Viernes, 18 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

La ciudad estremecida

bajo la lluvia

como tu cuerpo bajo mi mano

la dulce y violenta capital

de la poesía y el crimen

donde se dan los poetas

como las orquídeas

y te habita con sus dolorosas

o enternecidas calles bajo los árboles

la que miras desde tu ventana

bajo un cielo eléctricamente azul

y que llevas de la mano

del amor en donde reposan los

huesos del tiempo en los cementerios

bajo las hojas podridas del otoño.

La ciudad es lo que llevamos

por dentro en cada uno de nosotros. 

La ciudad es el escenario y el imaginario por excelencia de la literatura moderna. Como es sabido, Walter Benjamín en su libro Poesía y Capitalismo, señala cómo Paris se hace por primera vez tema de la poesía.

Desde las Flores del mal de Charles Baudelaire, la ciudad se convierte en imaginario y escenario de la poesía, porque la ciudad es la representación de la civilización. Unamuno señalaba que es “la civilización en su estricto sentido, en el sentido de hacer a un pueblo civil, ciudadano, dotado de espíritu de ciudad”. Un poeta canta así la ciudad:                      

Antes que piedra y que madera y hierro

la ciudad era espíritu.

La poesía lírica urbana es de raíz baudeleriana:

Sueño con una ciudad de tejas rojas

donde una mujer sola como yo sueña. 

cantaba otro poeta.

La primera ciudad que cantan los poetas en la poesía moderna, es la ciudad marginal, subterránea donde el poeta se identifica con los alcohólicos, los ladrones, los anarquistas o las prostitutas, para luego cantar la ciudad deshumanizada, la de las multitudes, el miedo y el ruido. Es célebre el libro Poeta en Nueva York de Federico García Lorca, donde la ciudad es el hábitat natural del hombre moderno, que canta en medio de la bohemia, que no es otra cosa que una forma de vida intelectual de la ciudad moderna.

Rolands Barthes señalaba que son los poetas los que en la tradición literaria, han dejado más datos necesarios para sus investigaciones que los geógrafos.1. La ciudad cantada por la poesía o narrada por la novela, es la ciudad que registra la vida cotidiana del hombre, sus sueños, sus muertes y sus desarraigos:

AL AIRE LIBRE

Al aire libre esta ciudad del mundo

amanece con sus árboles llovidos       

y sus despiadados suicidas en la página roja

con sus tristes golondrinas del verano

que revolotean al sol y sus niños que duermen

a papel periódico a las puertas de los bancos

con su cielo abierto como mar y sus crímenes

pasionales en sombrías habitaciones.

Al aire libre esta ciudad del mundo

amanece con sus ascos, sus amores y sus vientos.

La poesía de la ciudad antigua donde se canta su fundación, sus héroes, sus murallas y sus maravillas no es la heredera de la poesía baudeleriana. Al poeta moderno le interesa más la ciudad íntima, clandestina, la ciudad de la vivencia urbana, narrar los episodios urbanos donde las imágenes son los amantes, los niños o los vagabundos. [2]

La ciudad que a veces se reconoce en los poetas; Alejandría y Cavafis. Lisboa y Pessoa, Borges y Buenos Aires, fue imaginada por la novela y la poesía como una construcción del lenguaje que la crea. La ciudad es una construcción de la imaginación  en la tradición literaria. Una ficción del poeta o el novelista, pero no por eso es menos real, en comparación con  la ciudad que existe,  que a veces puede ser mucho más real que la ciudad que está en la calle, porque la ciudad que existe en los libros, es menos dura o violenta.

La ciudad es la infancia del poeta, porque en el lenguaje permanece la imagen o el imaginario de la ciudad. La ciudad de las cigarras para el poeta de comienzos del siglo XX, es la ciudad del smog, para el poeta de comienzos del siglo XXI. La sensibilidad es histórica, las ciudades cambian, se transforman pero permanecen en el lenguaje, como el poeta o el novelista las vivieron, las soñaron, las recrearon o las imaginaron. La ciudad como imaginación y escenario que se construye palabra a palabra como ladrillo sobre ladrillo.

EL POETA Y LA CIUDAD

El poeta como

los buitres escarba

en la carroña

de las palabras.

Con bufanda al cuello

blue jeans y zapatos de gamuza

sale a aspirar la ciudad

por los poros

y a retratarla con la memoria

y llevarla en el corazón

como la herida de un viejo amor

o una cicatriz de arma blanca

y mira los árboles y las palomas

al vuelo de la tarde

que le recuerdan escribir

un poema bajo la lluvia

porque es un  solitario enamorado

hasta de la caída de las hojas

de los árboles

y un eterno sentimental

cuando ve los caballos

pastando en la hierba

y lleva como una flor

en el ojal la ternura

que trabaja a diario como

una caja de herramientas

de electricista

fuma a deshora

y entre la multitud

se adentra en el corazón de la ciudad.

La poesía urbana es como la imagen cinematográfica, donde la vida urbana se parece más a la vida real. Estanislao Zuleta señalaba en una entrevista sobre ciudad y literatura, como la ciudad es una forma de vida inevitable y cuenta que cuando Hegel estuvo en Paris,  le escribía cartas a su esposa en la que se mostraba aterrado  por el sentido de impersonalidad que se genera en la ciudad por las multitudes, se sentía mal estar en medio de la gente que camina para todos lados y que él no sabe quién es y, cuenta además, de cómo Engels en un estudio sobre la clase obrera en Inglaterra, describe a Londres donde se siente aterrado de cómo puede estar junta tanta gente que no se conoce.

En el mundo griego, señala Zuleta, la ciudad era una entidad ética. La ciudad era algo que pertenecía al individuo y el individuo pertenecía a la ciudad. Para el hombre moderno la ciudad no es una entidad ética, es un refugio, una situación, un hecho porque en la ciudad moderna nadie sabe quién es. Para los griegos la ciudad era una referencia de  identidad. Vivimos en las ciudades pero no nos reconocemos en ellas, ni tenemos sentido de pertenencia.

La ciudad significa una pérdida de la identidad, una disolución en la masa, en la circulación, en el anonimato de los apartamentos. En la ciudad uno pierde la identidad, se olvida de quien es, en síntesis, no es de allí [3]. La novela y la poesía moderna narra el dolor de existir, pero también la maravilla de estar vivos en la ciudad.

 

Antonio Acevedo Linares  

    

Referencias

1. Citado por José Ángel Silleruelo. El poeta en la ciudad. Pág web, 2003.

2. Ibíd.

3. Conversaciones con Estanislao Zuleta. Fundación Estanislao Zuleta .Cali, 1997. La ciudad del encuentro y la aventura. Entrevista, Medellín, 1982.

Cultura & Sociedad
Antonio Acevedo Linares

Antonio Acevedo Linares (El Centro, Barrancabermeja, Colombia, 1957).Poeta, Ensayista y Sociólogo. Profesor universitario. Magíster en Filosofía Latinoamericana con especialización en Educación Filosofía Colombiana de la Universidad Santo Tomás y especialización en Filosofía Política Contemporánea del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia. Ha publicado los libros de poesía y ensayos: Plegable # 1 (Poesía), 1987; Arte Erótica, 1988, Plegable # 2 (Poesía) 1990, Plegable # 3 (Poesía) 1994, Sociedad de los poetas, 1998. Plegable # 4 (Poesía) 1999. Los girasoles de Van Gogh, Antología poética, 1980-1999. Vol.1, 1999, Plegable # 5 (Poesía) 2000, Plegable # 6 (Poesía) 2001, Poesía de viva voz (CD) 2004, Atlántica, Antología poética, 1980-2004. Vol.2, 2004, En el país de las mariposas, Antología poética, 1980-2007. Vol.3, 2007, Por la reivindicación del cuerpo y la palabra, (Reseñas criticas) 2008.La pasión de escribir (artículos, ensayos y entrevistas poetas y escritores colombianos) 2013. La poesía está en otra parte, 2016.

[Leer columna]

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