Sábado, 29 de abr de 2017
Valledupar, Colombia.

Ni el pico y placa en las mañanas y en las noches, ni el día sin carro, ni la campaña de solo bicicleta o rutas verdes van a limpiar el aire ya contaminado por los cientos de miles de carros en las atestadas calles de cualquier ciudad del país.

La medida del pico y placo solo hace que el señor o la señora madruguen más para el trabajo y salga más temprano, que dejar de utilizar el carro como medida ambiental. La solución no son los días sin carro, ni restricción a las motos de dos tiempos, que hace muchos años deberían estar por fuera de las calles, pero hoy siguen rodando.

Todas las ciudades del país padecen el problema de movilidad, unas en mayor riesgo de caos vehicular que otras, es cierto, pero en esencia todas se ven afectadas por un problema resumible: muchos carros en las mismas vías de hace veinte años. Hasta la fecha ningún gobernante ha dicho que se debe parar la venta de carros, por parte de los concesionarios, que deben salir de las calles todos los carros de más de veinte cinco años de servicio, por haber cumplido su vida útil y que son altamente contaminantes, y se han convertido en una pelota caliente, pues con la ley de chatarrización propuesta por el ex senador Juan Lozano se debería haber resuelto este problema, pero hoy, diez años después, vemos que el tema de chatarrizar se quedó en el papel y el problema se agudizó aún más.

Un problema gigante:

Decirle al sector automotriz que deje de vender carros, que al ritmo que vamos, todos vamos a terminar asfixiados, como de hecho lo estamos hoy, es meter el dedo en la llaga a los intereses de las grandes multinacionales como Honda, Toyota, Volkswagen, Nissan, Ford, Renault, Chevrolet, Mercedes Benz, Kia motor etc.

Cerrar estas empresas generaría una debacle laboral de grandes proporciones, pues son un rublo muy importante en PIB del país, pero la pregunta es ¿a qué costo ambiental? ¿El pico y placa es solo una medida administrativa y coercitiva que sanciona a los supuestos infractores y que de paso les genera grandes recursos económicos a las secretarias de Tránsito?

Si el lector se diera a la tarea de averiguar cuantos carros nuevos fueron matriculados en su ciudad, entendería la magnitud del caos vehicular que tiene su región, y se sorprendería aún más, saber que hay más carros viejos que ya cumplieron su ciclo de vida útil, pero que siguen pagando impuestos y siguen rodando por las calles, que ese impuesto de vehículo es una renta de billones de pesos que no puede perder ningún departamento y que al sacar todos esos carros viejos de circulación se mermaría drásticamente los ingresos por concepto de impuesto vehicular.

En definitiva el tema del pico y placa es solo la punta de la lanza, un agujero negro del que ningún gobernante quiere saber y hacerle frente, porque se le viene encima todo el sector productivo, y pone en alto riesgo la menguada estabilidad económica del país. Pero la verdad es apabullante y le quita el sueño a cualquier ministro de transporte.

Toda medida que se tome en cualquier ciudad de Colombia en tema de movilidad, siempre será anti natural, fuera de contexto, paliativos a un cáncer que cada vez es más grande y del que nadie quiere sanar porque aquí si cabe el dicho popular que reza “sale más caro el remedio que la enfermedad”

Hoy comprar un carro es tan fácil como ir a la tienda y hacer mercado, atrás quedó la larga lista de requisitos para poder obtener un crédito y comprar el carrito que tanto había soñado para salir con familia. Hoy sólo es necesario que demuestre que tienen un contrato a término indefinido en una empresa, que gane tres salarios mínimos y listo, tienen carro.

La medida del pico y placa no es una medida de choque que solucione el caos vehicular de ninguna ciudad y mejore la calidad del aire donde se aplica esta restricción. La solución es de fondo y estructural y tienen que ver con la economía del país, y ese costo político y económico no está dispuesta a pagar ningún presidente o gobernador de turno, la mera idea de parar la importación de automóviles les quita el sueño.

Si a este mal le sumamos el gran negocio de los Centros de Diagnóstico Automotriz  CDA que no se ponen de acuerdo en los parámetros y lineamientos para hacer la revisión y emitir el juicio de valor de cuando un vehículo cumple o no cumple con la medida regulatoria para poder rodar por las calles y pasar a ser una requisito obligatorio, donde otra vez aparecen las secretarias de movilidad, lucrándose con la sanción a los conductores de no tener o portar la revisión técnico mecánica, y de nuevo surge la pregunta de la discordia ¿Por qué la medida solo aplica a unos y a otros no? Cuando en las carreteras se ven las estelas de humo negro como si viniera una locomotora hace cincuenta años y la policía de carreteras y los guardas de tránsito no dicen nada a sabiendas de que el ACPM en nuestro país es de baja calidad y altamente contaminante, ahí es donde está la contradicción en la medida del pico y placa, porque todo el parte automotor de servicio público y de carga tienen motores diésel.

La realidad es desastrosa:

No existe una medida urgente que ayude a disminuir los índices de contaminación ambiental y el caos vehicular, si cada año las cifras de venta de carros van en aumento y ni hablar de las motos que daría para dos o tres artículos más.

Más carros, más contaminación; más días sin carro y pico y placa, menos compromiso ciudadano; más impuestos y menos inversión para la prevención vial; un carro más matriculado, es menos espacio en la calle.

El pico y placa es apenas la cresta del problema, cuando por debajo de la mesa se cocinan los intereses de unos pocos, pero el mal causado es para todos, ahí es donde está el verdadero problema.

 

Eber Patiño Ruiz

Hablemos de…
Eber Patiño Ruiz

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

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