Martes, 23 de ene de 2018
Valledupar, Colombia.

El 23 de abril de 2016 se celebra el 400 aniversario de la muerte del escritor Miguel de Cervantes. Su prolija obra abarca todos los géneros: poesía, teatro y, por su puesto novela. De hecho, se puede afirmar que este último género es creación del autor.  Así, multitud de críticos señalan al Quijote como el origen de la novela moderna, pues en ella aparecen recogidas las claves narrativas desarrolladas más tarde.

Una de las principales novedades del libro más traducido y del que -junto con la Biblia- se han hecho más ediciones, es presentar una estructura narrativa cerrada. No es la obra una sucesión de episodios o aventuras que viven los protagonistas y se podría ampliar o variar en su orden sin alterar el conjunto, de manera similar a un “Libro de Caballerías”.

Si la primera parte es aún deudora de éste género, la segunda reduce el número de episodios o historias intercaladas, a la vez que todas y cada una de ellas se implican en mayor medida en la trama principal, para converger en un desenlace que cierra  el conjunto.

El Quijote es una novela intertextual porque incluye referencias a otros géneros integrados todos en un universo narrativo realista. Esta es otra de las diferencias fundamentales con los libros de caballerías, de los cuales constituye una feroz crítica. El universo fantástico en el que vive el personaje de Don Quijote como referencia crítica tanto al género de caballerías como a su época, choca con el tomo realista del narrador y el resto de personajes; siendo esta complejidad de los personajes otro de sus valores literarios.

En las obras anteriores, aquellos aparecen construidos en su totalidad desde el comienzo. Las aventuras cambian la vida del protagonista, pero no lo cambian por dentro. En la novela moderna los personajes son redondos; es decir, complejos y cambiantes y al igual que en El Quijote, se van haciendo durante la novela. Los acontecimientos modifican su personalidad.

Otro carácter totalmente novedoso de esta obra, cuya primera parte fue publicada en 1605 y la segunda en 1615, es la metaficción. En ella se habla de la literatura desde la literatura. Los personajes de la segunda parte de El Quijote han leído las aventuras narradas en la primera. Aprovechando el éxito de esta parte, un tal Avellaneda publica en 1614 una segunda. Cervantes, no tarda en publicar la suya y desacreditar la de Avellaneda desde la propia de la novela.

Podríamos seguir reflexionando sobre los múltiples valores literarios de El Quijote, pero abordaremos otra dimensión desde la cual esta obra se presenta como un texto fundamental. Nos referimos a los valores socio-históricos.

Si las novelas de caballerías hacen referencia a un tiempo oscuro y no delimitado, la obra de Cervantes se centra en una fecha; a un momento histórico concreto: sustancialmente la segunda mitad del reinado de Felipe II.

En nuestro artículo sobre el “12 de Octubre”, publicado por PanoramaCultural.com.co, hablábamos de la situación económica del “poderoso” Imperio español  y sus continuas bancarrotas. 1557 1577, 1597 con Felipe II, consecuencias directas de la aventura imperial española. Como mencionábamos en el citado artículo, para que la Corona Imperial viniera a España fue necesaria su compra por 850.000 florines de oro; una suma desorbitada para la época. Felipe III, tendrá su bancarrota en 1607. El récord será batido por el siguiente monarca, Felipe IV, con sus bancarrotas en 1627, 1647, 1652 y 1662.

Cervantes elige un personaje aparentemente “loco” para expresar abiertamente su juicio sobre la realidad española de final del siglo XVI e inicio del XVII. De otra forma correría el riesgo de permanecer el resto de su vida en la prisión o ser condenado a muerte por la Inquisición, debido a sus fuertes críticas o incluso burlas de la Monarquía, la Nobleza o el Clero.

En una obra fundamental para comprender este valor de documento socio-histórico que es El Quijote, el historiador francés Pierre Vilar (El tiempo del Quijote, 1956) señala, que, mientras la historia del Siglo de Oro español es un apogeo del irrealismo que corresponde perfectamente a los fundamentos cada vez menos realistas de la economía y de las relaciones sociales en una España que se había tornado parasitaria y anacrónica, El Quijote es una crítica de este irrealismo. En este sentido Don Quijote es, en palabras de Vilar, un tipo de Charlie Chaplin, una figura cómica pero que hace una crítica seria de los problemas de su época. 

Este período de entre siglos en el que se escribe y desarrolla la obra, es una época de decadencia marcada por la falta de alimentos y las malas condiciones de salud. La peste bubónica ha acabado con casi un tercio de la población. La expulsión de los moriscos en 1609 ha supuesto la crisis agrícola del levante español. A todo ello hay que sumar que el oro de América disminuye progresivamente su ritmo de llegada, mientras los gastos del Estado en campañas militares aumentan, como también los intereses de la deuda contraída. Con todo ello, los precios se disparan, así como los impuestos para las clases populares. Los Nobles y el Clero no pagan impuestos; solo campesinos y grupos urbanos, incluso en situaciones que rozan el esperpento. En las ciudades, existía un impuesto llamado  la “blanca de la carne” que grababa con una moneda la compra e este producto; impuesto del que -lógicamente-  estaban exentos los Nobles y por supuesto el Clero. De esta manera, si los grupos más pobres querían incluir carne en su alimentación, cosa a la que en muy pocas ocasiones podía aspirar, debían de pagar dicho impuesto.

Pero, situaciones tan “Quijotescas” no sólo son propias del siglo XVII y algunas de ellas se mantienen en la actualidad. En España, el Clero -el mayor propietario de bienes inmuebles del país, en palabras del historiador estadounidense Stanley G. Payne (El Catolicismo Español, 2006)-: no paga impuestos. La noticia que ha saltado a los medios conocida como “los papeles de Panamá”, pone de manifiesto que la nueva aristocracia del S.XXI –las personas mejor posicionadas económicamente- tampoco pagan impuestos gracias a estrategias de ingeniería económica a través de los denominados paraísos fiscales.

Durante el siglo XVII, el oro de América era destinado a pagar los intereses de los créditos suscritos por la Monarquía con banqueros genoveses y flamencos para financiar una aventura imperial plagada de corrupciones y heridas sangrantes. En el S. XXI, el dinero aportado por Europa fue utilizado para rescatar a los bancos sumidos en una profunda crisis, pero no para ayudar a las personas. El problema es que la crisis de la banca es consecuencia de una gestión plagada de malas prácticas, corruptelas, corrupciones y un largo etc, mientras que la crisis de las personas es consecuencia, entre otras cosas, de la  actuación de la banca. ¿En qué hemos cambiado? Tal vez en que las novelas de caballería que “nublaron las entendederas” del Manchego Caballero hayan sido sustituidas por los medios de comunicación para las masas, cuyo efecto anestésico de la conciencia crítica es infinitamente mayor.

En el s. XVII, unida a la crisis económica, se produce una crisis social. Se mantienen los estamentos medievales. Por un lado estaban los que luchan; o más bien los que dirigen las guerras, porque los Tercios que luchan en Flandes o la Infantería que lucha en el Mediterráneo por una escasa “soldada”, no son precisamente de clase alta. Preguntémosle al propio Cervantes. Después estaban los que rezan: el Clero en sus diferentes escalas. El último estamento, privados de cualquier privilegio son los que trabajan: campesinos y grupos sociales urbanos: servidumbre; gremios, funcionarios, comerciantes... Encargados de sostener con su trabajo a los estamentos ociosos y al Estado con sus impuestos son considerados como indignos, pues trabajar con las manos en esta época es indigno. A su vez, la miseria y la falta de trabajo habían provocado un abandono de los campos en dirección a la Corte. Este éxodo rural supone una disminución de la producción de alimentos en las ciudades con el aumento de mendigos, hambre, prostitución, robos, etc. que aparecen reflejados en la obra. Por si fuera poco, como señalamos, la peste asola Castilla la Vieja, causando medio millón de muertos.

La crisis económica y  social quedan reflejadas en la propia obra, pero también la crisis de valores, ante la cual -“obligado por las leyes de caballería”- reacciona Don Quijote.  En mayo de 1527, no hacía aún 100 años cuando la obra fue escrita, los Ejércitos de “Sacro Imperio Romano Germánico” -es decir, los ejércitos del Imperio Español- toman y saquean la cuidad de Roma, iglesias incluidas..  A  ello hay que añadir como la Reforma Luterana hace tambalearse los sólidos pilares de la Cristiandad, de la cual el Imperio Español -aunque vistos los acontecimientos de 1527, nos permitimos dudarlo- es su principal valedor.

El Quijote representa la decadencia del país reflejada en la propia figura del “caballero andante” de “daga antigua” y “rocín flaco” que cubre su cabeza con una bacina de barbero a modo de yelmo.  Su figura representa la “Edad de hierro”, más que “Edad de Oro”, la cual don Quijote trata con gran ahínco de recuperar.  Si Cervantes reivindicó a través de El Quijote un mundo de valores e ideales, es necesaria la misma reivindicación hoy en día, donde los valores, la ética que busca el progreso tanto individual como social, ha sido sustituida la ética de los mercados  y la ética del capitalismo salvaje.

Tal vez la reivindicación Cervantina de dichos valores resulte utópica en el S.XVII y más aún lo sea en el XXI, pero, como dice EduardoGaleano. -de cuyo fallecimiento se cumple un año por estas fechas, vaya desde aquí nuestro homenaje- la utopía sirve para caminar. Caminemos; cabalguemos para derribar los molinos de la estulticia a la que pretenden someternos; de la corrupción; de la desigualdad; de la injusticia...

 

Dr.  Antonio Ureña García

Contrapunteo cultural
Antonio Ureña García

Antonio Ureña García (Madrid, España). Doctor (PHD) en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como Investigador en Ciencias Sociales es especialista en Latinoamérica, región donde ha realizado diversos trabajos de investigación así como actividades de Cooperación para el Desarrollo, siendo distinguido por este motivo con la Orden General José Antonio Páez en su Primera Categoría (Venezuela). En su columna “Contrapunteo Cultural” persigue hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad latinoamericanas desde una perspectiva antropológica.

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