Sábado, 24 de feb de 2018
Valledupar, Colombia.

Marcos Ana durante una manifestación en España

La frase de la poeta Mar Martínez [1] que cierra la edición 2016 de la revista electrónica Tiempo de Poesía -que verá la luz el próximo 23 de abril, gracias a la colaboración y el apoyo de PanoramaCultural.com.co- afirma: "Poesía no solamente es crear poemas, es defender la Palabra que lo sostiene".

Entre los escritores que han hecho de su vida y su obra un ejemplo de defensa de las palabras recogidas en su obras; un ejemplo de coherencia, destaca el poeta español de 96 años, Fernando Macarro Castillo, conocido como Marcos Ana; seudónimo formado mediante la unión del nombre de sus padres.  

Nació en enero de 1920 en un pueblo de Salamanca (España).  Finalizada la guerra civil española, cuyo comienzo en 1936 lo señaló el golpe de estado del General Franco, fue detenido junto a millares de demócratas y luchadores por la libertad de su país, ingresado en prisión en 1939, y condenado a muerte, aunque su pena sería conmutada por “cadena perpetua”.  Como dice en su poema titulado Autobiografía:

Mi pecado es terrible:

quise llenar de estrellas

el corazón del hombre.

Fue el preso político que pasó más tiempo en las cárceles de la dictadura franquista: 23 años; donde sufrió hambre, torturas, períodos de aislamiento de varios meses, hacinamiento, y un largo a la vez que terrible etcétera. Todas las noches era testigo de las conocidas como “sacas” -separación de presos para ser fusilados- y escuchaba las detonaciones al amanecer.

Jamás olvidaré aquellas madrugadas,

los últimos abrazos...

Hijo de trabajadores agrícolas, dejó la escuela a los 13 años. Su afición a la lectura se inició en la cárcel con libros de clásicos de la literatura española - Quevedo, Lope de Vega, Calderón- permitidos por el régimen y que circulaban en la prisión. A pesar de no estar autorizada su lectura, tuvo acceso al Quijote y obras introducidas clandestinamente de Rafael Alberti, Miguel Hernández o Federico García Lorca.

En Marcos Ana, la literatura en general y la poesía en particular, tanto propia como ajena, se convierten en medio de resistencia, no sólo para mantener la identidad y la coherencia mental y supervivencia intelectual, sino también la memoria histórica. Como dice el poeta chileno Juan Gelman - frase que cierra la edición 2015 de Tiempo de Poesía-: ésta es resistencia contra el mundo sombrío. ¿Qué mundo más sombrío que el de una cárcel? ¿Qué mayor forma de resistencia para aquel preso político?

En prisión, coincidió con escritores como Buero Vallejo o con Miguel Hernández. En sus memorias, prologadas por el Nobel José Saramago y tituladas "Decidme como es un árbol" –verso tomado del poema, “¿La Vida?”, que incluimos en esta edición de "Tiempo de Poesía"- afirma:Convertimos las cárceles en universidades. Éramos un estado dentro del Estado…”. Por este carácter de resistencia, su obra ha sido calificada como poesía de trinchera. El Catedrático de Literatura Española Contemporánea, Manuel Aznar Soler (Marcos Ana, un poeta en el penal de Burgos) señala: su poesía es "grito y denuncia, poemas arrancados del alma, versos no sólo de pena y dolor, de angustia y sufrimiento, sino también y ante todo de ansia de luz y vida, de paz y libertad, de lucha y esperanza". 

Fue liberado en 1962, gracias a una campaña internacional de prensa surgida a raíz de la publicación de sus poemas fuera de España y promovida por la recién fundada Amnistía Internacional, junto a personalidades como Pablo Neruda. Marchó al exilio en Francia, donde -gracias al apoyo de personalidades del mundo de la cultura francesa y españoles exiliados, creó y dirigió el Centro de Información y Solidaridad con España (CISE) con Picasso de presidente de honor.

Recorrió Europa y Sudamérica pronunciando conferencias y organizando campañas de solidaridad con los exiliados y opositores al franquismo. Este centro, que mantuvo su actividad hasta el final de la dictadura, organizó la defensa de los derechos humanos, así como la ayuda moral y material a todas las víctimas de la represión política. Por dicha actividad, unida a su trabajo poético, fue calificado como el "trovador de los represaliados". El poema "Hablaré por vosotros", es un buen ejemplo de ello:

Hablaré por vosotros.

Reconstruiré la voz de vuestros labios,

su semilla final, la de aquel grito

constelado de estrellas y balazos.

A pesar de aquel terrible pasado, Marcos Ana siempre ha mostrado un espíritu de reconciliación, que nos recuerda a otro luchador de la libertad encarcelado también durante largos años como fue Nelson Mandela. Así lo demuestran sus palabras pronunciadas en el “Mahatma Gandhi Hall” de Londres, en junio de 1962, al poco tiempo de ser liberado: "La única venganza a la que yo aspiro es a ver triunfantes los nobles ideales de libertad y justicia social, por los que hemos luchado y por los que millares de demócratas españoles perdieron la libertad o su vida".

Como señala el título del presente artículo, es Marcos Ana un ejemplo de coherencia entre palabra poética y actitud vital. Su obra es un ejemplo de resistencia, al igual que su actividad pública Es habitual verle -pese a su avanzada edad- por las calles de Madrid en manifestaciones reivindicativas de la libertad y la justicia social, por cuya lucha fue encarcelado y por la que escribió sus poemas.

 

Dr. Antonio Ureña García


[1]    Como editor de Tiempo de Poesía, quiero agradecer públicamente a Mar Martínez, el acercamiento a la obra y a la personalidad de Marcos Ana, así como en general su apoyo para la génesis de esta publicación, que sin su complicidad, no hubiera sido posible.

 

Contrapunteo cultural
Antonio Ureña García

Antonio Ureña García (Madrid, España). Doctor (PHD) en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como Investigador en Ciencias Sociales es especialista en Latinoamérica, región donde ha realizado diversos trabajos de investigación así como actividades de Cooperación para el Desarrollo, siendo distinguido por este motivo con la Orden General José Antonio Páez en su Primera Categoría (Venezuela). En su columna “Contrapunteo Cultural” persigue hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad latinoamericanas desde una perspectiva antropológica.

[Leer columna]

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