Jueves, 29 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

Marcha del 2 de abril en Medellín / Foto: El Colombiano

Durante el mes de abril, estuve muy pendiente de ver qué iba a pasar con la gran marcha orquestada por el Centro Democrático en contra del gobierno de Santos, y como lo esperé, no pasó nada.

El presidente sigue en el poder, los diálogos de paz con las Farc continúan, pese al bochornoso hecho del 22 de marzo y toda la avalancha de críticas que le llovieron al gobierno; el acercamiento con el ELN siguen en píe, sin olvidar la ofensiva de los últimos días de esta guerrilla que parece no estar dispuesta a entrar de lleno a un diálogo concertado.

La pregunta es: ¿para qué sirve una marcha o protesta en Colombia? Por lo visto, para nada, solo bulla y show mediático de quienes se rehúsan abandonar el poder y hacerse a un lado y dejar que los demás hagan lo suyo.

Si hacemos memoria:

Bueno es recordar que en el gobierno del expresidente Uribe hubo marchas importantes del sector agrario, paro de maestros, de la salud, de justicia etc. Las que fueron calificadas por él, de ser auspiciadas por la guerrilla y grupos armados ilegales y donde se estigmatizó la protesta, y hubo fuertes enfrentamientos con la policía y el ejército para disolver estas  marchas, y de paso decir que los grupos paramilitares de la época fueron represivos y castigaron a los defensores de los derechos humanos de las regiones donde ejercían control territorial.

Parece ser que se le olvidó al señor Uribe el Artículo 37 de la carta magna que dice: “Toda parte del pueblo puede reunirse y manifestarse pública y pacíficamente. Sólo la ley podrá establecer de manera expresa los casos en los cuales se podrá limitar el ejercicio de este derecho”. Ahora que el señor Uribe no está en el poder, sí son viables todas las manifestaciones y hacen parte de una democracia mostrar su descontento pon las políticas de desgobierno del presidente.

Es un caso muy extraño que, cuando un presidente ejerce su funciones, se olvida que debe gobernar para el pueblo y no para sus intereses, y cuando deja el poder por arte de magia vuelve a tener memoria y ve todas las soluciones a los problemas que el generó.

Sin rastro alguno:

Haciendo un rastreo de noticias en varios medios de comunicación, de lo ocurrido el pasado 2 de abril hasta la fecha, me encuentro con la sorpresa, que después de una semana de la marcha, parece como si nunca hubiera pasado nada en el país, entonces para qué tanta alharaca, y tanto despliegue de medios y redes sociales si ya nadie se acuerda que pasó hace un mes.

No hubo ninguna acción constitucional que pidiera la renuncia del presidente, como no la va a haber y terminará su mandato y se irá del país a un año sabático, igual que todos los anteriores presidentes.

Otros puntos de atención:

Le dieron más importancia y vitrina al señor Montealegre al dejar su cargo de Fiscal General y continuar en la contienda por saber quién lo reemplazará en el poder, y a quienes beneficia la terna y cuál va a ser el ganador en ultima instancia, a ese tema le vienen dando fuego hace tres semanas y es noticia todavía, pero la marcha del 2 de abril ya quedó en el olvido.

Son cosas que pasan en nuestro país, que sea más importante estar recordando al ciudadano que tiene más beneficios un criminal de la talla del señor Paris pedido en la Habana, y seguir jugando al gato y al ratón con las guerrillas, mientras perpetúan actos terroristas y liberan secuestrados mostrándolos como actos de buena voluntad desconociendo que el secuestro es un grave delito de lesa humanidad.

Entonces, ¿para qué una marcha?

Una marcha debería servir para hacer una gran reforma, un cambio sustancial en el poder, porque no se entiende que si el pueblo es la base de la democracia que elige sus gobernantes, y tiene el poder en las urnas, después dizque no tiene el poder para revocar el mandato de quien eligió.

Esa es una cosa extraña, que muchos no entendemos, y diríamos además que una marcha de las proporciones del 2 de abril debería significar algo, llamar la atención del presidente para que se salga de la burbuja en que vive y escuche y vea lo que piensa la gente, independiente de quien convoca a la marcha, pero por desgracia ese tinte político es el que vende y no en su esencia la manifestación pacífica.

Hagamos historia

Cuenta la historia que el señor Jorge Eliecer Gaitán en el año de 1948 convocó más de 100 mil personas por el centro de Bogotá en una marcha denominada “La marcha del silencio” en protesta por el desgobierno del presidente Mariano Ospina Pérez, dos meses después fue asesinado el 9 de abril y se produjo lo que se llamó el bogotazo, que desencadenó una guerra en todo el país, que hasta la fecha no se sabe a ciencia cierta cuántas fueron las víctimas.

La historia nos muestra que el pueblo siempre ha tenido el poder, solo que hoy se desconoce ese poder y no es solo en nuestro país, ni hablar de Venezuela o Ecuador, para tener ejemplos más cercanos.

En definitiva:

Cuando nos inviten a una marcha, deberíamos preguntarnos primero para qué sirve la marcha, si es solo por caminar por las calles como dice el refrán “para donde va Vicente, para dónde va la gente” o es para que de verdad nos escuche el gobierno y se den los grandes cambios que requiere el país.

La verdadera revolución social y la transformación de un país, se da, cuando todos adquieren sentido de pertenencia y luchan por las mismas causas que los beneficien, pero un país como el nuestro, polarizado y sin voz, es muy difícil que se den esos cambios de fondo con una marcha que ya todos hoy olvidaron.

 

Eber Patiño

@Eber01 

Hablemos de…
Eber Patiño Ruiz

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

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