Lunes, 21 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

Justo cuando la luz asume su pleno dominio y desplaza las tinieblas de la noche, aparece Leslie en la orilla de la carretera. Llega subida en una moto, sosteniendo unas canastas en las que vienen empacados en vasijas de diversos tamaños fracciones de la esencia identitaria de Monguí, el pueblo que la vio nacer, crecer y convertirse en una heredera del legado propagador de una usanza ancestral.

Con una habilidad extraordinaria, ordena las vasijas por sabores y tamaños sobre una mesita artesanal, construida en sobre barrotes de madera decorados con punticos y espirales negros y blancos y techo de palma, y se dispone a esperar a su primer cliente, que no tarda en pasar. Es un viajero que regresa de Riohacha y tiene como destino la ciudad de Valledupar. Siete dulces de Leche, dos de Grosella y otro más de mango.

Es una excelente apertura para la jornada que dura hasta doce horas, pero que transcurre tan activa que no le da tiempo de sentir el paso de las horas, ya que esa vía (Riohacha – Valledupar) es muy transitada. Además, es una labor que realiza con gusto y agradecimiento porque ha sido el medio de subsistencia de su familia, el arte transmitido a través de las generaciones. “Mi abuela hacía panelitas”, cuenta y añade que “mamá quedó sin trabajo y se puso a vender dulces; mi tía también los hace”.

De las panelitas de la abuela fueron evolucionando hasta tener hoy un stock que incluye Dulce de Leche, que es el tradicional de Monguí; Leche con coco; Locura, que mezcla piña, papaya y coco; Mango. Ahuyama, Maíz, Hicaco, Grosella, Maduro, Corozo, Leche cortada y, por supuesto, las panelitas de la abuela. “El tradicional de aquí es el dulce de leche; el resto se han ido probando y añadiendo a la costumbre”, dice Leslie Katherine Alvarado Morales, quien alterna su oficio de endulzar las tradiciones con sus estudios de enfermería.

Mientras Leslie se ocupa de la venta de los dulces en la carretera, allá en su casa no se detiene el proceso de preparación de los productos que venderá al día siguiente.“Empiezan desde las cuatro de la mañana  y terminan como a la una de la tarde de hacer los dulces. Los trabajadores son los encargados de menear los dulces. Son más de diez personas echando panelitas, meneando los dulces, empacándolos”. No obstante, el proceso comienza mucho antes, en las fincas de las que extraen la materia prima, como la leche, las papayas, el ñame, las grosellas y demás productos, que se completan con algunos elementos de supermercado como el azúcar y el coco.

Leslie es una mujer de sonrisa amable que se declara feliz con lo que hace, pues sabe que con ello le está prestando un servicio a la sociedad, está endulzando la vida a los viajeros y está salvaguardando la tradición de su pueblo; por eso aunque el trabajo sea pesado y sus fuerzas se agoten, ella continúa atendiendo amable, sonriendo. “La calidad de los dulces y la buena atención de ella han hecho que sea el puesto que más vende en la carretera. Ella siempre vende todos los dulces que trae, por eso tú encuentras siempre frescos”, precisa un viajero que se ha convertido en uno de sus fieles clientes.

Monguí es uno de los corregimientos de Riohacha, en La Guajira, ubicado a unos 45 minutos de esta ciudad, conocido como ‘La tierra del dulce de leche’, donde desde tiempos remotos se comenzó la tradición de preparar artesanalmente el dulce de leche, aprovechando la abundancia de la materia prime que las fincas ganaderas ponían a disposición de quienes quien deseare internarse en el negocio de sus derivados, que poco a poco fueron convirtiéndose en negocios familiares y vendiéndose en lugares cada vez más distantes. Y el dulce de leche se convirtió en tradición y mereció un espacio dentro de las manifestaciones culturales del pueblo, de modo que se institucionalizó el festival del dulce de leche, en el que además de rendir honores a este producto, en diversas variedades, se hacía un reinado que le daba un valor agregado a la integración de los pueblos.

Para esta época, Semana Santa, y Diciembre, la producción debe elevarse, dado que aumentan los viajeros y amantes del dulce por la carretera: no obstante, esa producción, así como la economía de los habitantes de Monguí,  que se deriva del negocio del dulce, se han visto afectados por la realidad de la sequía, que ha mermado la producción lechera. “Casi no se consigue la leche y las cosas están muy caras”, expresa Leslie, quien mantiene la esperanza de que sólo se trate de dificultades momentáneas. Mientras tanto, ella seguirá sonriendo doce horas en el mismo lugar, endulzando la tradición a la vera del camino.

 

María Ruth Mosquera

@Sherowiya

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