Sábado, 18 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

Cuando se busca dar una opinión sobre el vallenato se suele dar, casi siempre, desde el punto de vista literario, no musical. Y, dejando un poco de lado el aspecto rítmico, presentaré un recorrido por distintas épocas de la composición en la música que genéricamente llamamos vallenata, para tratar de entender el problema que tiende a plantearse entre el Fondo y la Forma en las canciones vallenatas, tildándose de manera general a las canciones de la llamada Nueva ola del vallenato como malas, ofensivas y degradantes de la mujer y la tradición.

Sobre la tradición ya he dado mi visión en los artículos: Vallenato Clásico, Los Juglares y Del Vallenato lírico, el Vallenato Romántico y el Vallenato Llorón. Revisaré en adelante si, efectivamente, sólo las canciones de los últimos 10 o 12 años degradan a la mujer en sus letras y a la tradición compositiva vallenata en general.

La denominada Nueva Ola del Vallenato es una etiqueta de valoración que ha terminado por convertirse en negativa y como todas las etiquetas es genérica, sin especificaciones, nacida a partir del título de una canción de Alejo Durán, tenido como uno de los más tradicionales y representativos juglares de la música vallenata. Curioso y significativo.

Curioso que una canción de quien, precisamente, respetaba la evolución estilística en el vallenato, a pesar de su resistencia personal al cambio, sea la que nombrara a ese nuevo, renovador y fugaz movimiento. Y es, a la vez, muy diciente puesto que ese movimiento, a pesar de su frescura interpretativa, arriesgadas puestas en escena y apertura a nuevos horizontes rítmicos para sus fusiones, en varios sentidos volvió a las raíces, principalmente en su tratamiento del lenguaje, que volvió a ser directo y llano para expresar los sentimientos de manera más cercana y por ello no menos poético, centrándose, resaltando y de alguna manera reivindicando sus contextos, crecientemente proscritos del canon vallenatologico.

En la revisión desde el punto de vista literario de la composición vallenata se pueden establecer cinco momentos más o menos claramente definidos en función del medio en el que se desarrolló la vida y la obra compositiva del autor, así: Campo, Pueblo, Ciudad incipiente, Ciudad en proceso de consolidación y Ciudad inmersa en la globalidad. Los compositores que, sin ningún tipo de reparo, están incluidos actualmente en el Parnaso vallenato están ubicados vivencialmente hasta el espacio que he denominado Ciudad en proceso de consolidación y que corresponde, cronológicamente, con aquellos nacido hasta la década del 60 del siglo pasado y, a lo sumo, con algunos nacidos en la del 70, como puede ser el caso de Wilfran Castillo y Felipe Peláez.

Los nacidos en tiempos más recientes o que han tenido su vigencia en lo que va del siglo XXI e incluso algunos de los pertenecientes a esa generación de la Ciudad en proceso de consolidación, están todos cubiertos por un manto más que de duda de sospecha, marginados en el ideario colectivo y siendo señalados de haber acabado con el vallenato.

Buscando poner de manifiesto que incluso en la época dorada del vallenato se produjeron canciones que, si se analiza con detenimiento, más allá de su forma, obviando el tipo de lenguaje, se pueden considerar denigrantes para la mujer, presentaré fragmentos de cuatro canciones, a saber: Amor Comprado, Materialista, Marianita y La Pelusa.

El maestro Armando Zabaleta en el clásico Amor Comprado, grabado por Jorge Oñate y El Chiche Martínez en 1978, canta:

¡Ay!, yo no me atrevo a irte a visitar 
porque tú dices, porque tú dices, 
que en hombre pobre no puedes pensar 
porque es muy triste, porque es muy triste. 

Pero es más triste que una mujer 
se entregue a un hombre por interés, 
porque ese hombre no la puede querer, 
pero ni ella puede quererlo a él.

En una composición sumamente reciente el activista y cantautor venezolano Manuel Ignacio Mendoza, en la voz de Silvestre Dangond y Nick Rivera, nos presenta una versión actualizada, en las referencias contextuales, de este mismo drama de amor comprado, en la canción Materialista que, si bien no es estrictamente vallenata, hace parte de las fusiones urbanas a las que le han apostado los más jóvenes intérpretes en respuesta a las exigencias y competencia del mercado.

Ayer pregunté por ti, pa’ saber cómo te va. 

Me dicen que estás feliz, viajando de aquí pa’ allá 
que tienes cuenta en Beijing, en Suiza y en Panamá, 
mansión en Beverly Hills y un yate que tiene spa.

Pero me ha llegado un mensaje de texto 
que dice: Me haces falta y extraño lo nuestro. 
Y cuando lo leo me digo ¿Qué es esto? 
¡No olvides que cambiaste amor por presupuesto! 

Ambas canciones, con sus más de treinta años de diferencia, y sin detenerse a realizar un análisis exhaustivo de su contenido nos dan cuenta de la misma realidad vital, de la misma encrucijada y el mismo sufrimiento. Cabe la pregunta, entonces, sobre el ¿Por qué es válida, bien vista y celebrada una y la otra no?

El abogado y compositor de La Jagua del Pilar, Juan Segundo Lagos, de la mano de los desaparecidos Héctor Zuleta y Adaníes Díaz, en otro rotundo clásico del vallenato, nos muestra otra cara de la “maledicencia vallenata” en contra de la mujer, en la canción Marianita, que en su final dice descarnadamente:

Hoy está en la cárcel

un borracho que quitó la vida 
a un hombre en el parque,

que paseaba a su novia querida.

 
Y ella era Mariana,

la niña que anoche quedó sin prometido. 
Y a los quince días contenta la encontré, 
con otro hombre que en sus redes fue a caer, 
paseando en el parquecito.

 
Y por el sentí bastante compasión,

porque aquellos que gozaron de su amor 
miren que suerte tuvieron:

Uno en el cementerio y otro en prisión. 

Veintitrés años después, el más representativo de los intérpretes de la Nueva Ola del vallenato, Kaleth Morales, grabaría una nueva visión de la infidelidad femenina en el celebérrimo tema La Pelusa de Lucho Alonso en el cual no sólo se sigue la misma línea temática sino que, a diferencia del tema de Lagos, no se muestra la resignación ante la fatalidad de los hechos trágicos que desencadena la falla de la amada, sino el fastidio y la exigencia del alejamiento preventivo entre los implicados en la relación disfuncional:

Se te va a acabar ese juego que tienes, 
ya no aguanto más que juegues con mi vida. 
Te di mi verdad, pero tú a nadie quieres, 
fui tu vacilón, cuando yo te quería. 

No voy a negar que tu gracia la tienes: 
Eres natural, elegante y bonita. 
Pero eres un mal que había que detenerte, 
busca tu lugar, y quédate tranquila.

 
Muy bien que te pase por ser tan ilusa, ilusa. 
Meterte conmigo teniendo a tu novio.

¡Ay a tu novio, ay pobre novio¡ 

Todos saben que tú eres una pelusa, 
que lo engañas, que le mientes,

para verte… con el uno y el otro.

Atendiendo a que el mensaje de fondo de estas y otras canciones de épocas pasadas y recientes del vallenato son esencialmente los mismos, paso a creer que el problema de la predilección por las canciones que pertenecen a la “época de oro” o anteriores obedece en parte a la nostalgia y en parte a la predilección por el lenguaje elaborado que hizo escuela a partir de los compositores de corte lírico, ciertamente ya en desuso en las producciones y que, al contrario de lo que se cree o pretende no es la regla general en la estilística vallenata.

En otra orilla de las canciones de épocas recientes, indagando en aquellas referentes al amor y pasando a revisar si, en realidad, estás canciones, de manera general, son esencialmente malas, quiero presentar tres canciones que pueden ejemplificarnos que el movimiento de La Nueva Ola, en su esencia, no mató al vallenato como muchos dicen, ni todas sus canciones son malas, de la misma forma que no todas las de épocas pasadas son buenas.

Silvestre y Juancho llevaron al acetato la canción Despierto de Lucho Alonso, en la que se nos muestra una declaración de amor que, paradójicamente, al verse truncada al despertar del amante cumple su objetivo final de revelarse al objeto de su aprecio y su deseo:

Estamos solo y te acercas un poco a mí 
y te pregunto lo que no se pregunta hoy.
Y en el momento justo cuando dices que sí, 
suena un timbre y enseguida despierto yo.

 

Y despierto, porque todo ha sido un sueño, 
porque el mundo no es tan bello, 
y que todo se termina.

 
Y me quedo otra vez mirando a la pared 
y no puedo dormir, y me siento morir,  
y me siento perder…

Porque todo mi mundo es infierno. 

Kaleth Morales grabó las siguientes dos canciones, Culpable de tu amor del también desaparecido Leonardo Gómez y Anónimo, de su propia autoría. En la primera canción nos encontramos con una tierna y conmovedora declaración de amor, además correspondido.

Hoy te pienso un poco más de lo normal. 
¿Será porque hay un tanto más de amor en mí, 
o será que se me hace insoportable el extrañarme junto a ti? 
Hoy colocare a Dios de testigo de este sincero amor 
porque solo él y yo sabemos que por ti ahora soy tan feliz.

 

Voy a convertir mis noches en canciones, 
que harán saber el mundo cuanto te ama este hombre 
que solo piensa en complacerte en todo lo que quieras. 

 

Suavemente doy dos vueltas en mi cama 
pensando en las caricias que mi mente guarda 
de aquellas tardes en que todo tu amor solías brindarme.


Y ya necesito de un beso y de un millón de abrazos 
que hagan salir el fuego que ahora me está quemando.

En la segunda canción el autor que me sorprendió con los versos paradojales me siento el rey de la soledad, soy el patrón y el dueño de na’, es como estar en ningún lugar, vivo en el limbo… se inscribe en una discreta tradición de la música vallenata que se encarga de reflexionar sobre el folclor mismo y el quehacer musical, acercándose a Alejo Duran y Emilianito Zuleta, quienes le cantaron de distintas maneras, aunque cercanas, a sus acordeones. Kaleth, le cantó así a su querida guitarra:

La que para no ver triste a la gente 
siempre oculta todas sus tristezas, 
es mi amiga y también confidente. 


La que soporta que a veces la deje 
por no querer llevarla a una fiesta, 
con tan solo tocarla estremece. 

 

Y aunque no comprenda todo lo que le digo, 
siempre ocupara un lugar muy dentro de mi alma. 
Y aunque yo tampoco no la entienda un poquito 
sé que cuando no estoy a su lado me extraña.

 

Hoy van a saber cuánto la quiero yo, 
hoy van a saber que me importa mucho. 
Si, por ella fue que todo cambio, 
cuando apareció en mi mundo.

Revisando estas canciones producidas en el marco de La Nueva Ola del Vallenato, se vuelve a presentar la inquietud respecto al criterio usado para determinar la calidad o la validez de una canción dentro de un marco de referencia que se pretende inamovible. Razones de peso no hay para descalificar estas canciones, ni a muchas otras producidas a finales del siglo XX o principios de este, centrándonos en lo meramente literario y haciendo una revisión poco sesgada de los contenidos de las letras de las canciones.

En ningún momento pretendo sostener que todas las canciones de las épocas más recientes del vallenato son buenas, ni pretendo que se les considere a estas o sus autores como clásicos sin cumplir los requisitos mínimos que yo mismo he enumerado en otros artículos. Lo que si pretendo es que no se generalice al descalificar lo nuevo ni al engrandecer lo viejo, porque ni lo uno ni lo otro son absolutos para bien o para mal.

El problema, si lo revisamos con cautela, de la calidad de las canciones vallenatas se va decantando por el lado de la forma en la que es presentada la forma de los temas, la forma de los poemas. Esta no es toda la esencia del poema, es solo una de sus partes y debe dársele su justa medida. Una forma más o menos elaborada no califica o descalifica a un poema, sólo lo diferencia frente a otro.

Seamos un poco más justos al valorar las obras de nuestros artistas si pretendemos consolidar al vallenato como una expresión viva de carácter patrimonial, de lo contrario lo terminaremos de convertir en un fósil, en una pieza de museo que no nos transmite nada más allá de sus tiempos idos.

 

Luis Carlos Ramírez Lascarro

@Luiskramirezl 

A tres tabacos
Luis Carlos Ramirez Lascarro

Luis Carlos Ramírez Lascarro nació el 29 de junio de 1984 en la población de Guamal, Magdalena, Colombia. Es técnico en Telecomunicaciones y tecnólogo en Electrónica. Estudia actualmente Ingeniería de Telecomunicaciones y trabaja para una empresa nacional de distribución de energía eléctrica. Finalista de la cuarta versión del concurso Tulio Bayer, Poesía Social sin Banderas, 2005, en cuya antología fue incluido con el poema: Anuncio. Finalista también del Concurso Internacional de Micro ficción “Garzón Céspedes” 2007. Su texto El Hombre, fue incluido en el libro “Polen para fecundar manantiales” de la colección Gaviotas de Azogue de la CIINOE, antología de los finalistas y ganadores de dicho concurso, editado en 2008. El poema Monólogo viendo a los ojos a un sin vergüenza, fue incluido en la antología “Con otra voz”, editado por Latin Heritage Foundation. Esta misma editorial incluyó sus escritos: Niche, Piropo y Oda al porro en la antología “Poemas Inolvidables”, de autores de diversos lugares a nivel mundial. Ambas ediciones del 2011. Incluido en la antología Tocando el viento del Taller Relata de creación literaria: La poesía es un viaje, 2012, con los poemas: Confidencia y guamal y con el texto de reflexión sobre poesía: Aproximación poética. Invitado a la séptima edición del Festival Internacional de Poesía: Luna de Locos de Pereira (2013) e incluido en la Antología nacional de Relata, 2013, con el poema: Amanecer.

Es autor del libro, publicado de manera independiente: El Guamalero: Textos de un Robavion y de los libros aún inéditos: Confidencia y Libro de sueños.

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