Sábado, 18 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

El sancocho no podía faltar en el Plato Típico de Valledupar

No fue fácil la cosa, lo reconozco. Una victoria temprana para una administración que inicia es algo realmente espectacular. Descomunal, diría yo. ¿Qué pasaba antes por dios? ¿Por qué nos atrasamos tanto’

Alguien tenía que hacerlo y llegó. Los vallenatos estamos contentos, fervorosos, henchidos de orgullo, olvidamos el Fenómeno del Niño, los Diálogos de la Habana y su zonas de concentración, el ahorro de energía y los eternos problemas de seguridad. Solo el Festival que viene, la confirmación del presidente Santos a su inauguración, Los Zuleta, con su homenaje y la división del Grupo “Kvras” esta semana logró llamarnos a la atención.

Todo concluyó para felicidad de todos… Tenemos Plato Típico Vallenato (PTV). Adiós Besotes y sus estudios, adiós alianzas estratégicas, adiós Plan de Desarrollo, adiós demandas electorales. Chao capitán Anyelo, y sus anillos, chao Vicky Dávila, adiós feminicidios locales…

Desde mi humilde punto de vista, trataré de recordar cuantos esfuerzos de los alcaldes anteriores lucharon para lograr este triunfo, para crear el (PTV). No tengo la memoria de Carlos Cadena, ni la sabiduría de mi pariente Tomás Darío Gutiérrez, ni poseo el rigor investigativo del filósofo Simón Martínez, ni el conocimiento asombroso de los “Nuevos 7 Sabios” que opinan diariamente en la sección “Al  Ruedo” de Radio Guatapurí. ¡Cuánto quisiera! Pero no tuve el talento justo a mis pretensiones, al decir de Tavo Gutiérrez.

El primero en intentarlo fue Rodolfo Campo Soto, pero se quedó en las arepitas vallenatas y el dulce de mango de su propia finca. El patillalero, Elías Ochoa Daza, intentó, incluso construyó parrillas a orillas del rio, para el sancocho de rabo, pero el agua debía traerse del arroyo  “La Malena”, cosa que entre vallenatos machistas no gustó. Ciro Pupo acarició la idea, pero con “cristales de aguardiente” como aperitivo y jugo de piña fermentado, pero la idea quedó algo borracha.

Ava  Carvajal, estuvo de acuerdo en ciertas cosas, pero insistía en que no se cocinara con leña, sino en estufas a gasolina que daban un sabor más internacional al plato. Y nada. No cuajó la vaina, aunque en La Paz, hubo intentos. Luis Fabián propuso, pero con la condición que  la alimentación escolar llevara el menú PTV, y el contrato fuera para sus amigos, además incluir pollo manaurero, cosa que el Concejo no aprobó por falta de “aceite”. Hay que “untarle” algo para seguir la tradición, decían. Incluso Gaby Mudvi desde allá tiene la propuesta de los chicharrones. Finalmente, El Dr. Socarrás logró dos debates en la corporación, donde  incluyeran huevos amarillos cañaguateros, y plátano maduro largo, pero a solo una de sus funcionarias le sonó la idea. Y pasaron algunas cosas, pero no se logró el PTV.

Y ahora, sí. He ahí  el reto. Luego de ejercicios, viajes a Washington, Curitiva, Corea y otros lugares por parte del actual gobierno, Elida Ochoa y su banda, lograron reunir los ingredientes que convencieron a casi cinco siglos de vallenatía irresponsable, falta de calor familiar y faltas de tradición. ¡Lo Logramos! gritó la asesora al momento de firmar el jugoso contrato municipal. “Avanzar es posible”, alardeaba al salir del despacho, según grabaciones que tengo.

Concertados con la gobernación, se aprobó el plato. Me cuentan que allí, una funcionaria afrocolombiana quiso introducir la “alegría con coco y anís”, y el borojó, pero las primeras damas lo impidieron en estos tiempos de familias unidas. No estamos para ensayar, dijeron. Al final, se aprobó el PTV.

De entrada arepas de queso ( Rodolfinas) con chicharrones (Mudvianos) arroz de fideos, con carne pangá, plátano amarillo asado relleno de queso, sancocho de gallina y rabos (a la Patillal), agua de panela (ice Atanquez) y cupcakes de chilonga. Hey, si, de chilonga!

El PTV, debe tener sabor y nombres internacionales, alcalde -decía Miss Elida- no podemos tener un producto de indios o negros, sin ser racistas tenemos nuestra propia cultura, nuestra raza. Además, como el asado es con carbón y panela, la cosmogonía indica que están representados, nuestras minorías étnicas, Sr Alcalde, afirma, la asesora. La Familia Vallenata alrededor del pilón, permanecía unida, las abuelas hacían las arepas para su esposos, mientras las hijas asaban plátanos y, después de los bailes, se deleitaban con sancochos de rabo.

Además, es bueno que escuche al chef Raydi Chacín, esta hambriento de ganas, acaba de llegar de Venezuela.

El Chef, explicó su descubrimiento a los asistentes con una perorata  entre histérica e histórica: El arroz y los fideos son de origen chino, recuerden que podemos necesitarlos en tecnología, allá al fideo lo producían de mijo setario ( de ahí que las esposas llamen a sus esposos así, mijo sectario), la planta del arroz se llama Oryza Sativa, que al igual que la Cannabis sativa, es adictivo, es decir mientras la Corte Suprema autoriza consumir más marihuana, nosotros podemos autorizar más arroz en los almuerzos estudiantiles, no olvide que arroz, al revés, es zorra, lo cual indica familias unidas y no picaras. En cuanto a los plátanos son de origen asiático e indio, la carne pangá o “ropavieja”, como le dicen en Cuba, puede ayudar en temas de posconflicto, así ayudamos a nuestros ganaderos para alimentar la tribu que viene, en cuanto al mango  (mangifera indica) es de origen indio, pero África es su mayor productor. En  Cuba lo cultivan mucho, especialmente las variedades Huevos de toro y mango macho, cosa que tendrá contentos a muchos hogares, sin olvidar que a América entró por Brasil, posiblemente por Curitiva, y en cuanto al cupcakes de chilonga, es de origen mexicano, aunque algo despectivos para los nacidos en el D.F.

Chil- lan- co (Traduce tierra donde venían los colorados, en maya xilann), en honor a los viejos liberales de esta tierra. Como nosotros queremos ser metropolitanos, debemos tener términos, no tan comunes. Muffins o fairycakes.

Con esa explicación nos convencieron todos. Un venezolano logró en poco tiempo, lo que los vallenatos no lograron en 464 años, adiós al Rady Estereo, viva el Rey Chacín. Los colegios serán ejemplos de internacionalizar el PTV. Rice of noodles, fri clothes, arepas pork rind. ¡Adios al aguadepanela!

Celebremos, estamos ante las victorias tempranas de una ciudad, que tiene problemas, pero también hombres y mujeres con ganas de hacer cosas buenas. Avancemos con paz y desarrollo. Egidio, mi vecino tendero y “Meche” Monsalvo mi asesora en todo, me cuentan que al publicar la noticia, las ventas de esos productos aumentaron. Señores,  a cultivar maíz, a incentivar la porcicultura, Fedearroaz que indemnice a arroceros quebrados, que regrese el Fondo Nacional del Ganado a manos vallenatas,  cierren los apriscos, que  los cañaduzales renazcan, que los plátanos regresen y que el Sena, con el ingeniero Saavedra en la dirección, inicie cursos con abuelas cabezas de hogar a preparar chilongas. Abran convocatorias, ¡tenemos Plato Típico Vallenato! ¡Ay Ombe, juepaje!

 

Edgardo Mendoza Guerra

Tiro de chorro

Tiro de chorro
Edgardo Mendoza

Edgardo Mendoza Guerra es Guajiro-Vallenato. Locutor de radio, comunicador social y abogado. Escritor de cuentos y poesías, profesor universitario, autor del libro Crónicas Vallenatas y tiene en impresión "50 Tiros de Chorro y siguen vivos", una selección de sus columnas en distintos medios. Trata de ser buena gente. Soltero. Creador de Alejo, una caricatura que apenas nace. Optimista, sentimental, poco iglesiero. Conversador vinícola.

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