Viernes, 23 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

Vuelve uno de los grandes clásicos del Western: Los siete magníficos, pero con una imagen totalmente diferente al original. Esta nueva versión del wéstern clásico que John Sturges dirigió en 1960 es un producto nacido dentro de los laboratorios comerciales.

Como no puede ser de otra forma: está pensado para tiempos de corrección política, para seducir al mayor número de personas. Por eso no es casualidad que aparezcan una mujer, un afroamericano, un latino, un asiático y un amerindio, entre los grandes protagonistas. Este gesto parece traducir una necesidad creciente en Hollywood: la de seducir un máximo número de audiencias para crecer en taquilla.

Todo esto implica cambios en el argumento de este remake. En la versión de 2016, quienes piden ayuda a los proscritos que dan título a la película no son desvalidos mexicanos, sino estadounidenses de pura cepa, eliminando así la incómoda relación de subordinación que existía en el original. El poblado atemorizado se encuentra ahora al otro lado de la frontera, donde un grupo de bandoleros hacen la vida imposible a la población, “gente decente y trabajadora que no tiene casi nada”, como se escucha en la película. Los siete hombres que dan título son contratados para defender a ese indefenso pueblo de sus enemigos.

Pero el aspecto más notable es la nómina de artistas contratados para este proyecto. El director Antonie Fuqua, contó con la participación de Denzel Washington, Chris Pratt, Ethan Hawke, el actor mexicano Manuel García-Rulfo y el surcoreano Byung-hun Lee. Por su parte, Peter Sarsgaard interpreta al villano al que encarnaba Wallach en el original. Un casting muy atractivo, aunque el casting no repercute demasiado en el resultado, lastrado por un multiculturalismo que es solo de fachada.  

Los personajes pertenecientes a minorías no son más que simples figurantes, con la excepción de Denzel Washington. Y la justiciera viuda que contrata a los proscritos ni siquiera forma parte, técnicamente, de los siete titulares que protagonizan la película.

Sin embargo, Fuqua consigue sorprender con escenas de amistad o relatos de traumas psicológicos que llevan a cuestas un par de personajes, como estigmas derivados de una cultura violenta, fundamentada siempre en la ley del más fuerte.

Aunque prevalecen los aires de modernidad, la película se ciñe bastante al modelo ideológico del wéstern clásico como la obsesión por la propiedad privada en personajes que reclaman sin cesar aquello de “esta tierra es mía”. También la comunidad reunida en torno a la iglesia, auténtico centro neurálgico del asentamiento. Y, sobre todo, el ojo por ojo como único sistema de valores. “Quiero justicia, pero me conformaré con la venganza”, dice uno de los personajes.

Como conclusión, Los 7 magníficos representan un buen entretenimiento. Una evolución muy correcta para unos tiempos que exigen diplomacia mercantil. No hay que buscarle mucha profundidad. Es un western clásico convertido en un western familiar y comercial.

 

Alberto Campos

 

 

Cinescrúpulos
Alberto Campos

Alberto Campos, Valledupar (1976). Sociólogo y Abogado de la Universidad Popular del Cesar. En Cinescrúpulos expone su faceta de crítico y amante del Cine, pero con total independencia. Su fin es alabar las buenas películas y señalar las malas producciones.

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