Sábado, 20 de ene de 2018
Valledupar, Colombia.

Marcha en defensa de la familia en Valledupar / Foto: PanoramaCultural.com.co

Llevamos ocho días escuchando una encendida discusión nacional sobre las cartillas del Ministerio de Educación, discusión ésta con diferentes matices y enfoques. Pero, como siempre, ya es costumbre en Colombia, llena de odio y discriminación.

Las acusaciones han recaído sobre la ministra Gina Parodi, sobre ella han caído rayos y centellas; y desde las redes llueven los insultos de todos los tenores, algunos de tinte religioso otros desde la ranciedumbre de los hogares conservadores; algunos vienen del seno del machismo tradicional, otros de la política derechista y oscurantista que auspicia la Procuraduría; y sin ninguna duda algunos de gays solapados que no han dado para salir del closet. La ministra ha tratado de parar la andanada explicando el origen de las cartillas y diciendo que el ministerio autorizó unas cartillas auspiciadas por la ONU a través de Unicef, pero que ésta iba dirigida a los docentes en cumplimiento de una sentencia de la Corte y que iban encaminadas a la actualización de los manuales de convivencia para propiciar ambientes escolares libres de discriminación.

No han valido las explicaciones, como siempre, la turba enardecida es ciega y sorda, el fanatismo enceguece, la religiosidad predomina ante la razón. Los políticos hacen cálculos, miden sus pasos, analizan el desarrollo de los acontecimientos, miden sus posibilidades, se preparan, ajustan sus discursos, están expectantes, hacen cuentas de los réditos electorales que puede generar al tomar partido. Esperan su oportunidad.

Salieron las marchas, madres y padres furiosos, indignados portando carteles con mensajes en defensa de la familia tradicional, defendiendo la niñez de ese engendro del demonio que hizo esas cartillas que ninguno conoce. En dichas caminatas iban pastores, curas, laicos, políticos de barrio, juntas de padres de familia y lastimosamente profesores. Sí, educadores que tampoco conocen las cartillas, pero, ¡hay que luchar contra ellas! Qué bueno que marchen y se manifiesten en defensa de la niñez, pero, ¿llevar a los niños? Llevar a esas inocentes criaturas a una manifestación de odios y fanatismos encubiertos, me parece un despropósito, máxime cuando hay consignas, gritos, expresiones y carteles que piden la protección de esa infancia, pero hay otros discriminatorios, llenos de odio, insultantes y vulgares. Los manifestantes que llevaron a sus pequeños se habrán preguntado: ¿Qué enseñanza tuvo su hijo al asistir a la marcha?

Me asiste la duda: ¿Alguno de los indignados ha leído el Informe anual de UNICEF Colombia 2015 publicado este año? ¿Sabrán que en Colombia se dan 932.000 nacimientos anuales? Y que de ellos el 51% son niños y 49% niñas. ¿Les inquietará el que cerca del 9% de esos niños nacen con un peso inferior a 2.500 gramos? Y que esto es uno de los principales riesgos para la mortalidad de bebés recién nacidos. ¿Les quitará el sueño saber que 1 de cada 10 niños en Colombia sufre desnutrición crónica? ¿Que los casos registrado de violencia sexual a niñas y niños en el 2014 fue de 18.116 y que son datos sub registrados, pues los padres y familiares prefieren ocultarlos? ¿Desayunarán tranquilos sabiendo que durante el conflicto armado de más de 50 años los datos nacionales muestran que de los 7,6 millones de personas registradas como víctimas del conflicto, 2,5 millones, es decir 1 de cada 3 son niños? ¿Se entristecerán al saber que desde 1.990 las minas terrestres y municiones sin detonar y artefactos explosivos han matado y herido a más de 11.000 personas, incluyendo más de 1.100 niños? ¿Qué sentirían si supieran que los niños y niñas menores de 5 años representan 1 en 10 del número total de asesinados, secuestrados, desaparecidos y torturados y 1 de cada 5 desplazados? ¿Sabrán acaso que la deserción escolar está en el orden del 3,6%?

No, nada de eso interesa a la turba enardecida ni a los impulsores del odio y la discriminación, eso no les interesa a los pastores y religiosos que azuzan a la grey, pues esas cifras no suben su rating ni suben los diezmos a pagar. Estos datos no los publican los medios ni el youtuber de gafas rosadas y poses afeminadas, que exultante de alegría, festejaba en las redes lo multitudinaria de las marchas y desafiaba a las Cortes y al mundo, y a quienes pensaran diferente. Nada del informe inquieta al Procurador Ordóñez ocupado como está de su campaña electoral.

Razones como ésta fueron las que llevaron Friedrich Nietzsche a pensar: "El fanatismo es la única fuerza de voluntad que puede ser infundida en los débiles y en los tímidos".

 

Diógenes Armando Pino Ávila

@Tagoto 

Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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