Miércoles, 26 de jul de 2017
Valledupar, Colombia.

Gustavo Petro en Valledupar / Foto: archivo PanoramaCultural.com.co

Desde el año 2010 no volvía a Valledupar. Quizás debido a ese lapso de tiempo, se entienden los “vivas” que acompañaron la entrada de Gustavo Petro en la sala de conferencias del Hotel Sicarare. O tal vez por verle finalmente liberado del peso de una alcaldía que, aunque parezca lejana, sigue retumbando en las emisoras y canales televisivos de la costa Caribe con un eco quejumbroso.

Seis años de ausencia son suficientes para que el mundo cambie. Y en efecto, el territorio en el que aterrizó el ex-alcalde el pasado 24 de agosto poco tiene que ver con el que conoció en su última visita. Valledupar ya no es la urbe del 2010. Su parque de viviendas y comercios se han duplicado, y se enfrenta a nuevos retos. Retos tan grandes como los que deja atrás.

Y Gustavo Petro no llega cualquier día. Simple casualidad o algo premeditado, lo cierto es que el 24 de agosto del 2016 será recordado coma una fecha de gran interés histórico. El presidente Juan Manuel Santos y los representantes de las FARC reconocen, por fin, ese mismo día, haber concluido satisfactoriamente sus negociaciones para un acuerdo de paz definitivo, y este anuncio no puede pasar desapercibido en una zona como la de Valledupar, una ciudad que ha conocido los efectos de la violencia armada en primera persona.

Tampoco debe ocultarse el contexto climático que vive el Caribe colombiano. Los fenómenos del Niño y la Niña se han ganado la atención de muchos (aunque se sigue desconociendo el fondo del problema). La sequía asola los agricultores de tal forma que ciertos sectores hablan de la mayor crisis de las últimas décadas. Los ríos y otros puntos de agua se secan a un ritmo alarmante. Y, por lo visto, esto sólo es la punta del iceberg. 

“Somos nosotros, los humanos, los responsables”, explica Gustavo Petro ante una audiencia que oscila entre la actitud ceremoniosa y el deseo de debatir. A continuación, el conferenciante describe el modelo industrial actual para contextualizar la magnitud del problema: efectivamente, vivimos en medio de un sistema depredador que produce casi todo en cantidades gigantescas, sin frenos, sin miramientos, y que destruye el planeta Tierra, como si éste pudiera intercambiarse por otro.

Resulta extraño ver a un político hablar del cambio climático en el departamento del Cesar y cuestionar al mismo tiempo las bases del sistema capitalista. Hasta ahora, los discursos y acciones de los funcionarios locales o de los políticos en campaña se centran habitualmente en el nivel de agua del río que atraviesa la ciudad, dos o tres selfies con comentarios alarmantes o esperanzadores (según la época del año), y el anuncio de una siembra masiva de árboles para paliar algunos efectos inmediatos.

Sin embargo, toda conversación profunda sobre el calentamiento global termina enfocándose en unas conclusiones evidentes: la necesidad de realizar grandes reformas en nuestro sistema productivo (y de consumo). El margen de tiempo es muy leve y los síntomas del calentamiento ya son notables. “El clima se vuelve loco –explica Gustavo Petro–. Los ciclones van dejando las zonas tórridas para alcanzar otros lugares. Se forman sequías como la que acabamos de ver. O de pronto, cae un granizo enorme como nos tocó vivir en Bogotá”.

El ejercicio que propone Gustavo Petro para entender la urgencia del momento consiste en valorar el impacto del calentamiento sobre los territorios más cercanos a corto y mediano plazo. “Si las aguas empiezan a desaparecer, ¿qué pasa con la agricultura? ¿Qué pasa con el agricultor que tiene que sostener a toda una familia?”, inquiere Petro a una audiencia sin respuestas. Entonces, aprovechándose de ese silencio dubitativo, suelta otra pregunta fundamental: “¿La población del Cesar es consciente que su territorio se va a convertir en un desierto?”.

La desertificación que auguran muchos expertos en el departamento de La Guajira y el Cesar, ya es una realidad en gran parte de la región Caribe. Los casos de campesinos del Bolívar y Magdalena obligados a irse a otros departamentos a probar suerte son conocidos y obligan a una reflexión incómoda. “El desplazamiento que causó el paramilitarismo hace unos años en el Bolívar lo está causando ahora el calentamiento global”, explica.  

Según Gustavo Petro, las soluciones ofrecidas hoy en el debate público no responden a la gravedad de la situación. “El modelo que está siguiendo Colombia daña a la Humanidad –explica–. Si la economía, por su lógica de acumulación, nos está matando, dentro de 10 o 20 años será mucho peor”.

El tiempo que Petro estuvo en la alcaldía de Bogotá le sirvió para entender la importancia que supone el cambio climático para cualquier administración. Su viaje a la cumbre climática COP21 (en París) a finales del 2015, le enfrentó a la realidad de las políticas debatidas a nivel global: las políticas de mitigación (aquellas que buscan frenar o detener la emisión de gases a la atmósfera) y las de adaptación (aquellas que buscan limitar el impacto sobre las poblaciones).

En el caso de la costa Caribe, las recomendaciones son claras: “Si queremos mitigar, deberíamos cambiar la energía termoeléctrica por el sol. Estamos en una región con mayores ventajas comparativas para aprovechar la energía solar… Pero, ¿cuántos paneles solares hay en Valledupar”.

Del mismo modo, la búsqueda de un modelo sostenible implica también cuestionar ciertos de los cultivos que abundan en el departamento del Cesar y en el resto de la costa Caribe –como la palma o el arroz–,promover el uso de la bicicleta y del transporte público que menos contamina; pero también pensar en las zonas de arborización. ¿Dónde y cuántos árboles sembrar?

La mayor inquietud del ex-alcalde de Bogotá es que el calentamiento global no consigue hacerse un espacio en la agenda política del país. “Yo estuve en La Habana [en los diálogos de paz entre el gobierno y las Farc], propuse ese tema –explica Gustavo Petro–, y no pareció ser interesante”. Lamentablemente, la fatalidad que muchos perciben en departamentos de la costa Caribe, y el trasfondo de reformas que supone, todavía no son asimilados por los representantes políticos de las principales instituciones.   

A estas alturas, y en este contexto, las palabras del ex–alcalde de Bogotá se revisten de una nota alarmante. “El calentamiento es un tema de vida o muerte en Colombia”. Las políticas que apuestan por el inmovilismo son las que persiguen la muerte, mientras que las que buscan la renovación ecológica son las de la vida. Y por estas mismas políticas los electores deberían evaluar a los partidos que se presentan en las elecciones. ¿Cuáles son los que defienden la vida con propuestas que realmente apuntan en esa dirección?

 

Johari Gautier Carmona

@JohariGautier     

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