Sábado, 25 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

Richard Rorty hace una defensa de las instituciones y la cultura de una sociedad liberal fundada por un léxico de la reflexión moral y  política. Piensa que el léxico del racionalismo ilustrado se ha convertido en un obstáculo para la preservación y el progreso de las sociedades democráticas, y hace la fundamentación de un ideal en el sentido de construir una cultura del liberalismo como una cultura ilustrada y secular dentro de una concepción que se ajuste a una organización política liberal y fundamenta la libertad como un reconocimiento y afirma que ese reconocimiento es la principal virtud de los miembros de una sociedad liberal y que la cultura de esa sociedad debería tener como objetivo curarnos de nuestra "profunda necesidad metafísica”. 

La cultura liberal, afirma Rorty (Contingencia, ironía y solidaridad.  Paidos, 1991), necesita de una mejor descripción antes que de un conjunto de fundamentos. La idea de una cultura liberal de fundamentos, fue el resultado del cientificismo de la Ilustración.

El pensamiento liberal del siglo XVIII, intentó asociarse con el desarrollo cultural más ilustrado su época, a saber, las ciencias naturales. La ilustración, sacralizó parte de su retórica alrededor de la figura del científico como un mensajero de Dios que lograba ponerse en contacto con las verdades no terrenales. La búsqueda de un estatuto intenta encontrarlo Rorty en la literatura y la política. Un estatuto para la sociedad liberal en donde la cultura puede ser en su conjunto “poetizada”. Una organización política liberal estaría constituida para Rorty por el poeta y el revolucionario como el ideal cultural a la que esa sociedad debe aspirar, y no definirse por el guerrero o sacerdote. Una cultura así definida se deslindaría del léxico de la ilustración. Una sociedad liberal tiene sus héroes en el poeta y el revolucionario en tanto que son la conciencia de la sociedad y están en contra de todo aquello que no defina un reconocimiento de la sociedad en sí misma. 

Los ideales de la sociedad liberal se pueden alcanzar, afirma Rorty, por una vía distinta de la fuerza como la persuasión, antes que por la revolución por la reformas, mediante un enfrentamiento libre y abierto de las prácticas lingüísticas o de otra naturaleza. El propósito de la sociedad liberal es la libertad, ver los diferentes enfrentamientos y aceptar los resultados. No tiene más propósito que hacerles la vida fácil a los poetas y a los revolucionarios que se reconocen en ella, mientras ellos asumen la conciencia crítica de la sociedad haciendo la vida más difícil para ella. La palabra sería el arma del poeta. La utopía liberal de Rorty está concebida con individuos que perciban la contingencia de su lenguaje de deliberación moral y de su conciencia y de su comunidad.

La comunidad estética pensada por Rorty tiene como fundamento un reconocimiento del otro a través de la conversación. Un diálogo estético donde el hombre se reconoce y se afirma. En Rorty no es importante la búsqueda de los fundamentos últimos de la cultura como era concebido por los ideales de la ilustración sino en su conjunto poetizar la cultura en el sentido de buscar un léxico que la describa de acuerdo a los referentes históricos y que gire en torno a las nociones de metáforas y de la creación de sí mismo y no entorno a las nociones de verdad, racionalidad y obligación moral. Una cultura poetizada reconocería su carácter de contingencia frente a cualquier pretensión de universalidad o absolutismo. Una cultura poetizada es la cultura que ha renunciado al intento de unificar las formas privadas de la producción de las fantasías para hacerlas extensivas al resto de la sociedad y no está fundada sobre presupuestos de divinidad sino en un cambio de léxico antes que de un cambio de creencias. 

El ciudadano de este estado liberal en Rorty concibe el lenguaje, la conciencia y la moralidad como productos contingentes, como metáforas que alguna vez fueron creadas de manera accidental. El ciudadano ideal estaría representado por el poeta y el revolucionario utópico y no por los individuos que han fundado una verdad eterna para el mundo o la humanidad. El ciudadano ideal sería el "ironista liberal "que tiene conciencia de su propia contingencia y que reconoce la imposibilidad de elevarse por encima del lenguaje, de las instituciones y de las prácticas del momento histórico en que vive y que concilian el compromiso de ese momento histórico con la contingencia de su propio compromiso.

El terminó ironista, afirma Rorty, hace referencia al individuo que reconoce la contingencia de sus creencias y deseos. Ese ironismo pretende Rorty que sea universal y llama ironista al individuo que tenga dudas radicales y permanente con respecto al léxico que utiliza, cuando advierte que un argumento formulado con su léxico no elimina las dudas, y cuando su léxico no se haya más cerca de la realidad que los otros. El ironista concibe los léxicos como hallazgos poéticos antes que como resultado de una investigación. En esta ideal sociedad liberal, el intelectual sería un ironista que haría parte de una cultura liberal ironista.

La sociedad liberal en Rorty se funda en presupuestos no " racionalistas " o "universalistas ", esto es, se hace necesario una redescripción del liberalismo que no pretenda definirse como " racional " o " científicos " sino que sea posible abrirse a las diferentes fantasías individuales en un reconocimiento a la propia contingencia de la sociedad liberal que se reconoce como un intento de organización social del pasado y con las formas que organización social utópicas del futuro. En la sociedad liberal de una cultura poetizada la solidaridad humana es un fin por alcanzar, no por medio de la investigación sino por medio de la imaginación, con la facultad de ver los otros individuos extraños como compañeros de viaje en el sufrimiento. La sociedad liberal no descubre la solidaridad, la crea, por medio de la reflexión. Por solidaridad humana entiende Rorty, ese algo que hay en cada uno de nosotros, una humanidad esencial que resuena en otros seres humanos. Esa noción de solidaridad define lo que es un ser humano completo, íntegro. Rorty afirma la solidaridad como una obligación moral que debemos sentir por el otro como un reconocimiento de que la humanidad nos es algo en común en tanto que el otro es también uno de nosotros por el que hay que sentir ese sentimiento de solidaridad humana.  

Ahora, una cultura liberal poetizada está fundada, desde la perspectiva rortyana, con un sentido de contingencia, ironía y solidaridad. Nietzsche, Freud, Wittgenstein han contribuido a que la sociedad se reconozca a sí misma como una contingencia histórica, afirmar Rorty. La ironía en el ámbito de lo privado resulta definitiva para la configuración de la condición humana aunque no pueda definirse en el plano de lo social o lo político del liberalismo. No es la filosofía sino la literatura la que crea en el interior de la sociedad un verdadero sentido de solidaridad humana. Orwel y Nabokov son los novelistas para los que Rorty reconoce ese sentido solidario de su literatura. Una cultura liberal que sea consciente de su contingencia histórica, unirá la libertad privada individual, filosófica o irónica con el proyecto social de solidaridad humana creado por la literatura, es decir, por los representantes de la inteligencia y la sensibilidad, a saber, los escritores.

Una cultura poetizada sería una cultura historicista y nominalista que hace una conexión del presente con el pasado y con todas las formas de utopías. La creación de utopías se concibe en Rorty como un proceso sin terminó como un ejercicio lúcido de la libertad. La sociedad liberal no requiere de fundamento filosóficos ni de la razón o la moral para su legitimación y no legitima lo político desde lo político en términos de relaciones de poder. Una cultura poetizada es una comunidad situada históricamente. Una cultura poetizada dentro de una sociedad liberal es la más bella y sensible utopía imaginada por Rorty. Una sociedad de los poetas soñada para la imaginación y la sensibilidad donde los hombres inventarían el mundo a partir del libre desarrollo de la solidaridad y el deseo. Una sociedad donde la comunicación entre los hombres sea poética fundada en metáforas en tanto que el lenguaje poético es el verdadero lenguaje que afirma la plena existencia del hombre. Un lenguaje no con un sentido utilitarista, de uso cotidiano, economicista o del rendimiento y la productividad. El hombre trasciende su animalidad mediante el lenguaje. El hombre es hombre gracias al lenguaje. (Humboldt) En el recobramos el verdadero sentido de lo humano. Las cosas no existen si no existen en el lenguaje.

La poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre, escribió Luis Cardoza y Aragón. La imaginación es superior al conocimiento, escribió Albert Einstein. El poeta es la inteligencia por excelencia y la imaginación en la más científica de las facultades, escribió Baudelaire. La poesía es la única ciencia,  escribió García Márquez. Habermas crítica en Rorty el querer " poetizar " antes que "racionalizar”. La razón ha engendrado ya demasiados monstruos pero también nos ha permitido seguir soñando como dijo algún poeta. La racionalidad en Occidente ha condenado al hombre a ver el mundo dentro de una sola dimensión cuadriculada. La vida puede ser mágica y poética, la realidad es mucho más de lo que perciben nuestros sentidos. 

La poesía descubre los elementos invisibles y esenciales de las cosas. La misión del poeta es poetizar la vida con un sentido lúcido y vidente para hacer más visible el mundo y para darle un sentido más humano y hermoso a la existencia. Una cultura de los poetas que poeticen la vida para hacer más vivible la vida en tanto que la razón ha demostrado su esterilidad engendrando las más absurdas catástrofes que ha padecido la humanidad. Una cultura poetizada donde el hombre se reconozca en el arte como la expresión más genuina de la condición humana, y donde el libre desarrollo de las fantasías, las metáforas y la imaginación sea su estado natural. Una poetización de la vida cotidiana donde se conjugue la admiración por lo bello y el horror por la crueldad. Una sensibilización de la vida donde la solidaridad sea un acto, un maravilloso acto cotidiano.

 

Antonio Acevedo Linares

 

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