Sábado, 19 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

En el camino del proceso de paz con las Farc, son muchas las preguntas abiertas. El manto de dudas crece mientras los colombianos de a pie ven en sus regiones abandono del estado, falta de institucionalidad y corrupción. A estos males se le suma otro de grandes proporciones, un monstruo con mil cabezas llamado desempleo, que no se compadece con la bulla y la publicidad en todos los medios de comunicación hablando del Sí por el plebiscito y otros por el No.

En medio de esa turbulencia se gestó un paro de transportadores de 6  semanas, que rompió la cadena productiva del país, acompañada, por supuesto, de hambre y más miseria para los colombianos.

Ahora sale a la luz pública el maquillado informe de desempleo del gobierno, con cifras salidas de un cuento de hadas, como si fuera otro país, donde estar desempleado pareciera normal.

El informe del Banco de la República (La tasa de desempleo de largo plazo en Colombia) hace un profundo análisis de cómo en nuestro territorio el desempleo es una constate que crece cada año a niveles alarmantes, debido a factores como: altos impuestos, falta de inversión extranjera, cierre de empresas, falta de personal capacitado, corrupción en la contratación, competencia desleal y ahora los famosos carteles de las empresas que manipulan los precios de bienes de consumo masivo, lesionando el bolsillos del consumidor final.

Todos estos males juntos son los que tienen en un sin salida a nuestra querida patria que pregona a  los cuatro vientos un respiro y una luz de esperanza en la firma de la paz con la guerrilla más antigua del continente. Pero hay que sumarle una verdad que molesta al gobierno y a muchos políticos y es que la paz no sólo es poner en la mesa los fusiles y decir que ya todo está terminado, que Colombia es libre de la maldición del odio y la guerra, cuando en las ciudades y pueblos lejanos del centro de la capital se vive otra verdad a gritos, con hambre, violencia, extorción, fronteras invisibles, desplazamiento forzado, desarraigo cultural y lo peor del asunto, es que las estadísticas de desempleo solo abarcan cuatro o cinco ciudades, y el resto de 29 departamentos parece que no existieran, o las cifras son tan descomunales que es mejor tener el rasero de unas cuantas ciudades para que cuadren las cuentas a favor del gobierno.

Con hambre no hay paz

Esa debería ser la premisa para tener la reforma agraria que favorezca la seguridad alimentaria y asegure la producción en el campo y haya trabajo para todos y por ende riqueza y desarrollo social, pero las estadísticas de la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social CORPADES denuncia que las Farc tienen en su poder más de 60 mil hectáreas de tierra sumadas en varios departamentos, y ese punto en los acuerdos de paz fue uno de los más álgidos, porque no están dispuestos a entregarlas, porque una guerrilla sin tierra es como tener un título en la luna.

El desempleo en nuestro país es una medusa venenosa, generadora de violencia, de enfrentamientos sociales y desigualdad, que no se compadece con la realidad. Colombia tiene por delante un reto enorme de mostrar la verdad de su pueblo, no es sino ver hacia el Norte, en la Guajira, donde la olla podrida ya estalló y en buena hora para sacar a la luz pública lo que allí se cocinaba a la luz de todo el mundo.

Esa paz no se puede construir con los niños muriendo de hambre, no por falta de agua, ni de alimento, sino de una clase política que se reparte el dinero entre unos cuantos, mientras su pueblo se muere de hambre. Estas acciones no producen paz, sino rechazo y rabia y esos sentimientos no son fáciles de borrar de la mente y perduran en el tiempo en quienes vivieron en carne la muerte de sus seres queridos por física hambre.

Un proceso de paz, es solo uno de los cuantos temas que están en la larga lista para resolver y no es el único que arregla a los otros por inercia. Hay que mirar con lupa el sistema de salud, el transporte, la justicia, la educación, la inversión social, que el presidente cree que es solo regalar casas. La corrupción enquistada en todo el aparato del estado, y un largo prontuario de necesidades nunca satisfechas por ningún gobernante de turno, porque simplemente no tienen arreglo, saldría más caro el remedio para curar la enfermedad.

 

Eber Patiño Ruiz

@Eber01

Hablemos de…
Eber Patiño Ruiz

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

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