Sábado, 25 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

María Giraldo Cadavid

“No basta con hablar de paz. Uno debe creer en ella y trabajar para conseguirla”

Eleanor Roosevelt

Por estos días se escucha hablar de la paz, pero paradójicamente parece que nuestro país está viviendo la división más significativa de criterios. Existen perspectivas políticas, culturares, religiosas, económicas y sobre todo las emocionales que se danzan entre rencores, perdón, esperanza, dudas o resistencias.

Esta columna es pensada desde la PazCiencia, aquella fusión entre emociones y razones, sin buscar promover un Sí o un No, sino convocando a reflexionar de manera serena y prospectivamente, en que si bien el proceso de paz se representa en un documento o una firma, se le otorga vida en la cotidianidad, no hay que llevar a gran escala la paz, sino a nuestra más cercana escala de responsabilidad; si bien hemos crecido en la “cultura” de guerra desde ser víctimas directas o indirectas, desde vivir el dolor profundo del conflicto que trae consigo manifestaciones des-humanizadas como los secuestros, las bombas, las torturas y la extorsión, entre muchas otras; es momento de considerar el retorno a la cultura de la no violencia, amor y paz a la que podemos acceder naturalmente como seres humanos.

En este sentido, no se trata de borrar como por arte de magia el pasado de aquellos que ejercieron terrorismo, sino construir un presente y un futuro sin el rezago enfermizo del rencor o la venganza; porque en ningún ejercicio la violencia o la resistencia ha generado Paz; ojalá que la incredulidad que algunas personas tienen en los procesos sociales en general, no solo el de Paz, no correspondan solo a subjetividades radicales que no se disponen bajo ninguna perspectiva a la flexibilización, porque son en esas “zonas de confort” que se generan involuciones y puntos críticos - irreconciliables.

Propuse el título de estas letras porque he reflexionado sobre las víctimas de las FARC que promueven el sí a la paz, al dialogo y a los acuerdos con ellos, refiriendo que su dolor no debe ser en vano sino que debe servir para escribir nuevas realidades, es claro que nadie les va a devolver a sus familiares asesinados pero su capacidad pacificadora invita al perdón, a la no repetición y a la posibilidad de construir nuevas historias; enorme ejemplo el que nos dan esas víctimas pues se debe tener valentía y mucha fe en las transformaciones sociales, para tomar el dolor propio y ponerlo al servicio de la esperanza; entre muchas valientes victimas que podría referir me permito mencionar a Ángela María Giraldo Cadavid, hermana de uno de los exdiputados del valle, que cambió la ortodoncia por los derechos humanos como consecuencia del secuestro con fines políticos de su hermano y la gestión por su liberación, lo cual, le dio un giro a su vida, convirtiéndola en defensora del Acuerdo Humanitario; y posteriormente realizó una maestría en ciencias políticas en la Universidad Javeriana, así mismo, fue Comisionada de Paz de la Gobernación del Valle del Cauca y ha sido asesora de Cooperación Internacional de la Presidencia de la Republica y de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

Estas historias inevitablemente inspiran a creer que desde nuestras realidades podemos ser tejedores de Paz, ser solidarios, respetar las diferencias, comprender y aprender de cada situación que nos corresponde vivir.

Ángela en una de sus columnas en la revista semana, refiere:

“El Acuerdo de paz que fue oficialmente firmado el pasado 26 de septiembre en Cartagena de Indias. El mundo entero fue testigo de una buena práctica, que será puesta por Colombia al servicio de la humanidad como un modelo a replicar para la resolución de otros conflictos y la consolidación de la democracia. Con la firma del Acuerdo de paz se puso fin a más de 50 años de confrontación armada en Colombia y liberamos a nuestras próximas generaciones de una violencia que no les corresponde. Parafraseando a Neil Armstrong podríamos decir que este "es un pequeño paso para Colombia y un gran salto para la humanidad"

Analizando las palabras de Ángela; reflexiono en que es necesario llenarnos de paz-ciencia, sentir y pensar con menos pasiones radicales, si bien somos sentimientos, emociones y un universo de sensaciones que nos hacen complejos como seres humanos; es importa desaprender esas formas que en realidad a quienes más afectan es al propio ser y luego en efecto mariposa a terceros, es momento de aprender de ejemplos como el Ángela María y miles de víctimas que no se quedan en la retaliación y el rencor, sino que ejercen posturas dignas de admiración en las que exigen verdad y no repetición, pero promueven nuevas realidades y la posibilidad de que las nuevas generaciones no hereden la enfermedad social más perversa que podemos padecer como humanidad: la violencia.

La paz sea con ustedes y conmigo, seamos tejedores de paz: sí se puede.

 

Fabrina Acosta Contreras

@Facostac 

 

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