Viernes, 28 de jul de 2017
Valledupar, Colombia.

José Feliz Ariza (izquierda) y José Atuesta Mindiola (Derecha)

Valledupar es por naturaleza un pueblo de música y canto. Y contar historias es la impronta de nuestra tradicional oral. Somos de la escuela del escritor Antonio Machado: “Canto y cuento es la poesía. Se canta una viva historia, contando su melodía”. Esta tesis es la matriz del vallenato tradicional.   

La expresión poética más conocida para expresar nuestras historias es la copla, tipo de estrofa de tradición popular compuesta por cuatro versos octosílabos, dispuestos en forma de cuarteta de romance.  Un romance es una composición lírica de origen español, consiste en una serie indefinida de versos con rima asonante en los versos pares, y los impares sueltos.

Cuando canta la calandria

y responde el ruiseñor,

cuando los enamorados

van a servir al amor;

y yo muy acongojado,

que vivo en esta prisión;

que ni sé cuándo es de día

ni cuándo las noches son,

sino por una avecilla

que me cantaba al albor.

 

Para explicar qué es una de copla, escribe el español Manuel Machado:

Hasta que el pueblo las canta,      

las coplas, coplas no son,             

y cuando las canta el pueblo        

ya nadie sabe el autor.                  

Un ejemplo de copla son los versos de ‘El Pilón vallenato’.

Bonita es la casa blanca

bonita es su varazón,

bonita es la que adentro

dueña de mi corazón.

Derivada de la copla, están la cuarteta y la redondilla, que son estrofas de cuatro versos de ocho silabas métricas, pero con doble rima, generalmente consonante.  No obstante, como indica Domínguez Caparrós, conviene tener en cuenta que no es raro encontrar los términos de redondilla y cuarteta empleados indistintamente, sea cual sea la disposición de sus rimas, y el de cuarteto para la de arte mayor (versos de 9 silabas en adelante).

Ejemplo de cuarteta, esta estrofa de la canción ‘Callate corazón’ (Tobías Enrique Pumarejo):

Cuando pases por el puente     

no bebas aguas del río              

ni dejes amor pendiente            

como tú dejaste el mío.                  

Una redondilla, de la canción ‘San Isidro Labrador’ (Enrique Pertuz):

San Isidro Labrador                              

patrono de los labriegos,                 

tú que estás allá en el cielo             

me vas a hacer un favor.                  

La décima o espinela, también es derivada del romance, y es una estrofa de diez versos octosílabos con una rima especial, como se puede observar en la siguiente Oración a la Virgen María, cuya autoría se le atribuye a Santa Teresa de Jesús.

Bendita sea tu pureza,

eternamente lo sea,

pues solo Dios se recrea

en tan preciosa belleza.

A ti Celestial Princesa

dulce sagrada María,

yo te ofrezco noche y día 

alma, vida y corazón,

míranos con compasión

no nos dejes Madre mía.

Los trovadores antioqueños utilizan las coplas. Los llaneros en su contrapunteo, las coplas y a veces en romance. Los verseadores vallenatos cantan en cuartetas (versos de cuatro palabras) y en décimas (versos de diez palabras), en los concursos de piqueria. La piqueria es emoción, ingenio, manifestación de talento creativo. Es destreza mental y armónica para improvisar versos.

Consuelo Araujonoguera en el libro ‘Léxico del Valle de Upar’ (Ministerio de Cultura, 2002), explica: “Piquería. (Sustantivo de rancia estirpe vallenata). Duelo musical entre dos cantantes o repentistas de la música vallenata. Desafío que un improvisador en versos le plantea a otro de sus mismas condiciones para demostrar el talento y la versatilidad en el arte de construir, cantando coplas con gracia, agilidad y precisión. En el marco del festival vallenato el concurso de la piqueria es equivalente al festival de la trova en Antioquia”. 

La piqueria famosa de la música vallenata fue la protagonizada por Emiliano Zuleta y Toño Salas, dos colosos acordeoneros, hijos de la vieja Sara Maria, que con sus versos adornaron memorables parrandas en El Plan, La Jagua del Pilar, Villanueva, Fonseca, Valledupar y en toda la comarca vallenata.  El profesor Jorge Mantilla Rojas, en el libro ‘El viejo Emiliano, homenaje a sus 90 años’ (Upar Multiartes, 2002), registra una antología de estas contiendas musicales.  

Toño Salas:

Es que somos inteligente

y un verso sabemos echá, 

y a pesar de tanta edad 

le damos gusto a la gente.

Emiliano:

A todo´ se lo diría

lo dice Mile Baquero

a pesar que ya estoy viejo

estoy bueno todavía.

Toño Salas:

Ha llegado la ocasión

de cantar en diez palabras

de Emiliano y Toño Salas

con gusto y con acordeón.

Yo represento al amor

la satisfacción es mía

por algo se lo diría

y el mundo queda completo

porque yo soy un hombre teso

cuando canto melodía.

Emiliano:

Dice Emiliano Zuleta

y a toditos se lo digo

que yo soy el gallo fino

cuando yo llego a Fonseca.

Mi mente se lo demuestra

porque soy un veterano

yo soy el viejo Emiliano

hoy mañana y to´ los días

nazco de una buena cría

y soy un buen ciudadano.

Estos dos maestros de la música demostraron que las claves del buen verseador son: agilidad mental para improvisar con medida literaria y armonía musical, gracia y coherencia en el verso y que invite a su adversario a responder los requerimientos poéticos. Ellos entendieron que el verseador nace y se hace con la disciplina del aprendizaje, cultivando la memoria y la sensibilidad por la poesía y la música. El repentista sabe, que la poesía es un instinto cultivado.    

 En la actualidad, cuando llueven las críticas en contra de los verseadores, es necesario renovar el concepto de piqueria. El desafío poético no es la ofensa; es una controversia, un escenario para improvisar versos con gracia y melodía.  Muchos verseadores, cuando les corresponde el tema libre, se quedan en el estilo de la pelea, el autoelogio y repiten casi los mismos versos, a veces varían un poco, pero vuelven a las rimas de cajón: Rey con carey.  Piqueria con feria.  

Y los versos comunes: Yo soy mejor que tú… y tú no me ganas a mí.  Hoy te bato contra el suelo.   

Jose Félix Ariza, quien ha sido cinco veces rey de la piqueria en el Festival Vallenato, y participa como profesor en la Escuela de los Niños Verseadores que tiene La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, opina que se debe innovar las modalidades para potenciar el talento de los concursantes

La clave del repentista es saber improvisar. El jurado debe asignar un tema extensivo. Por ejemplos: las aves de la región, arboles del entorno, mensajes de canciones reconocidas, las virtudes de la amistad, la grandeza del amor, la gratitud a los padres, la belleza de la mujer.  Cuenta Jose Félix, que una vez estuvo en un Festival de Arjona, y el tema fue exaltar las virtudes de su rival, y se cantaron versos nuevos y de gran aceptación del público. 

Comparto esta apreciación de Jose Félix. Si en los presentes hay una elegante dama vestida de rojo; ese puede ser un tema y resulta interesante para una buena piqueria, porque es una competencia poética de quien improvise los mejores versos a la dama. Los versos al amor inspiran más el alma del poeta, que los versos a la ofensa.

 

José Atuesta Mindiola 

El tinajero
José Atuesta Mindiola

José Atuesta Mindiola (Mariangola, Cesar). Poeta y profesor de biología. Ganó en el año 2003 el Premio Nacional Casa de Poesía Silva y es autor de libros como “Dulce arena del musengue” (1991), “Estación de los cuerpos” (1996), “Décimas Vallenatas” (2006), “La décima es como el río” (2008) y “Sonetos Vallenatos” (2011).

Su columna “El Tinajero” aborda los capítulos más variados de la actualidad y la cultura del Cesar.

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