Sábado, 25 de feb de 2017
Valledupar, Colombia.

“Nadie es lo que otros dicen, sino lo que en esencia somos”

A la mujer le corresponden varias batallas, tendría que escribir varias columnas para lograr mencionarlas todas, pero en esta ocasión me ocuparé de mi historia; comienzo mencionando el miedo del que quieren contagiarme, provocan temas de conversación como “ esa señora es una amargada, nunca cogió marido”, “la familia son los hijos, porque uno solo no es suficiente”; no puedo evitar sentir pesar por las personas que se inventan y adoptan (gratis) angustias ajenas. ¿Será que no les basta con su vida? Por lo menos, a mí me basta con mi complejidad, con mis ganas de cambiar el mundo y perfeccionarme, siento que el tiempo no me alcanza como para pretender invadir la vida de otras personas.

Las mujeres que tenemos más de 30 años, somos sospechosas de amargura, soledad, fracaso o esterilidad; si un hombre está solo a los 40 es el soltero cotizado, pero si es una mujer es una “falta de marido”; definitivamente las mujeres la tenemos difícil, pasamos de una adolescencia donde la familia ruega que la calentura de la etapa no les deje en vergüenza por un embarazo precoz, a la angustia de que no nos reproduzcamos y el famoso tren nos pite; parece que nuestra matriz fuera un negocio peligroso de acuerdo a las etapas, muy temprano seriamos las alborotadas hormonales que no supimos esperar el matrimonio pero después de los 30 somos las quedadas.

Hay personas descaradas que dicen: “tienes títulos profesionales, estabilidad económica, carro, etc, etc, préñate de cualquiera igual no necesitas a un hombre para mantener al bebé”; así de mercantil como suena. “Vaya, muchacha, busque cualquier festival de espermatozoides y póngalos al servicio de su útero pero rápido que después se queda sin hijos” - , y sigue el negocio, “no tenga uno solo, tenga dos porque de pronto se muere y no le queda nadie” las predicciones frente a la vida sexual y reproductiva de las mujeres que pasan de 30 son la demostración de lo perverso que son prejuicios.

Todo después de los 30 se vuelve sospechoso, si te casas y pasa un tiempo sin embarazarte comienzan a preguntarte “¿quién tiene problemas? ¿Tu marido o tú?, “Ajá, ¿y pa´ cuándo el pelao?”, “procura parir temprano ahora que estás joven luego pareces una abuela y no una mamá”

Por otro lado, si no te casas la cosa es peor. Ya no es un problema solo de negociar con la reproducción sino con la sexualidad. Te tildan de lesbiana o  de “come callada” es decir, cualquiera esconde a su esposo creyendo que puedes quitárselo; si te enojas, eres una amargada porque te hace falta un marido y, si permaneces sola, eres depresiva, pues es difícil entender para algunas mentes ortodoxas que después de los treinta puedas ser feliz sin un hombre al lado; es tan fálico el pensamiento de esos personajes que por “falsa solidaridad” buscan hacerte feliz, pero ¿Qué es hacerte feliz? ¿Cumplir con las normas sociales de unirte con el equivocado o el que no amas? Al final, aunque seas infeliz, debes estar adherida a alguien, pareciera que la sociedad no le interesa si las mujeres son infelices por elegir mal a su socio de vida, sino que no hagan parte de la lista de “quedadas”, perversa costumbre de las apariencias que atropellan conceptos subjetivos de felicidad, libertad y amor.

De mi parte, afirmo que amo la idea de enamorarme, tener a mi hija a la que hace varios años llamo Paz o mi hijo al que llamo Fabricio, pero en sinergia con un socio de vida, no como una opción de escapar de la soledad o salvarme de la dejada del tren, ésa no es la dinámica en la que me muevo, no serán las presiones sociales o las calumnias sobre mi vida lo que me llevará a tomar una mala decisión, porque no soy lo que digan de mí, sino lo que se me antoje ser, a quienes me llaman santurrona, come callada, lesbiana o lo que se les ocurra. Les digo que simplemente soy una mujer que acepta que tiene recetas pero que se atreve a modificarles el color, sabor y olor -esa soy-: una eterna aprendiz que ha entendido que cada momento puede ser una poesía viva de infinitas emociones; quiero parir, amar, tejer una familia pero de manera libre y desrecetada ; si, tengo más de 30 pero respiro y me emociono con cada locura que emprendo, así que no se preocupen por mí, yo estoy bien, preocúpense por ustedes que ante tanto autodescuido terminan como muertos vivientes que respiran pero no viven.

Tengo más de 30 y aún no estoy menopaúsica, es el tiempo perfecto para elegir lo que quiero, cuando y como lo quiera, a mi ritmo, a mi estilo.

 

Fabrina Acosta Contreras

@Facostac 

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