Domingo, 28 de may de 2017
Valledupar, Colombia.

Este proceso de paz entre el gobierno y las guerrillas de la FARC ha sido tan accidentado, tan duramente criticado, tan rabiosamente atacado por parte del uribismo, que quiérase o no, las personas decentes que dudaban de sus bondades, han tomado la decisión de acogerlo y votar Sí en el plebiscito. Es claro que entendieron que lo que le conviene a la gente de paz, a las clases populares, a Colombia sana y democrática es precisamente lo que no le conviene al Centro Democrático.

Está claro que los que han hecho negocios con y por la guerra estarán en desacuerdo en que Colombia sea un país sin violencia, sin muerte, sin exterminio, sin víctimas, sin desplazados y sin despojados. Está claro que a ellos no les conviene que retorne la normalidad perdida hace más de medio siglo. Está claro que los auspiciadores del paramilitarismo le temen a la normalidad y a la puesta en vigencia de la justicia transicional, pues ésta hará sonar su voz condenando a los perpetradores de la guerra, señalará y juzgará a los financiadores y auspiciadores de esa siniestra máquina de muerte.

De esta descarada lucha para atajar la corriente desbordada del SÍ se desprende el miedo a la política de restitución de tierras, pues tendrán que devolver a sus antiguos y legítimos dueños las fincas y propiedades vilmente despojadas mediante la muerte, la extorsión, el desplazamiento y el chantaje. Salta a la vista que los que han ostentado el poder político en las regiones le temen a la paz, pues al retornar la normalidad, ellos perderán las ventajas que les ha dado la parcelación milimétrica del territorio y que tantos réditos electorales le brindaban. Ahora tendrán que competir en franca lid con otras fuerzas populares que le harán contrapeso en las urnas, pues por estos lares ya no se tendrá el temor de votar por el Polo, Partido Verde u otras alternativas democráticas distintas a las ya viciadas y tradicionales.

Eso explica por qué el ex Procurador Alejandro Ordóñez comparte tarima con el doctor Álvaro Uribe Vélez en Cartagena y por qué armaron el show de la marcha para tomarse el Centro de Convenciones tratando de llamar la atención de la prensa internacional que estaba ahí esperando darle al mundo la buena nueva de la paz colombiana.

Eso explica el porqué del hackeo a la plataforma de la Registraduría Nacional pretendiendo restarle credibilidad a los resultados del plebiscito. El peligroso desespero que muestran los líderes de la campaña del NO, en la medida en que se acerca la hora de la verdad, la hora crucial de esta democracia imperfecta, pero democracia al fin y al cabo, pone a pensar en los peligros que se cernirían sobre Colombia de triunfar el No. Sería volver la guerrilla al monte, sería continuar la macabra danza de la muerte y el exterminio, sería viudas y huérfanos, sería la continuación del éxodo de los campesinos desplazados. Volverían los Pretelt a las altas cortes, los Aria al reparto del botín de Agro Ingreso Seguro, los Ordóñez a los organismos de control. Volverían los Arana y García a deshonrar la patria exterminando a los alcaldes contrarios. Regresarían los Londoño a Invercolsa. Retornarían las zonas francas a ser negocios de familias presidenciales. Volvería la corrupción y la criminalidad a reinar en el país del Sagrado Corazón.-

Hay posiciones por el No que uno respeta, como la de algunas víctimas que no han superado su rabia y su dolor. La de algunos seguidores de iglesias evangélicas, que contrarias a lo que predican, se vengan con el No, por hecho antidemocrático cometido por la FARC de cerrarles algunas iglesias en su zona de influencia. Para estos cristianos no aplica la doctrina de amor y perdón de Jesucristo y lo de perdonar “70 veces sietes” y “poner la otra mejilla” es simplemente una anécdota bíblica.

No comprendo tampoco que si tan solo hace tres días se firmó el acuerdo de paz y cese definitivo del fuego entre el Gobierno colombiano y la FARC, sin siquiera secarse la tinta con que estamparon su firma el presidente Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño (antiguo Timochenko) ya el señor Fiscal de la nación doctor Néstor Humberto Martínez, con el deseo de ganar notoriedad y liderazgo, demuestre esas premuras salidas de tono de que la FARC haga entrega de sus bienes.

Todo esto es lo que debe motivarnos para que sea el Sí el ganador en el plebiscito. ¡Seamos decentes y leales con Colombia votemos Sí!

 

Diógenes Armando Pino Ávila

@Tagoto

Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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