Viernes, 24 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

Boda de David Leonardo De La Peña Carrillo con Carmen Leonor Atuesta Durán

El amor de la familia es como el árbol de la gracia, nunca deje de crecer. Para los padres responsables de la educación y el proyecto ético de sus hijos, el amor no envejece; porque la prudencia, la comprensión y la ternura resplandecen en el diván candoroso de los años.  Dice el maestro Adolfo Pacheco: “Somos como el Mochuelo de ojos negros brillantinos, entre más viejo más fino”. En palabras del pintor Francisco Ruiz: “con los años el amor viaja pegado a la piel, como madero de naufragio, imán de los sueños, trapiche de penas añejando sabio vinos”.

Cuando la fraternidad destella sentimientos, el amor se viste de fiesta y los goces del espíritu rondan el reencuentro de la añoranza y la esperanza en la vida familiar. Estos magníficos acontecimientos los vivimos, parientes y amigos de los De La Peña Carrillo y Atuesta Duran, el pasado 16 de julio en la ciudad de Bucaramanga, con la celebración del matrimonio de David Leonardo De La Peña Carrillo con Carmen Leonor Atuesta Durán. Primero los ritos en la iglesia católica, y después: el brindis, la cena, la música y los movimientos rítmicos del cuerpo.

Una noche inolvidable de emotiva fascinación. La música de una orquesta de la ciudad hizo la apertura del baile, y después la presentación del inigualable e inagotable cantante Poncho Zuleta al lado del rey de reyes, Arturo “El Cocha” Molina. Jóvenes y adultos de todas las edades bailaron y tararearon inmortales canciones vallenatas, entre ellas: ‘Mi niño se creció’, ‘Mañanitas de Invierno’, ‘Ay vas paloma’, y por supuesto como era día de la Virgen del Carmen, no podía faltar el merengue ‘La virgen del Carmen’.   

En mi calidad de tío de la novia, hice este brindis: Carmen Leonor y David Leonardo, queridos sobrinos, el matrimonio es la revelación suprema de la alianza del respeto y la ternura, que entrelaza los hilos del tiempo con los interminables colores del amor. En los diálogos secretos del corazón, existen tantas cosas comunes entre ustedes: la primera, la cuna de su infancia es el edén, Rio de Oro, pueblo maravilloso como su nombre.

Leonor Duran Vesga y Alberto Atuesta Mindiola deciden bautizar a su hija, Carmen Leonor, cuyo significado “es canto que resplandece”. Carmen en latín es canto, y Leonor “aquello que tiene honor y resplandece”. Celina Carrillo Gutiérrez y Fernando De La Peña Márquez bautizan a su hijo, David Leonardo. David es un nombre de origen hebreo que significa “el amado o el elegido de Dios”. Leonardo de origen germánico, “aquel que es fuerte y resplandece”.  

De sus padres, distinguidos ciudadanos, reciben las bases fundamentales para la formación de su proyecto ético y profesional. Temerosos de Dios, responsables, amorosos y familiares.  

Ambos disfrutan el asombro por la belleza de la naturaleza. A David le encanta el color verde, la fascinación de la primavera. Carmen prefiere el color azul, por el atractivo de contemplar la armonía y la celeste serenidad. Para los dos: la vida es el puente por donde transitan los sueños, las esperanzas y las bondades. La fe es la fortaleza para celebrar las bienaventuranzas y para afrontar y superar las adversidades. El amor es el poder de la palabra, la mirada cautivante de sonrisas, el imperativo de vencer la soledad y la estación que dignifica las virtudes de la familia. 

 

José Atuesta Mindiola

 

El tinajero
José Atuesta Mindiola

José Atuesta Mindiola (Mariangola, Cesar). Poeta y profesor de biología. Ganó en el año 2003 el Premio Nacional Casa de Poesía Silva y es autor de libros como “Dulce arena del musengue” (1991), “Estación de los cuerpos” (1996), “Décimas Vallenatas” (2006), “La décima es como el río” (2008) y “Sonetos Vallenatos” (2011).

Su columna “El Tinajero” aborda los capítulos más variados de la actualidad y la cultura del Cesar.

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