Jueves, 29 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

Hoy existe entre nosotros una máquina de la muerte, estamos ligados a este monstruo de mil cabezas llamado fármacos. Todos en algún momento de la vida los hemos utilizado sin medir consecuencias de corto y largo plazo. Es una obra del hombre con tanto poder e influencia en el mundo, que se ha convertido en una tormenta difícil de lidiar y menos acabar en los años venideros.

Su poder ha permeado todos los demás poderes: la iglesia, la política, los medios de comunicación. Su mejor aliada es la publicidad subliminal. Ha desviado la noble labor de los médicos para hacer de ellos portavoces de sus intereses desmedidos y crueles.  Es la peor de las industrias en el mundo y sin embargo ningún gobierno se pronuncia en contra de ellas, sería como declararle la guerra al mundo entero por la influencia directa que tienen con los usuarios que no pueden vivir sin su veneno.

Los fármacos es el negocio de la muerte. Es una industria tan poderosa, que no ha sido fácil defender los intereses de los consumidores. Médicos de todo el mundo han intentado por todos los medios dar a conocer los daños colaterales que ocasiona los medicamentos de cualquier índole. Ninguno es inofensivo, por el contrario, son tan dañinos que nos adormece el cerebro para después creer que estamos sanos. Ese disfraz no se quita nunca una vez haya tomado la pócima, porque al pasar el efímero efecto, vuelven a despertar las dolencias y esta vez con más fuerza, y la historia se repite una y otra vez por el resto de la vida, convirtiéndose asi la rutinaria manía impuesta en nuestras creencias que con una pastilla solucionamos todo en la vida.

El imperio de los fármacos es sin duda la industria más poderosa del mundo, mueve la economía de un país, haciendo que millones de personas tomen pastillas que en muchos casos son simples placebos sin valor, pero para el paciente es el mismo elixir, y ni hablar de los precios sin control que cada empresa les da a sus productos, entre más perjudicial es para la salud, más elevado es su precio.

Todos en un momento de la vida hemos tomado las “milagrosas” aspirinas, que no son tan milagrosas como el común de las personas cree. Hubo una época donde la aspirina (ácido acetilsalicílico) se tomaba para cualquier molestia, dolor, inflamación, diarrea, vómito etc. Era para muchos, santo remedio, hoy en día se sabe a ciencia cierta, que este producto es tan perjudicial en sus efectos secundarios a largo plazo, que su uso hoy es restringido, lo que las masas ignoran es que su nombre ha sido cambiado por otros nombres genéricos, y las ventas han aumentado para el laboratorio alemán Bayer, siendo éste uno de los más grandes del mundo.

La televisión está inundada de cientos de comerciales anunciando cada día el más revolucionario producto para quitar la tos, la gripa, el cansancio, el mal llamado estrés, y otros males modernos, no se concibe un hogar sin una sola pastilla, para quitar el dolor.

En el mundo en que vivimos, llenos de presiones y de angustia por el devenir, nadie puede darse el lujo de enfermarse, es un mal que a millones de personas desorienta pensar perder su puesto de trabajo por culpa de la enfermedad, por eso el mercado tiene la solución, la pastilla milagrosa que todo lo puede.

Los químicos utilizados para fabricar las pastillas y en general los fármacos, son altamente perjudiciales para el hombre, pero nos han vendido la idea, de que es mejor tomarlos a tiempo que no tomarlos nunca. Solo hace falta que encapsulen toda la comida y en vez de ir al supermercado o la tienda del barrio, vayamos a la farmacia y compremos: dos tabletas de carne, una tableta de zanahoria, dos tabletas de arroz, 50 ml de leche concentrada deslactosada.

Los químicos que el cuerpo recibe en una pastilla o jarabe, son tan perjudiciales que ni siquiera los mismo fabricantes se atreven a describir qué le hará al cuerpo después de consumirlos, a cambio sólo describen en la etiqueta algunas contraindicaciones, que en los términos propios de un lenguaje técnico como es la medicina, las personas pasan por alto estas indicaciones, porque no entienden lo que dice, sólo con que el médico lo recete es más que suficiente, con el agravante de que si no le sirve el remedio o pastilla vuelva para cambiárselo por otro medicamento, a si entre prueba y en sayo las ventas aumentas año tras año descomunalmente.

El médico es en realidad, un vendedor que favorece los intereses de las multinacionales, cada una de ellas tiene un plan de incentivos económicos que los galenos no pueden resistir la oferta, pasando de hacer un juramento hipocrático de salvar la vida, a ser hipócritas y miserables con la vida de las personas enfermas.

La enfermedad es un llamado de atención del cuerpo para que lo cuide, lo mime, lo limpie, no una represalia como nos han mostrado desde pequeños, que la enfermedad es un castigo que hay que combatir, y esa fue precisamente la puerta de entrada para la industria farmacéutica. Un cuerpo sano es el mayor enemigo para esta industria de la muerte, un cuerpo enfermo es su más íntimo amigo y cliente a quien hay que cuidar y mantenerlo enfermo por el tiempo que sea necesario por que vale más enfermo que aliviado.

Ahora salen estas industrias de la muerte, a anunciar al mundo que la vacuna contra el VIH ya está lista, que es un avance muy importante para detener este virus, que aqueja a millones de personas en todo el mundo, lo que no cuentan es que esa vacuna ya estaba inventada hace más de quince años, y durante todo este tiempo jugaron con los pacientes ofreciéndoles un coctel de pastillas que pasados dos años, los enfermos morían por deficiencia renal y hepática, por los daños causados por las grageas. Después anunciaron la llegada de la Zidovudina, una pastilla conocida en el mercado como (AZT retrovir) aprobada por la FDA americana como lo último en guaracha, y los millones de pacientes corrieron como locos a comprar el medicamente sin atender las contraindicaciones del producto, que tenía más razones para no tomarlo, que verlo como la panacea y la respuesta llego pronto, miles de enfermos de VIH morían cada día, no por la inmunodeficiencia adquirida, sino por el veneno del remedio que tomaron el (AZT retrovir)

Pasará muchos años o puede que nunca suceda, que la humanidad despierte de ese mundo llamado consumismo, para cuando eso suceda la verdad será tan dura de aceptar que la muerte será el mejor remedio que seguir muriendo cada segundo con cada nueva pastilla que tome.

Llegará el día que la humanidad le dará vergüenza decir que está enferma, porque eso dice mucho qué tipo de creencias tienen en su interior. La verdadera medicina esta tan cerca, que ni siquiera nos hemos tomado la molestia de buscar en nosotros mismo la solución y la cura, por ir a buscar a fuera lo que hay en abundancia adentro. 

 

Eber Patiño Ruiz

Hablemos de…
Eber Patiño Ruiz

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

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