra “El Plebiscito”, cuya característica de convocatoria presidencial a las urnas requiere del aval de todos los ministros y el previo concepto favorable del Senado, para que los ciudadanos exterioricen el apoyo o rechacen una decisión que en actuación gubernamental legitimada ha sido ya tomada con una  categórica respuesta interpretativa a marcar, Si o No.

Difiere en todo de la convocatoria que se hace por medio de “El Referendo”, el que asume una consulta en la que los ciudadanos votan para que se apruebe o rechace un proyecto de interés general,  manifestando el acuerdo en algunos puntos o no en otros.

Hoy, esa disyuntiva se presenta al pueblo como opción que pretende dar legitimidad a las decisiones ya tomadas por el grupo de negociantes de la paz desde la Habana y, que hábilmente se mostrará como la oportunidad democrática en la que el pueblo expresará su voluntad soberana, pero lo cierto es que no va a pasar de ser la perversa intención del gobernante sobre el idealismo de la ciudadanía, la misma que no llegó a comprender ni mucho menos entender cuál es la real dimensión de la pretendida participación.

Optar por marcar el No, lleva a traducir que el pueblo no da respaldo a esos soterrados acuerdos porque desestiman la seriedad y real voluntad de paz del grupo de facinerosos ahora protegidos y  convalidados como prebostes de la sociedad emergente, pero que continuarán en su trazado camino de apoderarse de la libertad del pueblo, para subyugarlo y desarrollar bajo ese régimen su pasión desenfrenada por la riqueza, el dominio y la vida privilegiada que inmerecidamente pretenden desde antaño. No, indicaría el malestar generalizado e inconformismo hacia el presidente que burló la constitución y descaradamente se registra sobre una muy desacreditada popularidad cuyas cifras estadísticas hay que recogerlas del suelo

Optar por el SI, solo da relevancia a una premisa estúpida exigente de corroborar lo que ningún poblador rechazaría y que irrespetuosamente se le presenta para hacer una diferencia que polarice a los que quieren la paz con unos fantasmas que no la desean, como si alguien no quisiera la paz real, y que mediante adulación y prebendas entrarían a formar parte de ese selecto grupo de un poco más de cuatro millones de aturdidos que legitimarían con en el SI lo que nada ha de variar en los disfrazados acuerdos.

No votar, es lo peor que puede pasar, porque simplemente indica la indolencia del pueblo y el desinterés por participar en el desarrollo político del país, lo que abre la puerta para que los peores y las minorías sigan imperando con sus corruptos métodos de gobierno, mientras el ciudadano con esa actitud símil del hipopótamo apenas resoplará cuando vea como la ignominia se apodera del país y lo consume hasta el tuétano para justificar lo que increíblemente está pasando en Colombia, la subyugación del ejército y pueblo a un grupúsculo de no más de siete mil malandros.

Solo será un pulso demagógico con visos de ser una mentira más, apuntalada en una estrategia previamente concebida en el contubernio gobierno-farc, para su beneficio, pero que peligrosamente trae otra suspicaz intención indiferente del resultado, ya convenientemente indiciada. La intencionada y preconcebida nueva asamblea constituyente.

  

Alfonso Suárez

@SUAREZALFONSO

Aguijón social
Alfonso Suárez Arias

Alfonso Suárez Arias (Charalá, 1956). Abogado en formación (Fundación Universitaria del Área Andina en Valledupar). Suscrito a la investigación y análisis de problemas sociológicos y jurídicos. Sus escritos pretenden generar crítica y análisis en el lector sobre temas muy habituales relacionados con la dinámica social, el entendimiento del Derecho y la participación del individuo en la Política como condicionamiento para el desarrollo integral.

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