Sábado, 24 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

Cristóbal (Toba) Mendoza

Hace poco terminó el festival vallenato, donde se rinde homenaje a todos los exponentes que conforman nuestro folclor, (acordeoneros, compositores y cantantes de nuestra música vernácula).

Pero también hacen parte de ese folclor algunos personajes que por sus anécdotas engalanan y adornan las parrandas vallenatas; como es el caso del protagonista que a continuación presentamos.

Nació en La Peña (Guajira) era el mayor de cinco hermanos, sus padres fueron Ángel Mendoza y María Francisca Acosta. Desde muy joven fue un hombre responsable. Por eso en la tercera década del pasado siglo, cuando apenas tenía 18 años, fue llamado por su tía Elvira Acosta Martínez, quien acababa de enviudar, para que le administrara sus bienes, pagándole como salario la suma de seis pesos mensuales, más una ternera desteta por año cumplido, suma que fue elevada a ocho pesos mensuales, más dos terneras, al cumplir el primer año de trabajo, por los buenos servicios prestados y por el progreso de los bienes administrados.

Fue así como Cristóbal (Toba) Mendoza, se inició en la adquisición de sus bienes, los  cuales multiplicó rápidamente gracias a su buen juicio y a la orientación que le prestaba su esposa, la prima de quien se enamoró locamente, Isabel Acosta, mujer culta y de hermosa estampa, educada en un colegio dirigido por religiosas, en la sierrita, mientras que Toba era burdo y desbocado en su hablar, pero con una chispa espontánea y desbordante, que parecía tener la repuesta preparada a cualquier pregunta o insinuación, por el contrario Isabel era tímida, delicada y de finos modales.

En aras de su oficio, en una ocasión iba montado en una mula recorriendo la hacienda Villeros de propiedad de su tía, que antes hicimos mención; al llegar a la orilla del rio, éste se encontraba crecido, a su paso arrastraba troncos, ramas y espumas, la mula se resistió a cruzarlo pese a que la hirió en varias oportunidades los ijares con sus espuelas cortantes, cansado de insistir pero obteniendo el mismo resultado, le gritó al animal; “Bueno, y tú por qué no te querei moja, o fue que planchate anoche”.

En otra ocasión Toba tuvo que hacer un viaje a su finca. Por el fuerte verano que atravesaba la región tenía que permanecer varios días fuera de su casa, pero recomendó a su amigo y compadre, Antonio Gutiérrez, para que estuviera pendiente si algo se ofrecía de improviso, como así sucedió. Isabel cayó enferma y Toño, en unas de sus visitas, la encontró postrada en su cama con un lirio soasado en la frente y con los ojos vendados. Se impresionó tanto que mandó a buscar a Toba urgente en un carro expreso. Toba al llegar le dijo: “Chave como estaí, pero abrí los ojos paque me viay”; ella quejumbrosa le respondió: “Cristóbal no puedo, porque cuando los abro veo un poco de mariposas, y siento en mis oídos como si cantaran muchas chicharras”.

Toba dirigiéndose a toño muy emocionado, le dijo: compadre, buenas señas, la situación se me va a componer, va a llover.

Sin lugar a dudas Cristóbal Mendoza era un personaje que engalanaba nuestro folclor, pero este hombre parrandero y poseedor de una chispa espontánea, también fue un excelente esposo, Isabel fue su adoración, engendraron 12 hijos en los que se encuentran conocidos profesionales.

En las parrandas era el centro de atracción. En una feria ganadera Gonzálo Meza (q.e.p.d.) instaló en uno de los stands una venta de chuzos antioqueños y mandó a su empleada con una bandeja llena a una mesa donde compartían varios vallenatos, para que le compraran su producto. Todos comieron menos Toba. Gloria Armenta, en vista que nuestro personaje no comía, le insinuó: “Toba, coma chuzo”, pero éste rápidamente le respondió: “¡yoooo!, yo no voy a salir chusiao”.

En nuestro lenguaje popular, cuando un árbol no produce frutos, se dice que es un palo macho; en Patillal, hermoso corregimiento del municipio de Valledupar, cuna de grandes compositores y poetas, había un frondoso árbol cotoprix, que a pesar de los años nunca había producido frutos, y se erguía en un patio como símbolo del macho, e incluso muchos hombres del lugar para vanagloriarse decían que eran tan macho como el cotoprix. Pero un año lluvioso, la naturaleza le hizo una mala jugada, el árbol, después de recibir varios aguaceros, amaneció una mañana florecido y cuajó una carga tan exuberante que sus ramas amenazaban en partirse,

Para esa época Toba fue invitado a las fiestas patronales del lugar por un amigo, precisamente al patio donde se encontraba el árbol, en medio de la parranda, los contertulios se refirieron al prodigio. Entonces, nuestro personaje se puso de pie, se dirigió al árbol, lo abrazó suavemente, frotó sus mejillas con el tronco y en tono muy doloroso le dijo: “Ay viejo, ni tú te salvaste”.

Como siempre en la vida, todo no es alegría, Isabel muere intempestivamente, lo que afecta emotivamente a Toba, se convierte en una persona taciturna y se apega más a sus hijos, viaja constantemente a Bogotá a visitar a los que estaban estudiando. Al regreso de uno de sus viajes, fue visitado por su compadre Toño, quien lo noto callado y le respondía en monosílabos. Sorprendido, Toño le preguntó qué le sucedía y éste le respondió, que estaba muy triste porque sus hijos que estaban estudiando tenían novias cachacas y él no gustaba de cachacas; pero un mes más tarde Toño lo vuelve a visitar y ésta vez lo encuentra totalmente diferente; alegre jocoso, y acompañado de una mujer muy joven de fisonomía andina e inmediatamente se la presentó como su mujer. Toño, sorprendido, le dijo: “Compadre, ¿pero si usted me dijo que no gustaba de cachacas?”. Tobas, alegre y espontáneamente, le respondió: “Compadre era que yo no las había probado, las cachacas son más sabrosas que las mujeres”.

Toba Mendoza, aquel campesino de figura bonachona, que marcó una página en nuestro folclor, murió de un infarto fulminante a la edad de setenta y siete años el 16 de mayo de 1990, pero sus anécdotas son el plato principal en todas las parrandas, y cada botella de whisky  que se destapa, el primer trago se vierte al suelo y el servidor dice: el de Toba.

 

Arnoldo Mestre Arzuaga

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La narrativa de Nondo
Arnoldo Mestre Arzuaga

Arnoldo Mestre Arzuaga (Valledupar) es un abogado apasionado por la agricultura y la ganadería, pero también y sobre todo, un contador de historias que reflejan las costumbres, las tradiciones y los sucesos que muchos han olvidado y que otros ni siquiera conocieron. Ha publicado varias obras entre las que destacamos “Cuentos y Leyendas de mi valle”, “El hombre de las cachacas”, “El sastre innovador” y “Gracias a Cupertino”.

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