Jueves, 23 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

Una semana escandalosa, ¿cuál? Todas las pasadas lo han sido desde el día que el gobierno del presidente Santos, decidiera entrar formalmente a negociaciones con las FARC, concretar el fin del conflicto armado, que implica con ello, el cese al fuego y la dejación de las armas que será, un hecho, cuando se apruebe la lista de acuerdos  “mutuamente” pactados entre gobierno y jefes subversivos, para llevar a Colombia a una unidad social estable.

Todo esto es muy bonito en papel -hasta cierto grado- y la oposición a ello se da, gracias a que por nuestra sangre corre una herencia ancestral que nos hace actuar con cierta malicia indígena –ser desconfiados-, no siempre tragar entero, gracias a ello en nuestro país ha sido una constante las disputas sociales, en su efecto existe una derecha y una izquierda, un verde y un amarillo, un liberal y un conservador  –un Juniorista y un Nacionalista-, en fin. Como somos un país “netamente democrático” todo debe ser “aprobado” por el pueblo, esto siempre  generando polémica, peleas y distanciamientos,  que son desagradables políticamente hablando –hemos dado unos cuantos pasos atrás-. En la actualidad, la disputa se debe al tan popular plebiscito, donde la disensión es tan mayúscula que estamos presenciando el desacuerdo social más grande de los últimos años en nuestro país (peleas, disturbios, discriminaciones etc.).

El escenario es muy incierto, aparecen unos cuantos retrogradas compulsivos, que no aceptan el legitimo derecho que tenemos todos de elegir libremente, también encontramos otros que si invitan al diálogo, con argumentos en busca de cambiar formas de pensar y aclarar dudas -a su favor-, pero éste acto ha llevado a un desgaste insoportable –imagino que por tan confusa y prorrogadanegociación-,  lleno de intolerancia flagrante en disputas públicas, gritos incoherentes que predican paz con actitudes de guerra, irrespetos mutuos a tutiplén, donde hemos olvidado el otro significado paralelo de la paz (que refiere a la tranquilidad mental de una persona o sociedad).  

Es difícil cuestionar la posición del Sí al plebiscito, y a quienes lo ven como el libro guía que nos llevará a el fin de las hostilidades bilaterales, evitando al pueblo seguir siendo carne de caño y solucionar el fenómeno del narcotráfico -sigue-,  pero es más fácil cuestionar la posición de los que le dicen si a la paz pero No al plebiscito, argumentando o mejor dicho solicitando que sea invitada su posición a reestructurar puntos en desacuerdo para llegar a una verdadero ejercicio de justicia. Cuestionar fanáticamente es incoherente, y el ser racionales nos da la capacidad de entender ambas posturas y sin entrar en vicios –mentales- y respetar posiciones.

Invito al sano ejercicio democrático, evitar cualquier desvío negativo que entorpezca o altere la siempre sana tranquilidad que acompaña la verdadera paz. Todo ciudadano que se incline por el Sí o por el No, debe ser respetado. Se debe abolir cualquier acto de violencia en su contra, por la simple y clara razón de que tiene Todo el derecho de actuar en su rol como libre elector, obtenido gracias a la Declaración Universal de los Derechos Humanos (algo que a veces se nos olvida). Es obvio que no podemos pretender a la paz con actos de guerra.

 

Andy José Romero Calderón

@andy_romeroc

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