Sábado, 27 de may de 2017
Valledupar, Colombia.

Acaba de terminar el pasado 14 de Agosto la versión 32 del Festival Nacional de La Cumbia, José Benito Barros Palomino, entre muestras de baile, presentaciones de artistas de diversos lugares del país, concursos de canción inédita y baile, conversatorios con personalidades de la talla de Totó La Momposina y Gloria Triana, la coronación de una nueva Emperatriz de La Cumbia y la angustia constante y, en apariencia, insalvable por la búsqueda del apoyo irrestricto de las autoridades que de manera efectiva conviertan en una realidad política, social y cultural el hecho jurídico de la declaratoria del Festival como Patrimonio Cultural de la Nación.

Sin embargo, no es claro el papel que juega el Festival de El Banco en la Depresión Momposina y en la Región Caribe en general, para la conservación y la mayor difusión de la música folclórica de tambores de la Costa Atlántica, ya que por parte de la Fundación que lo organiza y lo ejecuta no hay trabajos en el ámbito formativo y en la estimulación de los gestores culturales que, regularmente, con las uñas, adelantan esta formación.

La cumbia y la mayoría de las músicas de tambores de la Costa Atlántica son parte fundamental del Carnaval de Barranquilla, evento que a pesar de estar ya declarado como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad y, por consiguiente, tener él y la Fundación que lo organiza mayores recursos de los cuales servirse, tampoco realizan actividades formativas en las poblaciones que lo alimentan con sus expresiones, actividades que permitan estimular, salvaguardar y promover estas expresiones. Para prueba de ello se pueden citar los padecimientos que sufren, año a año, el Grupo Kosta Azul de Playas Blancas, corregimiento de Guamal Magdalena, que hace su participación en el Carnaval de Barranquilla con la danza de Indios Mansos, ganadora en múltiples ocasiones del Congo de Oro en la modalidad de Danza Tradicional y la misma Danza de Las Farotas de Talaigua Nuevo, Bolívar, que es, quizás, la danza Tradicional más emblemática y representativa del Carnaval. No cuentan con un hospedaje digno, con un transporte cómodo y un patrocinio generoso que se compadezca con su aporte e incluso a la explotación comercial de su imagen en la promoción de este evento a nivel nacional e internacional.

Queremos señalar la falta de compromiso de los gestores de estos dos eventos de trascendencia nacional e internacional con quienes hacen posible la realización de estos mismos: Músicos, bailarines y actores culturales en general. La salvaguardia del Patrimonio Inmaterial es un tema que en la actualidad se encuentra en los discursos políticos y académicos, sin llegar a ser una cuestión que logre salirse del discurso para llegar a tener un impacto real en las comunidades y grupos de base.

El señalamiento que se hace en cuanto a la falta de apoyo trasciende la solvencia de cuestiones logísticas durante la participación en un evento, para enfocarse en la organización y formalización de los grupos, capacitación y profesionalización de sus actores y gestores, enseñanza de los distintos ritmos, bailes e incluso vestuarios tradicionales, distinguiendo estas de las proyecciones o adaptaciones que se puedan hacer de las mismas en las cuales se acentúan y exageran los gestos, dándole mayor teatralización a las representaciones, desdibujándose, aunque en menor grado que en las músicas vallenatas, la esencia de las expresiones que han definido la rica cultura del caribe colombiano.

Dentro de esta formación se debe enfatizar en la clarificación de que no todas las músicas tradicionales de tambores del caribe colombiano deben llamarse genéricamente Cumbia, puesto que entre estas hay ritmos tan disímiles como: Perillero, Chalupa, Puya, Porro, Berroche, Bullerengue, Zambapalo, Pajarito, Tambora, Gaita, etc. Así como tampoco existe una formación instrumental excluyente, ya que los tambores se pueden acompañar de Gaitas (Hembra y Macho) y Cañas de Millo. Se deben investigar las afinidades y diferencias musicales entre los distintos tipos de cumbia que se interpretan, entendiéndose por el instrumento que lidera la agrupación: Millo, Gaita, Acordeón y a las creadas pensando en las grandes orquestas, como las de los maestros Lucho Bermúdez y Pacho Galán.

Se debe aclarar, además, que lo que se interpreta y se baila en los desfiles de la Vía 40, por las afamadas Cumbiambas, no es cumbia debido a que el tempo de estas es mucho más rápido, lo que lleva a cambiar la interpretación, sobre todo en la parte percutiva, y sus coreografías obedecen a un montaje pensado para desplazamientos lineales y no circulares, como lo demanda la tradición. Con esto se evitaría que la pauta que marcan estas por su masificación termine desvirtuando la interpretación tradicional que aún se conserva en los pueblos, sobre todo de La Depresión Momposina.

Se ha estado adelantando un proceso para la declaratoria de la Cumbia como Patrimonio Oral e Inmaterial de La Nación, del cual se espera, en primer lugar, que no sea excluyente de los demás ritmos o músicas tradicionales de tambores del caribe colombiano, como tampoco de las diferentes organizaciones instrumentales de los conjuntos que interpretan estas músicas, ni se llegue a fosilizar y academizar el fenómeno cultural, restringiendo sus expresiones a una forma de interpretación y composición que las pretenda volver estáticas, desconociendo el valor de las nuevas revisiones y/o fusiones de las diferentes músicas tradicionales entre sí y de estas con otras expresiones culturales.

La cumbia, las músicas tradicionales de tambores del caribe colombiano, necesitan de espacios como el Festival Nacional de La Cumbia y el Carnaval de Barranquilla, más que como un show mediático o un montaje de entretenimiento, como espacios de discusión y análisis, retroalimentación e intercambio y fortalecimiento de los lazos relacionales y artísticos entre los diferentes grupos y actores de estas expresiones en los cuales se pueda conocer y reconocer la diferencia entre las distintas formas de interpretación de estas músicas. 

Si se logra el cometido, necesario y merecido, de la declaratoria de la Cumbia como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Nación, se espera que estos recursos no se pierdan en burocracia rimbombante y se destinen a lo que en realidad se necesita para poder seguir guapirriando una cumbia sabrosona a la orilla del río en una madrugada calurosa y mágica.

 

Luis Carlos Ramírez Lacarro

@Luiskramirezl

A tres tabacos
Luis Carlos Ramirez Lascarro

Luis Carlos Ramírez Lascarro nació el 29 de junio de 1984 en la población de Guamal, Magdalena, Colombia. Es técnico en Telecomunicaciones y tecnólogo en Electrónica. Estudia actualmente Ingeniería de Telecomunicaciones y trabaja para una empresa nacional de distribución de energía eléctrica. Finalista de la cuarta versión del concurso Tulio Bayer, Poesía Social sin Banderas, 2005, en cuya antología fue incluido con el poema: Anuncio. Finalista también del Concurso Internacional de Micro ficción “Garzón Céspedes” 2007. Su texto El Hombre, fue incluido en el libro “Polen para fecundar manantiales” de la colección Gaviotas de Azogue de la CIINOE, antología de los finalistas y ganadores de dicho concurso, editado en 2008. El poema Monólogo viendo a los ojos a un sin vergüenza, fue incluido en la antología “Con otra voz”, editado por Latin Heritage Foundation. Esta misma editorial incluyó sus escritos: Niche, Piropo y Oda al porro en la antología “Poemas Inolvidables”, de autores de diversos lugares a nivel mundial. Ambas ediciones del 2011. Incluido en la antología Tocando el viento del Taller Relata de creación literaria: La poesía es un viaje, 2012, con los poemas: Confidencia y guamal y con el texto de reflexión sobre poesía: Aproximación poética. Invitado a la séptima edición del Festival Internacional de Poesía: Luna de Locos de Pereira (2013) e incluido en la Antología nacional de Relata, 2013, con el poema: Amanecer.

Es autor del libro, publicado de manera independiente: El Guamalero: Textos de un Robavion y de los libros aún inéditos: Confidencia y Libro de sueños.

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