Miércoles, 22 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe / Foto: Revista Semana

Desde hace mucho tiempo vengo escuchando la frase «Colombia es un país de contrastes» y, cuando me senté a escribir este texto, la primera frase que se me ocurrió fue esa, por tanto, consulté en el buscador de Google y en el encabezado de la consulta arrojó 101.000 páginas que se titulaban o tocaban el tema o mencionaban la famosa frase.

Consulté el diccionario en línea de la Real Academia de la Lengua Española sobre la palabra contraste y arroja 12 acepciones, de esas me gusta la segunda: «2. m. Oposición, contraposición o diferencia notable que existe entre personas o cosas»

Pues sí. Le daba vueltas al asunto de cómo iniciar el texto que semanalmente comparto con mis lectores ya que mi interés es escribir sobre lo que me parece el acontecimiento histórico más importante para el futuro de los colombianos: La Paz. Sí, la PAZ, así en mayúsculas, esa paz esquiva que con terquedad ha ido moldeando el gobierno y su equipo negociador en La Habana con los voceros de la insurgencia armada, y que, a pesar de todos los embates de la rancia derecha colombiana, se ha venido abriendo paso.

Este miércoles 3 de abril el gobierno anunció que el proceso entraba ya en la etapa final, que los jefes de las guerrillas se reunirían con sus hombres en la Décima y última conferencia de las guerrillas de La FARC para refrendar con ellos los acuerdos logrados y preparar a sus hombres para dar por terminada a esa guerrilla como grupo armado, en tanto el gobierno alista la logística para el plebiscito refrendatorio, donde los colombianos nos la jugaremos entre la paz y la guerra, entre una nueva cultura de la vida y las miserias de la guerra; aclarando que en el interregno que va desde la conferencia de la guerrilla y el plebiscito se firmaría oficialmente el acuerdo de paz.

Casi simultáneamente el senador Uribe leía ante los medios de comunicación un enrevesado manifiesto de apoyar el NO al plebiscito por la paz, casi lo mismo, por no decir igual, un SI a la continuación sangrienta de esta guerra fratricida con toda su carga de miserias y degradación criminal que por más de 60 años ha padecido el país. El marco de ésta manifestación en contra de la paz la hizo en la sede principal de la Misión Carismática Internacional (G 12), en Bogotá, una comunidad cristiana que le sigue y le adora como el mesías, o por lo menos una réplica del que según ellos, parece les llegó en cuerpo ajeno.

En ese ambiente medieval, donde política y religión se juntaron, se lanzaron arengas en contra del gobierno, en contra de los acuerdos con la guerrilla, que solo puede traducir en carta blanca, un SÍ rotundo a la guerra como contraposición al SÍ a la PAZ. Uno de los argumentos, tal vez el más claro, promulgado por Uribe, es la ilegitimidad del plebiscito, ya que se bajó el umbral del 50 al 13 por ciento, eso le parece a él un despropósito, en tanto a mí me parece cinismo puro, ya que el acuerdo de paz realizado por él con los paramilitares, prácticamente bajo el umbral del 50 al cero por ciento, ya que no hubo plebiscito, pues él a nombre del pueblo tomó la decisión de imponer su criterio al mejor estilo de los dictadores.

Creo que le faltó grandeza al senador Uribe, o nunca la ha tenido, pues prefiere claramente hacer política con la guerra, lanzando los precandidatos de su partido en forma abierta a la campaña por las presidenciales atacando el plebiscito por la paz y peor aún involucra o trata de ganar el favor de la ultraderecha existente en las Fuerzas Militares, lanzando consejas terroríficas sobre el castigo a los soldados, a los que según su discurso apresarán, mientras que liberarán a los guerrilleros y terroristas.

El senador Uribe se queja de que el narcotráfico andará a sus anchas, según él «La FARC el mayor cartel narcotraficante del mundo» no pagará cárcel por éste delito y que los guerrilleros no pagarán cárcel por los delitos atroces, pero olvida decir que igual que en su acuerdo de paz pagarán los mismos ocho años que ya pagaron algunos paramilitares acusados, algunos, hasta de la responsabilidad de más de dos mil muertes y otros crímenes atroces, como masacres, descuartizamientos, torturas y secuestros.

Con toda razón Winston Churchill sostenía que «Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema».

 

Diógenes Armando Pino Ávila

@Tagoto 

Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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