Viernes, 28 de jul de 2017
Valledupar, Colombia.

El grupo de gaita zuliana Los Zagalines / Foto: Diariorepublica.com

En los gustos musicales del pueblo caribeño-antillano se proyecta y permanecen danzas autóctonas de modalidades folklóricas como la Gaita que son de origen indígena y se derivan de los ritmos traídos del África de la región del Congo,  en crisol con la presencia de elementos procedentes de las sucesivas migraciones iberoamericanas desde el siglo XVI.

Estas danzas se interpretan con instrumentos típicos raizales y sin la estridencia  de los cobres, pero unida con los géneros vecinos en similitud y separados en discrepancias para resaltar la base común de la idiosincrasia  musical del continente americano.

La simiente de la Gaita es la cuenca del lago Maracaibo en el Estado de Zulia, desde mediados del siglo XVIII, especialmente los grupos bantú ubicados en el sureste del lago, género de canto y danza de rancio mestizaje en el plano de la cultura, que en la actualidad vemos más arraigada como medio de expresión y jolgorio que canta a los sucesos cotidianos, de costumbres y alusiones de tipo religioso y socioculturales, caracterizada en su aspecto literario, como lo describe el profesor y folklorólogo  de la Universidad del Zulia, Pedro A. Barbosa:

“Consta de un estribillo cuyo tema es el centro de un mensaje  que denuncia, eleva, festeja o ridiculiza. Sus estrofas, compuestas de versos cortos, se van alternando con el estribillo en la composición; en ellas el pueblo expresa sus sentimientos de actualidad, por lo cual la Gaita zuliana desempeña el papel de un medio de comunicación colectiva de la opinión pública”.

Las gaitas surgen inicialmente en los amplios sectores rurales, y  las parejas empleaban vestuarios femeninos de faldas anchas de vuelos cerca del ruedo, blusas escotadas, con o sin mangas,  y adornaban su cabello con flores y trenzas. Empleaban cotizas de tela y suela, y la vestimenta masculina resaltaba las franelas o blusas de manga ancha, pantalones rústicos de lienzo y sombreros de paja.

Un fuerte movimiento gaitero se generó desde la periferia de Maracaibo, en el barrio El Empedrado, el 13 de diciembre, extendiéndose las navidades hasta el 6 de enero con los Reyes Magos, festejando a la patrona Santa Lucía, conservándose gaitas dedicadas a la Virgen en el siglo XIX; este ritmo se extendió rápidamente por el resto del país.

En la década del cuarenta se afecta su popularidad por las nuevas co

ndiciones sociales de modernización e influencia mediática con ritmos extranjeros y el auge petrolero; su rescate se efectúa en los sesenta, adquiriendo relevancia, con acrisolamiento  de cumbia, guaracha y salsa, sustentada en la composición creativa  de orquestaciones como el grupo Guaco, la Élite Gaitera,  Soy Zuliano, La catira de la Guaira, Caballeros de la Gaita, Coquivacoa, Birimbao, Cardenales del Éxito, Universidad de la Gaita, Alegres Gaitero, Los Blanco, Billo’s Caracas, Los Melódicos, y tantas más que acogen las composiciones de Víctor Hugo Márquez, Jack Pérez, José Guzmán, Nelson Romero, Daniel Méndez, Juan Belmonte,  Ozías Acosta, Deyanira Enmanuel, Jorge Luis Chacín, Jaime Idirriago, Gladys Vera, Hugo Blanco, Ricardo Aguirre, Alberto Mesa, y otros nuevos intérpretes de la gran urbe y el campo, y el respaldo de figuras relevantes del mundo sociocultural y del ingenio popular.

Estructura de la gaita zuliana

Los textos  de la gaita se componen de cuartetas o décimas en versos de ocho sílabas, con carácter de crónica, como por ejemplo en la guerra civil, cuando el general Cipriano Castro marchaba sobre Caracas, se entonaba:

Virgen santa,  a quien  adoro, / dijo un castrista zuliano, / te doy,  si triunfa Cipriano, / un ciprianito  de  oro.

En una gaita de Nelson Romero se releja lo cotidiano  y popular, con el coro:

Sabroso es amanecer  /  debajo de una ventana /pero sin perder las  ganas  de cantar  y de  beber / la gaita que es el placer / de nuestra tierra zuliana.

Los instrumentos se han mantenido en el tiempo según el formato original; un tipo de zambomba de origen gallego, o furruco, que da la tónica junto al cuatro (cordófono   venezolano ), y el güiro –en bronce y friccionado con una varilla metálica-, denominada charrasca. El cuatro y el güiro realizan función acompañante y mantienen un ritmo constante y fijo, mientras las maracas  van remarcando las comas. La tambora, influjo negroide, hace un repiqueteo sostenido, aportando vivacidad y alegría.

La gaita zuliana se interpreta en compás de seis por ocho. Sus melodías, entonadas por las voces del guía y coro, producen una síncopa al mezclarse con el acompañamiento percusivo. Allí, entonces, se produce la alternancia de solista y coro, en contrapunteo repetitivo; el tema muchas veces se improvisa por parte del cantor o con voces mixtas, incluso por parte de los espectadores, reflejando se las tradiciones zulianas o de otras regiones del país. Escuchamos  al  Coro:

Upa pues, upa pues, / el destello de alegría / es cuando la gaita mía 

coge  mayor  altivez ,  /  upa pues, algarabía  /   de las parrandas  de ayer.

Y responde el Cantor:

Las  parrandas  de  alegría,  /  con sabor a yerbabuena,  /  son  las de Santa  Lucía  

en casa’e  Marcia  Balbuena.  /  Upa pues,  /  upa pues, upa pues, / ay, upa pues.

Repite  el Coro, y reitera el Guía:

A todos los viejos de antes  /  y a los jóvenes de ahora,

les canto esta hermosa gaita  / con cuatro, furro y tambora.

 

Jairo Tapia Tietjen  

Centro de Estudios Culturales

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Jairo Tapia Tietjen

Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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