Miércoles, 29 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

El Frente Nacional / Foto: El Espectador

El saco que le había prestado Ricardo Díaz, empezó a empaparse con la llovizna que caía sobre Bogotá en esa tarde-noche. Días antes y en su condición de Director de Radio Sucesos Rcn de Barranquilla, había llegado a Bogotá para asistir a una reunión convocada por la cadena y a la cual asistían los directores regionales de noticias.

De modo sagaz se aprovechó la convocatoria, para que los responsables de la información en las diferentes capitales del país pudieran demostrar sus condiciones de reporteros de a pie, haciéndole un seguimiento en vivo y en directo a la convención del partido liberal, programada para discutir la posición de este, frente a las elecciones presidenciales de 1974.

El lugar acordado para el encuentro liberal, no podía ser otro que el viejo capitolio nacional. Sus grandes salones llenos de la vieja historia de la nación, dieron albergue a los más de doscientos cincuenta delegados de todo el país.

La convención en su etapa inicial de ese 9 de junio de 1973, se había desarrollado en medio de grandes enfrentamientos entre las facciones que pretendían sellar un acuerdo para afrontar las elecciones presidenciales de 1974.

Las grandes cadenas radiales, seguían en vivo las incidencias del encuentro político, donde los periodistas se disputaban los micrófonos para transmitir a la audiencia el desarrollo de las discusiones. Era ese el escenario en el cual le correspondió actuar como responsable de la información de RCN para Barranquilla.

Los bandos irreconciliables de lopistas y lleristas y los integrantes de la neutralidad de los turbayistas, se confundían en el salón elíptico. Entretanto, el Director del Partido Liberal, Carlos Lleras Restrepo y los presidentes de la Convención Alfonso López Michelsen y Darío Echandía junto con algunos delegados de Turbay Ayala, se reunían para revisar la propuesta central de Lleras Restrepo: una candidatura de consenso entre los liberales y el partido conservador con vista a las elecciones presidenciales de 1974 prolongando el frente nacional, la cual tenía como aditamento principal la postulación del mismo Lleras Restrepo a esa candidatura bipartidista.

López Michelsen, por el contrario y fiel a su pensamiento, sostenía que había llegado la hora de dar por terminada la experiencia del frente nacional en Colombia, pues los conservadores, liderados por Álvaro Gómez Hurtado, ya se habían lanzado a la conquista de la presidencia al fenecer los dieciséis años de convivencia entre los partidos más tradicionales de Colombia.

La terquedad de Lleras en su posición del continuismo de la alternación en el poder y la insistencia de López Michelsen en abordar sin más compromisos la terminación del bipartidismo en el mando político de la Nación y las incesantes discusiones de los convencionistas, habían tenido al borde del infarto al expresidente Darío Echandía, quien, pasadas las doce meridiano de ese día de junio, se desmadejó inesperadamente y debió ser conducido a la enfermería del capitolio, para ser atendido de emergencia.

El director general de noticias de RCN, Fabio Rincón le ordenó seguir al reportero el detalle lo que pasara con el ex-presidente Echandía. Fue su primer encuentro con una personalidad tan importante del partido liberal.

El periodista, bajó tras los enfermeros que llevaban en andas al dirigente a quien se le notó un enorme desaliento, inesperado para quien hasta pocos momentos orientaba la gran reunión partidista.

Como pudo, manipuló la Panasonic monstruosa que entonces manejaba, y lanzó la pregunta al hombrecillo que yacía débilmente aferrado a la camilla en donde era atendido:

—”¿Qué opina de esta situación del partido liberal?”

Con dificultad, el otrora recio tolimense apenas balbució ante la grabadora del atrevido periodista que le había seguido hasta la camilla del dispensario:

—“Opino que el partido liberal va a acabar conmigo”.

No dijo más y se silenció a la espera de que los médicos le recuperaran de su mal momento.

A partir de allí, todo se precipitó en el salón elíptico y en medio del desorden imperante alguien propuso a la asamblea que se pospusiera el logro de un acuerdo para encontrar una salida a la situación para los días finales de junio.

Con la actitud del náufrago que se aferra a la soga salvadora, los convencionistas a pupitrazo limpio votaron por el sí que aplazaba la refriega.

No se quería desairar la voluntad de López Michelsen en su tesis de la terminación del frente nacional. Tampoco los asambleístas querían desechar las ideas de Carlos Lleras que habían trazado un comportamiento irreprochable del estado liberal en el periodo 1966 – 1970 no solo internamente sino frente a los dictados externos de la economía que quiso imponer el Fondo Monetario Internacional en su momento.

Más que nada, en la trastienda, había temor por revivir fantasmas del pasado, frente a la relativa tranquilidad política vivida en los dieciséis años de alternación en el poder.

El semblante de Lleras mostraba cierta amargura por no haber logrado de primera mano, la decisión mayoritaria del partido lo cual le ponía en igualdad de condiciones frente al díscolo hijo de López Pumarejo, quien desde su regreso del cómodo exilio mejicano se había dedicado a descuadernar el ideario liberal y de paso colocar un enorme obstáculo a los avances del ex presidente.

Todo esto, a pesar de la paz vivida entre ambos cuando López se desempeñó como Gobernador del Cesar y como Ministro de Relaciones Exteriores durante el cuatrienio de Lleras Restrepo.

Cuando se aprobó el aplazamiento de la convención, de inmediato, los mosqueteros de Carlos Lleras con los hermanos Espinoza Valderrama al frente, presumiendo una agresión al expresidente por parte de sus opositores, le rodearon para acompañarle hasta su vehículo que lo esperaba al frente de la catedral.

El olfato del periodista olió una buena noticia y corrió fuera tras la columna de los lleristas para registrar lo que ocurriera. Era el segundo ex presidente liberal al que le haría “seguimiento” en ese día.

Los lopistas, acalorados por las discusiones y la sangre caliente de algunos convencionistas, intentaron efectivamente atacar al escuadrón llerista a punta de sombrerazos y estos, armaron la defensa con sus paraguas.

El lío no pasó a mayores y salvo la indignación general por lo ocurrido, el episodio se registró en los diarios liberales como una falta de respeto al ex presidente.

Como cualquier detective de serie negra, el sabueso tomó un taxi y le ordenó no perder de vista el vetusto carro del ex presidente, para dar cumplimiento al pálpito anterior.

El viaje fue corto y en pocos minutos arribaron al domicilio del doctor Lleras. En forma apresurada intentó con resultados negativos, entrevistar al agraviado quien aun, visiblemente consternado por el episodio de la plaza de Bolívar, entró al caserón sin chistar palabra.

Allí, bajo el alar de la casa y esquivando las gotas de ese atardecer lluvioso, esperó unas horas en solitario a la caza de la noticia. Sobre las siete de la noche, tal vez unos minutos más, se abrió la alta puerta y observó al doctor Lleras Restrepo en compañía de doña Cecilia.

Se sorprendió con la solitaria presencia y en premio a la tozudez y al notar el temblor en la voz y en el cuerpo, más por tener en frente a semejante historia viva de Colombia, que por lo empapado que estaba, le soltó “la chiva” apetecida:

— “Voy a una finca en la Sabana para meditar y para preparar lo de la continuación de la convención”.

Nada más. Pero la vieja Panasonic volvió a funcionar y gravó la corta entrevista.

Apresuradamente, se dirigió a la sede de RCN a un costado del parque Nacional y soltó la lacónica declaración. Algo en los ojos de Fabio Rincón le transmitió que a pesar de la parquedad de la intervención de Lleras Restrepo, había logrado por lo menos sacarle dos palabras al recio capitán liberal y en algo se había justificado el cubrimiento general de la convención por parte de los directores regionales de los medios de RCN.

Esto se confirmó cuando el director general le tuvo en cuenta para la segunda parte de la convención liberal y para la gran asamblea de los conservadores quince días más tarde en la fría Bogotá.

El día señalado, 30 de junio de 1973, las huestes liberales se volvieron a encontrar para definir el pleito pendiente: continuidad de la alternación de los partidos en la presidencia de Colombia lo que llevaba implícita la candidatura de Carlos Lleras Restrepo por el liberalismo y una fracción del partido conservador o la terminación de la alternación y la futura elección de Alfonso López Michelsen como candidato por el partido liberal.

Un ingrediente externo pero cercano a la decisión que se adoptara, lo constituía la campaña que Álvaro Gómez Hurtado estaba realizando con algunas bases del partido conservador y que se inclinaban por una candidatura propia de ese partido a la presidencia, en cabeza de él mismo, rechazando la oferta de Lleras Restrepo sobre una nueva coalición bipartidista.

En el fondo, la posición de Gómez Hurtado era muy semejante a la de López Michelsen: la despedida al frente nacional y el regreso a la puja partidista.

La convención liberal de nuevo bajo la presidencia de Darío Echandía, empezó a sesionar a las once y cuarenta del día y de inmediato se dividió en tres bandos: los adeptos a Lleras Restrepo, los lopistas y la de los turbayistas que oficiaban aparentemente como neutrales.

Estos últimos parecían acatar las instrucciones que Julio Cesar Turbay Ayala quien desde la embajada de Colombia en Londres enviaba mensajes a sus adeptos mientras la asamblea roja deliberaba: neutralidad a la espera del desarrollo de los hechos.

La división del partido se palpaba en el ambiente. Las pretensiones de Lleras y de López se tornaban cada vez más antagónicas. Los turbayistas a la espera de las órdenes de Londres. López abrió la discusión con su célebre frase:

—“He leído recientemente un artículo en el cual se dice que los cóndores en Colombia son una especie en vías de extinción. Yo también me siento una especie en vías de extinción: un liberal de tiempo completo”.

Sabia manera de decir que no aceptaba la compañía de otros partidos para llegar al poder.

Sin llegar a un acuerdo, sobre las tres de tarde, las deliberaciones se suspendieron para dar paso a un almuerzo que algunos tomaron como conciliador y otros como estratégico, pero el rumbo de los comensales mostró otra tendencia.

Lleras Restrepo y sus amigos más cercanos se dirigieron al Club de Abogados, López se dirigió a su casa con sus correligionarios de confianza. La conciliación nada que se abrió camino y el almuerzo se prolongó más de lo usual.

Uno y otro bando se radicalizaron en sus concepciones de como asumir la contienda electoral de 1974. Cerca de las siete de la noche de ese 30 de junio de 1973, el ex presidente Darío Echandía reanudó las interrumpidas deliberaciones.

Sustentó Lleras Restrepo sus tesis de la conveniencia de una nueva coalición con un ala de los conservadores, mientras algunos opositores le reprochaban con insolencia esa posición.

El ex presidente trató de no alterarse ante las interrupciones altisonantes de sus adversarios, pero su discurso poco a poco fue cobrando el tono de quien responde a agravios antes que a moderadas inquietudes y en un inesperado giro propuso que el pleito se dirimiera de inmediato, mediante votación de los asistentes para elegir al candidato presidencial.

En medio de la presión de los lopistas, Lleras Restrepo expresó:

— “¿No será mejor que este frenesí se calme…? Pienso con angustia en el futuro del partido y por culpa mía no se va a despedazar… por eso solicito que se vote ahora y esta misma noche el nombre del candidato liberal a la presidencia de la República”.

Era algo imprevisto pues los reglamentos establecían esa elección para finales de ese año. El fraccionamiento del partido liberal y el temor de salir divididos de la convención ante un partido conservador que se encontraba en plena campaña tras las banderas de Gómez Hurtado, forzaron esta salida que de inmediato los convencionistas acogieron sin mayores discusiones.

Se acordó un receso para organizar la votación y presumiblemente las estrategias a seguir. Los lleristas se reunieron en la Comisión Tercera del Senado, los lopistas en la Comisión Tercera de la Cámara y los turbayistas (neutrales) en el Salón Boyacá.

Desde Londres, Turbay Ayala dejó a sus seguidores en libertad de votar por el candidato del partido liberal a las elecciones de 1974, pero condicionó tal postura, a que antes de pasar a la elección del candidato, él fuera designado como jefe único de la colectividad roja.

Las crónicas dan cuenta que ni Lleras ni López se opusieron a la exigencia de Turbay y a las once y cuarenta y cinco de ese 30 de junio de 1973, Julio Cesar Turbay Ayala fue proclamado por unanimidad como Jefe Único del Partido Liberal.

La votación para elegir candidato liberal se abrió a las doce de la noche. La asamblea había aprobado la proposición de Augusto Espinosa Valderrama en el sentido de que la votación fuera nominal y así se procedió por parte de los convencionistas, produciéndose algunas sorpresas al anunciar el voto algunos de los participantes y en otros, se guardó el protocolario respeto.

El primer turno para votar correspondió al ex presidente Echandía, quien como se esperaba, se inclinó por Lleras Restrepo. Luego votó Lleras, quien escogió a Darío Echandía. En tercer lugar, el sufragio le correspondió a López, quien en forma retadora y como modo de acicatear a sus simpatizantes, voto por Lleras Restrepo.

En adelante, la superioridad de López sobre Lleras Restrepo empezó a marcarse con el apoyo del 60% de los turbayistas. Al final, la votación arrojó un resultado netamente favorable al ex canciller con 162 votos, Lleras con 88 y Darío Echandía con 2 votos.

RCN transmitió en directo todas las incidencias de la convención y cuando se producía la parte decisiva de la votación se le ocurrió al Director de Radiosucesos RCN- Barranquilla, una frase que dio mayor seguimiento a la misma:

—”Faltan tantos votos para la designación de López Michelsen como candidato liberal a la Presidencia de la República 1974-1978”.

La idea, permitió que le correspondiera vocear la postulación en el momento preciso en el cual este obtuvo los 127 votos dos para alcanzar la distinción. Cuando se logró este tope, la algarabía en el recinto del Congreso fue inmensa al punto de merecer una llamada al orden del Presidente Echandía.

El doctor Lleras Restrepo manifestó que acataba la decisión de sus copartidarios e invitó a que todos los liberales lo hicieran guardando la unidad del partido.

Como periodistas, se dio continuidad a la transmisión por RCN desde donde se logró entrevistar a quien había jugado un papel preponderante en el evento político: al Embajador de Colombia en Londres, Julio César Turbay Ayala, quien con su voz nasal anunció la renuncia al alto cargo, su regreso al país y la asunción como Jefe Único del Partido Liberal para liderar las elecciones presidenciales del año 74.

Eran las dos de madrugada en Bogotá y la lluvia volvió a dejarse sentir…

En Marzo del 74, López Michelsen fue elegido Presidente de Colombia con tres millones de votos derrotando al candidato conservador Álvaro Gómez Hurtado y a la candidata de la Anapo María Eugenia Rojas.

Los tres delfines habían dirimido su pleito generacional. Se había dado fin al Frente Nacional en el país.

 

José Joaquín Rincón Cháves

Ex Director Radio Sucesos RCN Barranquilla 1973-1974

 

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