Sábado, 19 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

El hecho histórico de haber firmado la paz con la guerrilla, como lo anunciaron todos los medios de comunicación nacionales e internacionales, tiene un error de percepción, ya que no es lo mismo firmar un acuerdo de paz, que firmar un cese al fuego bilateral o firmar un proceso de paz

Juego de palabras:

Este juego de palabras confunde, porque, dependiendo de la fuente de donde proviene la información, varían las expresiones. Por ejemplo, cuando habla el presidente Santos, en su discurso siempre está la expresión “proceso de paz con las Farc”. Cuando habla el señor Humberto de la Calle como jefe negociador del gobierno, aparece la palabra “acuerdos de paz”. Los medios de comunicación hablan de “diálogos de paz”. Los juristas hablan de “firma de los acuerdos de paz”.

En este juego de palabras, donde cada uno expresa desde su conveniencia lo que está pasando en la Habana, es precisamente lo que ha llevado a una confusión de fondo, porque lo cierto es que no se ha firmado ninguna paz con la guerrilla de las Farc, solo se firmaron unos acuerdos mutuos de cese al fuego, de liberación de secuestrados, de desminado, dejación de las armas, reinserción a la vida civil, verdad y reparación a las víctimas del conflicto armado.

El Estado por su parte pone su cuota, que para muchos es doblegarse a unos bandidos, negociando en desventaja con las armas, pero lo que no ven, es que este conflicto de cinco décadas ya le llegó el final, que le tocó al presidente Santos liderarlo y sacarlo adelante, y que deben continuar los presidentes que lleguen a la casa de Nariño, porque todavía hay mucho camino que recorrer y mucha sangre que derramar, para decir que Colombia es territorio libre de guerrillas, de Bacrim, de paramilitarismos, de crimen organizado, etc.

Todavía falta:

Falta la segunda parte y la más difícil de los acuerdos firmados con las Farc y es empezar a cambiar el discurso bélico de los desmovilizados, que hagan parte de una sociedad, prepararlos para el trabajo, que estudien, que se encuentren con sus familias, que no miren a los soldados y policías como enemigos que hay que atacar como fieras salvajes.

Todo eso falta, y pueden pasar muchos años mientras cada individuo logre asimilar que ya no es un guerrillero, que no tienen un comandante, que puede tener una familia, que pueden trabajar dignamente, ya no sembrando coca o vigilando cultivos, ni vivir escondiéndose, con la zozobra que le van a bombardear el campamento cuando se acerca un helicóptero.

Todos esos cambios son los que no están escritos en los acuerdos firmados. Tendrán que lidiar con el rechazo de la sociedad, la misma que atacó por las diferencias ideológicas, o por los intereses de sus comandantes y que ahora regresa en otras condiciones, eso es difícil de olvidar para la gente, máxime cuando en esta guerra sin sentido se perdió a un ser querido.

Acuerdos de paz, proceso de paz, firma de acuerdos de paz, diálogos de paz, todas estas expresiones, confunden y son utilizadas subrepticiamente para esquivar responsabilidades personales y señalar al otro, para no emitir juicios de valor que ponga entredicho su condición política, económica y moral.

Ya se firmaron los acuerdos:

Se tomaron la foto para la historia, un compromiso que las dos partes no pueden olvidar y si a empezar a trabajar para que algún día se pueda decir que hubo una verdadera intención de paz.

Y es que la paz es el antónimo de la guerra, pero ¿quién puede asegurar que estos acuerdos se respeten, por más garantías y estancias internacionales los vigile? Es propio dentro de un acuerdo que, entrando en el proceso, se rompan los acuerdos, que una de las partes incumpla con lo pactado, y va a pasar, pero lo que realmente garantiza que el proceso avance es precisamente la voluntad de ambas partes por no retroceder y seguir en medio de las diferencias.

Otro punto de vista que hay que analizar es, si en verdad los guerrilleros que están en La Habana negociando los acuerdos, son la máxima voz de todos los frentes guerrilleros que hay en el país, o solo representan a unos cuantos, eso nunca se ha discutido ampliamente.

También otro punto del que no se habla en los medios de comunicación es: ¿En qué condición civil queda el exguerrillero? Porque después de tantos años de dolor, muchos campesinos querrán tomar la justicia por su propia cuenta vengando la muerte de sus seres queridos, y queda la pregunta: ¿Serán los exguerrilleros intocables?

Como la paz no se firma, lo que se firman son los acuerdos, debemos esperar que se dé el segundo paso y ya veremos qué tan cuerdos fueron los que negociaron los acuerdos de paz, o si, al contrario, se gestó un desacuerdo histórico de intentar ponerse de acuerdo en los papeles y no en la vida real.

Es mejor decir que vivimos en paz así no esté de acuerdo con el otro, éste si es un verdadero acuerdo de paz.

 

Eber Patiño Ruiz

@Eber01 

Hablemos de…
Eber Patiño Ruiz

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

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