Jueves, 29 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

No se entiende como un país como el nuestro, en pleno siglo XXI, haya todavía gente que se niega a pensar y concebir una Colombia sin guerrillas, no tienen claro el panorama mundial, no conocen la historia, son apasionados que solo obedecen a su instinto animal de justificar la agresión y ver al otro como el enemigo.

Decir que nuestro país es el único territorio en Latinoamérica que tiene todavía un conflicto de guerrillas, debería darnos vergüenza, cuando en el resto del mundo los países como: Irlanda, Nepal, Filipinas, el Congo, Kenia, el Salvador y Guatemala, para tener referencias de sus guerras internas, pudieron sentarse en la mesa y dirimir sus conflictos. Ninguno fue fácil, pero el deseo colectivo de sus habitantes y gobiernos hizo posible el cese a la guerra.

¿Por qué Colombia no ha entendido este mensaje?

La respuesta está en sus partidos políticos tradicionales, que llevan más de doscientos años incrustados en el poder, y medio siglo de ellos sosteniendo una guerra que la gran mayoría no entiende, pero si la ha vivido de alguna manera.

Ahora que se abren las puertas para una nueva Colombia de cara a empezar el desminado mental de la guerrilla y el odio de la sociedad, e iniciar una nueva historia que contarán nuestros nietos, es increíble que haya personas que se opongan a esta idea de acabar con el conflicto de las armas y los puedan enfrentar en la tribuna política, sentados frente a frente discutiendo ideas y no planes terroristas.

Ese miedo de las mal llamadas castas políticas de tener al enemigo en las urnas y tener representación social en el Senado y Cámara, que se den cambios en la manera de gobernar, que descubran sus triquiñuelas y manías jurídicas para salir limpios de cualquier demanda por corrupción, que se den cuenta que la derecha no ha podido acabar con el conflicto armado y que la izquierda no es un monstruo al que hay que atacar por todos los frentes, para la muestra un botón: el expresidente de Uruguay Pepe Mujica, el hombre que cambió la manera de hacer política, proveniente de un ala radical del partido socialista guaraní, logró llegar al poder y transformar su país, no quiero decir con ello que Simón Trinidad, Iván Márquez o timochenko, lleguen a la presidencia el 2018, como lo anuncia una valla en Santa Marta, dando por hecho que todo está perdido y de paso vaticinando la gran debacle política del Centro Democrático que ya no tiene más argumentos, sino pregonar una oposición populista.

¿Por qué los de afuera si apoyan el proceso de paz?

Porque entienden desde otra esfera política, que los conflictos y las guerras internas, desangran los pueblos, se empobrecen cada día, se alimenta el odio generacional, se enraíza las diferencias ideológicas y se polariza la sociedad, males que están vivos y presentes en nuestro país.

Por eso los presidentes de Chile, Brasil, EEUU, España, Argentina y el secretario general de la ONU Ban Ki Moon le apuestan al cambio político de Colombia y abren todos los canales de cooperación internacional para que se dé el fin de la guerra en Colombia, sin desconocer que quedan el ELN, las Bacrin y milicias urbanas por entrar en el conceso, con el optimismo de que se unan al desarrollo y al avance del país, para decir a viva voz que terminó la guerra, como lo pregonaron los que padecieron el horror de la primera y la segunda guerra mundial, es allá donde apunta la lanza que sostiene el arco de la esperanza para no fallar el tiro al blanco.

¿Por qué los de adentro dicen no?

Porque son egoístas, no han sufrido en carne propia lo que es estar bajo el fuego cruzado en cualquier montaña de nuestra geografía. Porque hacen política con el dolor ajeno. Porque reaccionan desde la ignorancia y no desde la razón.

Porque tienen miedo los políticos que se les metan a la casa de Nariño y les dañen el negocio de la democracia. Porque caerá por su propio peso el hecho de haberse negado a contar otra historia en el siglo XXI.

Porque la sociedad será otra en la próxima década. Ya no habrá a quien echarle la culpa de lo malo que pasa en el país. Porque habrá un cambio generacional en la manera de hacer política.

¿Será que seguimos viviendo inconscientemente en la patria bobo del siglo XXI?

Al parecer sí. Porque no se entiende que todos los demás países evolucionen en sus políticas y Colombia siga mirando siempre desde la otra orilla, con miedo de ser el protagonista en las reformas que necesita el país y que lo tienen todavía anclado a un viejo modelo de gobierno que no lo deja dar el segundo paso.

Y no es una mentira decir que estamos atrasados en nuestro modelo de gobierno, solo basta con mirar el sistema de salud, el penitenciario, la reforma agraria, a la justicia, la reforma tributaria, ni hablar el tema de los servicios públicos, los más caros de Latinoamérica.

Si los de afuera nos brindan su apoyo, no podemos ser el país de los ciegos, donde sólo vemos nuestras conveniencias, y parece que esa es la triste realidad en la que estamos enfrascados, donde el dolor es del otro, donde la guerra es del otro, el hambre es del otro, y el duelo es del otro.

Recordemos que llegar a la paz, es un proceso histórico de todos los pueblos y no del gobernante de turno.

 

Eber Patiño Ruiz

@Eber01

Hablemos de…
Eber Patiño Ruiz

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

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