Lunes, 21 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

María Ruth Mosquera

En muchas ocasiones me han preguntado si a lo largo de mi vida he sufrido discriminación por ser negra y he respondido que no, que nunca he sentido que el color de mi piel me haya traído dificultades; que por el contrario, me ha representado elogios continuos por su lozanía y por el escaso cuidado que demanda para mantenerse libre de acné. Lo cual es cierto.

No obstante, hasta hace unos meses me encontré en Internet con una campaña de la revista digital española Afroféminas, y vinieron a mi memoria una cantidad de comentarios relacionados con mi ‘color distinto’ de piel, los cuales, aunque se expresan en contextos amables e incluso por amistades entrañables, arrastran sutilmente el lastre de la discriminación racial; esto, a la luz del concepto de microracismo, que es lo que combate la citada campaña: “Los microrracismos tienen lugar cuando vivenciamos momentos de intolerancia, sutiles y que con frecuencia pasan desapercibidos…

Los microrracismos tienen muchas formas de manifestarse. Todos se apropian parcial o completamente de un estereotipo que, sin percatarnos e incluso inconscientemente, nos hace tener comportamientos provistos de tintes racistas”, explica Afroféminas, que pretende “descubrir los microrracismos y hacerlos más evidentes en la sociedad en la que vivimos”.

La semana pasada, una colega periodista que llegó a Valledupar con motivo del Festival Vallenato me dijo, con expresión de asombro, que mis facciones no parecían de una negra porque mis pómulos y mis labios no son gruesos. Le expliqué que ser negro no significa ser bembón, que hay negros con labios muy delgados y blancos con labios muy gruesos, incluso le cité como ejemplo al registrador nacional Carlos Ariel Sánchez, un hombre blanco con labios muy gruesos; le dije que la fisonomía es un resultante de la información genética que trae cada persona al nacer, que tanto ella como yo somos hoy el resultado de la mezcla racial, y la llamé a reflexionar sobre lo bien que nos vendría a todos trascender el concepto de raza desde su aplicación pueril a lo físico, para pensar y expresarnos desde la raza humana, que nos incluye a todos, negros, blancos, indígenas y todos los resultados o mixturas que existen.

“Eres negra, pero bonita” suelen decirme, como un piropo, a lo que yo pregunto ¿por qué dividen expresión con la inflexión ‘Pero’, que denota una contraposición de los dos postulados que se unen en la oración?, ¿Acaso ser negra y ser bonita es una contradicción? “Es que ella no es negra; es morena”, discutía un amigo con otro, refiriéndose a mí, como si quisiera defenderme de un terrible oprobio; con afecto le corregí, diciéndole que sí soy negra, que soy feliz de serlo, y que el color moreno no existe, que moreno no es aplicable a la piel, que es un apellido y el mío es Mosquera.

Similares son muchas las expresiones que oigo cotidianamente asociadas al microacismo: Que “los negros son inteligentes”, como si los procesos cognitivos tuvieran lugar en la piel y las personas que no son negras fueran menos inteligentes; o: “Quiero tener una novia negra porque me han dicho que son calientes en la cama”, como si la líbido y en general el desempeño sexual femenino fuera cuestión de colores. Mi mejor amiga de la secundaria solía decirme: “Yo negro, ni el teléfono” y fuimos compañeras incondicionales y seguimos hablándonos hoy, aunque tengamos vidas y contextos distintos y distantes.

En la campaña contra Microracismos, Afroféminas ha documentado testimonios contundentes, que dan cuenta de la fuerza que a estas alturas tiene el racismo y la negrofobia en el mundo, que van desde decir que “este sol está como para negros”, “me toca trabajar como negro” o llamar a alguien “mi color” como una forma de congraciarse, hasta casos como la restricción de ingreso de negros a algunos lugares o episodios como éste: en una ocasión, cuando entramos en unos grandes almacenes, mi prima y yo, tuvimos la sensación que todo el personal del lugar nos seguía. En realidad, nos preguntaron varias veces si necesitábamos su ayuda y les dijimos, muy amable y pacientemente, que sólo veníamos a mirar… Desde ese momento, mi prima y yo hacíamos bromas al respecto, cuando escuchábamos por megafonía algo en alguna de estas tiendas, decíamos en voz muy baja: ¡Atención, Atención!, ¡Dos negras en el pasillo tres, dos negras en el pasillo tres!”.

Este mes se conmemora una vez más el Mes de la Afrocolombianidad, que tendrá actos en distintos espacios y ciudades el día 21, fecha en la que se cumplen 165 años de la abolición de la esclavitud, y establecida por el Congreso Colombiano, mediante ley 725 del año 2001, como el Día nacional de la Afrocolombianidad, de cara a la promoción de la igualdad, el reconocimiento de la diversidad cultural en el país y el rechazo al racismo.

Sea, también, ésta la oportunidad para llamar a la reflexión de la humanidad unida, que reconoce la diversidad, que respeta la otredad, que no censura la singularidad de cada persona y le concede sus posibilidades de ser en libertad, sin prejuicios, más bien en procura de desanclar los estereotipos que hoy, casi dos siglos después, siguen teniendo tanto peso en la sociedad.

 

María Ruth Mosquera

@Sherowiya

 

Referencias:

Video campaña microracismo de Afroféminas 

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