Martes, 22 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

Yohana Ramírez

Poco se sabe del tenis de mesa en Valledupar pero es en esta ciudad donde nació y reside la primera árbitro colombiana avalada con el rango más alto en la línea arbitral de la Federación Internacional de Tenis de Mesa (ITTF) con sede en Suiza.

El nombre de Yohana Ramírez Sarmiento quedó escrito desde el 2013 en la historia de este deporte a nivel nacional gracias a la distinción Blue Badge, obtenida durante el Liebherr World Table Tennis Championship, realizado en París.

El Blue Badge es el máximo grado que otorga el órgano rector del tenis de mesa a nivel mundial a sus jueces. En estos momentos solo existen dos árbitros acreditados por la ITTF en el país, ella y un juez de Medellín que recibió la distinción un año después que la vallenata Ramírez Sarmiento.

El tenis de mesa llega a su vida en los años de estudiante de secundaria en el colegio María Montessori cuando aprendió a jugar pimpón. Ese tiempo de juego en el colegio le sentó las bases para pertenecer a la selección de tenis de mesa de la Universidad del Norte donde estudió ingeniería industrial hasta el año 2006. Ese período le permitió sentir el deporte a nivel más competitivo porque tuvo participación en torneos regionales y nacionales que le hicieron conocer la movida del deporte a nivel nacional.

A su regreso de Barranquilla en el 2009 con una experiencia digna como jugadora, se percata de la ausencia de espacios en la ciudad para practicar y es cuando abre camino a la creación de la Liga de Tenis de Mesa del Cesar. Unos colegios contaban con mesas de juego y algunas personas practicaban el tenis pero nadie se había impuesto la tarea de organizarse, enviar la solicitud a Coldeportes y de meterle el pecho a la liga. Ella lo hizo, por eso fue nombrada su presidenta, cargo que ocupa hasta el día de hoy.

Así con la liga recién creada y con deseos enormes de escalar en este deporte, a finales de 2009 viaja con una comisión en representación del departamento del Cesar al Campeonato Mundial de Tenis de Mesa, categoría ‘Junior’ desarrollado en Cartagena. Fue en esa ocasión perfecta que se ‘enamoró’ del ‘juzgamiento’.

Con la determinación que la caracteriza, en el 2010 inicia el proceso para formarse como juez porque en ese momento consideró que el tiempo para desarrollarse como jugadora había pasado. Viaja a Guayaquil, Ecuador a presentar el curso de Juez Internacional de Tenis de Mesa; primer requisito para poder acceder al selecto grupo arbitral Blu Badge.

Además debió aprobar otros exámenes escritos (AUT), conseguir al menos cuatro evaluaciones personales durante el arbitraje internacional en torneos donde se valoraran las prácticas, más conocidos como Meet expectations, en mínimo dos competencias y tener un mínimo de tres evaluadores diferentes; así como certificar el dominio del idioma inglés a través de una entrevista personal.

“Ese curso lo hice en París, lo pasé y empezó todo ese proceso de hacerme Blu Badge que no es que te den el título y es tuyo por siempre sino que debes mantenerlo con unas evaluaciones cada tres años, debes tener tres evaluaciones correctas, lo cual te obliga a mantenerte, a estar actualizándote y a estar participando en estos eventos porque no en todas partes hay evaluaciones”, explica.  

En enero también obtuvo el título de Juez General Internacional, donde a pesar de no ser la primera persona de nacionalidad colombiana sí es la primera mujer en tenerlo. Su primera prueba después de recibir el grado más alto en la línea de arbitraje internacional para mantener su ‘rango’ se presentó recientemente en el Mundial de Equipos de Tenis de Mesa desarrollado en Malasia entre el 28 de febrero y el 06 de marzo.

Cuando se le indaga sobre lo que siente al lograr tanto por este deporte en representación del Cesar es breve y espontánea en expresar que “estoy en la historia de la  Federación Colombiana de Tenis de Mesa, no me pueden borrar de ahí ni por equivocación, en el tema del juzgamiento a nivel de Colombia”.

Aparte de seguir manteniéndose en la categoría de los mejores del juzgamiento del tenis de mesa, tiene una meta gigante, poder arbitrar una final de un campeonato mundial o de unos olímpicos, en los de Río de Janeiro estará representando a Colombia y a su federación, lo cual la llena de satisfacción y de esos nervios que a pesar de su experiencia no desaparecen, tendría que ser de hierro para no sentirlos en esos escenarios tan concurridos, llenos de presión y de cientos de cámaras de televisión que para ella se salen de las cosas normales del oficio de arbitrar.

“Se maneja mucha presión porque no solo estás arbitrando, también sabes que te están evaluando. Un jugador se puede equivocar todas las veces que quiera, obviamente pierde el partido pero un árbitro no puede permitirse equivocaciones, si acaso se puede equivocar una vez en un campeonato. Aplicar una regla que de manera equivoca, eso es completamente grave”. Y es por ello que su labor como juez internacional cobra mucho más valor.

 

Yoanna a pesar de ser soñadora y risueña como toda joven de su edad, asume una portentosa seriedad al hablar de su gran pasión y de sus responsabilidades frente a la administración de la Liga de Tenis del Cesar, ente desde donde ha realizado junto a sus colaboradores nueve ‘Abiertos de Tenis’ en Valledupar, evento que ha recibido a más de 100 deportistas de diferentes ciudades del país en cada una de sus versiones.

Para junio de 2016 aspira que la remodelación del coliseo cubierto ‘Julio Monsalvo Castilla’ esté lista para realizar la décima versión de este encuentro deportivo, ya que es uno de los pocos espacios que la ciudad ofrece a los seguidores del tenis de mesa en el Cesar, que se acercan a 100 solo en Valledupar. La carencia de escenarios aptos para la práctica del deporte es una preocupación constante para ella como dirigente y deportista; es por ello que cada vez que tiene oportunidad lo expresa a las autoridades competentes.

De la misma manera, no duda en expresar su opinión sobre el nivel del deporte en el país y en el Cesar, considera que existe la necesidad de intensificar la práctica, de habilitar escenarios de dominio público, la disponibilidad de recurso humano que pueda dirigir los entrenamientos y la implementación adecuada para que el deporte pueda masificarse como en países del continente asiático donde existe una cultura deportiva muy dinámica.

Finaliza la charla contando algunas anécdotas de sus viajes a Francia, Estados Unidos, Malasia, Japón y otros países donde este deporte la ha llevado y remata: “es una satisfacción muy personal que de pronto la gente no entiende porque lo que hago no es algo que todo el mundo quiere hacer pero es algo mío, es algo que me gusta, que quiero alcanzar y que he podido hacer”.

 

Samny Sarabia 

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