Miércoles, 29 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

No se puede cerrar ojos y oídos ante situación tan patética que vive el pueblo colombiano a pesar de la cuantiosa y onerosa publicidad oficial que trasciende lo mediático del invocado proceso de Paz, tampoco se ha comprobado que los figurantes representantes de la guerrilla, hoy declarada extinta y últimos beneficiados del proceso puedan exponer magnos conocimientos y técnicas en filosofía, jurisprudencia o política, aunque seguramente estarán en esa fase de reaprendizaje y de dar de baja de la memoria tantos resabios y extravíos condicionantes del calificativo de eremitas antisociales adiestrados en el terrorismo y usufructuantes del delito, la extorsión y el secuestro.

Con todo esto y su reinserción social, no se cambiará la genealogía de la democracia, seguirá mentándose como el principal atributo y sistema de gobierno para las gentes en su esencia popular, pero con un enemigo común y muy dañino que es la corrupción como elemento rector de la gobernabilidad.

Todas las señales concebidas siempre muestran ese panorama grave en materia de corrupción,  tendiente a mantenerse en el tiempo institucionalmente sin que se pueda inferir que el Estado ponga en marcha una política que luche contra éste cáncer social. El dilema “A este país se lo roban a diario y los políticos no han sido capaces de hacer una ley severa (de verdad severa) que castigue a los corruptos”, ha sido planteado desde muchos años atrás sin que al momento se haya tenido una respuesta honrada y un mecanismo efectivo que neutralice el accionar del fenómeno más irreflexivo de las relaciones entre los gobernantes y el pueblo.

Aunque parezca absurdo, el ex­-presidente Turbay Ayala lo decía en su momento; (1978-1982), en campaña camino a la presidencia; que ­– él, se proponía llevar los niveles de corrupción a las “justas proporciones”-, como si al engendro se le pudiera dar la oportunidad de considerársele estimable de estipendios, pero que realmente objetiva otras apreciaciones, como las del presidente de una nación vecina, cuando desde su perorata descalificando a los opositores decía al pueblo refiriéndose a los capitalistas que: - “ellos también roban como nosotros”-, lo que al final, es la real admisión de existencia del fantasmagórico espantajo, que continúa moviéndose y ejercitándose en las administraciones públicas, sistemas de gobierno, de justicia y actividades donde interactúan el poder y la subordinación de la población, a tal punto que los diálogos de paz implementados, surgen precisamente entre ésta disyuntiva y la participación de muchas personas y terceros, que se adhieren tras el olor de una concurrencia o tajada que podrían obtener como resultado de la suscripción y en el oficio de promocionar el proceso, incluso en el encargo de hacer ver  a los rebeldes bajo otra óptica de comportamiento que los acerque a la gente, como unos paisanos más animados a integrarse socialmente.

Hoy en día y después del segundo apretón de manos entre jefes; el uno legítimo y el otro antes proscrito,  parecen más agradables y simpáticos y cada día permearán y se insertarán en la comunidad a través de las facilitadoras redes sociales y medios, al presente más que nunca disponibles y a su alcance.

Nunca más, un colombiano del común volverá a mirar con la misma contemplación a los grupos armados ilegítimos que fundamentaron su accionar en la sublevación a las normas del Estado, diferente si, de los señalamientos y persecución coercitiva que el gobierno tendrá que ejercer en su deber sobre los aparecidos y oportunistas grupos delincuenciales, marginados de la sociedad por su desmedida ambición de apoderamiento de la riqueza ilícitamente.

De los resultados de las negociaciones y la exteriorización de su conducta reaprendida en el nuevo comportamiento interactivo con el pueblo, podrán los reinsertados revelar su cambio conductual del que solo el tiempo realmente mostrará las consecuencias pragmáticas.

 

Alfonso Suárez Arias

@SUAREZALFONSO

Aguijón social
Alfonso Suárez Arias

Alfonso Suárez Arias (Charalá, 1956). Abogado en formación (Fundación Universitaria del Área Andina en Valledupar). Suscrito a la investigación y análisis de problemas sociológicos y jurídicos. Sus escritos pretenden generar crítica y análisis en el lector sobre temas muy habituales relacionados con la dinámica social, el entendimiento del Derecho y la participación del individuo en la Política como condicionamiento para el desarrollo integral.

[Leer columna]

Artículos relacionados

Editorial: Balance de un Mes del Patrimonio en Valledupar
Editorial: Balance de un Mes del Patrimonio en Valledupar
El mes de septiembre ha pasado volando en Valledupar y esto se debe en gran parte a...
Reeducación socio-política en el postconflcto
Reeducación socio-política en el postconflcto
“Volamos Como los pájaros, nadamos como los peces, pero no sabemos convivir como...
Yo te engaño, tú me engañas
Yo te engaño, tú me engañas
Ha hecho carrera la creencia popular de que el político es un hombre astuto y sagaz...
Editorial: La semana más intensa para el folclor vallenato
Editorial: La semana más intensa para el folclor vallenato
Ya no es un anuncio, ni un aviso, es un hecho. El 47 Festival de la Leyenda Vallenata...
El jubileo de presos
El jubileo de presos
  En Colombia se ha recibido con beneplácito el anuncio que el máximo jerarca de la...
.::Por la memoria y futuro del teatro colombiano::.
.::La historia del teatro de Títeres::.