Domingo, 22 de oct de 2017
Valledupar, Colombia.

Junior De la Hoz, Tío Pello y Wilder De la Hoz / Foto: María Ruth Mosquera

Eran aquellos tiempos en los que, para que ‘aprendieran a ser hombres’, a los niños los iniciaban en las labores del campo; de modo que a sus quince años ya Escolástico estaba convertido en vaquero con una destreza impecable para enrejar el ganado y administrar la finca de su papá Rosendo Romero Villarreal, un gamonal de prestigio, no sólo por lo imponente de su figura, su cabello rubio, sus ojos azules y su ascendencia española; sino por su maestría en el arte de tocar el acordeón.

La finca era inmensa; la más grande de toda esa zona. Estaba en Boquerón, a un extremo de Becerril, en el Cesar, donde había establecido su segundo hogar Rosendo, tras un matrimonio apresurado por la conveniencia de escapar del servicio militar y que poco después lo dejó viudo y con un hijo bautizado como Escolástico Romero Rivera. La cotidianidad eran intensa: el padre en sus asuntos musicales y el hijo cada vez más agobiado por los quehaceres campesinos, al punto que un día decidió soltar sus cargas y escapar, buscando refugio donde su tío Adolfo Romero, en Villanueva, La Guajira, primero de su estirpe en asentarse en esta tierra de dinastías.

Allá lo descubrió el viejo Rosendo, tras varios años de angustiosa búsqueda de su primogénito, de silencio de su acordeón y de fatigosas labores pastoriles. Lo encontró casado con una joven llamada Ana Antonia Ospino ‘La Nuñe’, continuando la descendencia, reconocida hoy como una de las más grandes dinastías del vallenato, musa de abundantes escritos e investigaciones como la que se está construyendo en el proyecto ‘Música Vallenata Tradicional en Sintonía’, que lidera el Ministerio de Cultura y sus direcciones de Patrimonio y Comunicaciones -a través del Proyecto Las Fronteras Cuentan-  en el marco de la estrategia del Plan Especial de Salvaguardia para la Música Vallenata Tradicional en el Caribe Colombiano.

“Escogimos hacer esta investigación, analizando todo lo que Villanueva ha representado para el vallenato, los artistas que han nacido aquí, entre ellos dos de las dinastías más representativas que tiene este folclor”, argumenta Junior De la Hoz, quien emprendió la tarea de construir una pieza comunicacional en torno a la Dinastía Romero, junto con su hermano Wilder De la Hoz, quien añade que “en la investigación, encontramos que Consuelo Araujo Noguera, La Cacica, cofundadora del Festival de la Leyenda Vallenata, decía que las más grandes dinastías eran los López, los Zuleta y Los Romero; dos de estas son nacidas en Villanueva”.

Cuenta la historia que, establecido en Villanueva y reconstruida la conexión con su padre y su familia, Escolástico recibió la visita de su hermano Pedro (hoy conocido como el Tío Pello), quien viajó a ‘darle vuelta’ y se enamoró perdidamente de la hermana de su esposa, de modo que terminaron las dos hermanas casadas con los dos hermanos. Ambos heredaron de su padre el arte musical y se convirtieron en acordeoneros de renombre, músicos de salón, especialistas tocadores de colitas y cumbiambas. En el caso de Escolástico, fue además técnico de acordeón, pupilo de Buenaventura Rodríguez, suegro de su tío Adolfo y quien fue el primer arreglador de acordeones que existió en la región.

El escenario de establecimiento de esta progenie fue entre el Cerro Pintao y el barrio El Cafetal, donde nació y creció la muchachada con una riqueza bucólica y espiritual inversamente proporcional a la material, con aguinaldos tan básicos como un buñuelo de maíz con queso o un pito de lata, con un entorno hecho de melodías y poesías, que terminaron impregnando a casi todos los jóvenes no sólo del barrio El Cafetal sino del San Luis que era vecino. “Escolástico, acordeonero que sembró el estilo de su progenitor en Villanueva, para que, unido a Emiliano Zuleta, se produjera más tarde, en este lugar una especie de cantera de compositores e intérpretes”, afirma el investigador, compositor y Doctor en Arte y Patrimonio Cultural, Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa.

Excelentísimos músicos que siguen emergiendo de esa cantera y, claro, sumando miembros a la dinastía Romero. Al respecto, el investigador Abel Medina Sierra precisa que Escolástico “echó raíces en Villanueva donde germinaría una constelación que hoy sigue dando esplendor a la música vallenata. Entre sus hijos, se han destacado como acordeoneros profesionales de gran recorrido los hermanos Israel Romero Ospino (director del Binomio de Oro), quien también es compositor,  productor y ganador en 1982 del premio como mejor acordeonero del mundo en Massachusetts, USA; Norberto Romero, con más de diez producciones con cantantes como Daniel Celedón, Armando Moscote, Gustavo Bula,  Elías Rosado, Kike y More Ovalle, entre otros;  Limedes Romero, quien ha grabado con Dairo Saurit y con Rafael Daza; su sobrino José Fernando ‘Morre’ Romero, hijo de Rafael, también es un acordeonero destacado y de gran proyección, quien ha grabado con el Binomio de Oro, Junior Santiago y Nelson Velásquez. Rosendo Romero es el más destacado en el plano de la composición, es ponderado como uno de los más inspirados autores del vallenato, poeta de verso sublime y palabra plena de  lucidez; también canta y toca el acordeón. Los también hermanos Rafael e Ismael son congueros. Como cantante se muestra Israel David, hijo del gran ‘Pollo Irra’ que hace parte vocálica del Binomio de Oro”.

La transmisión del arte, aspecto clave

Ha sido el arte una herencia en la familia Romero, como si estuviera contenida en la información genética, de modo que es parte esencial para ellos, que es su vida, y garantiza la pervivencia de la tradición musical. “Históricamente todas las dinastías han conservado la tradición, independiente de que se hubiese dado la declaratoria como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad”, expresa Rosendo Romero Ospino y añade que “la Dinastía Romero está cumpliendo con algunos aspectos muy fundamentales; por ejemplo, Israel es presidente del Festival Cuna de Acordeones y eso es importante porque allí se gestionan los concursos que permiten la presentación de los cuatro aires; yo, como coautor del Plan Especial de Salvaguardia, también. Los López, porque son representantes vernáculos del vallenato, y los Zuleta, aunque no están en gestiones organizativas, se mantienen en el vallenato autóctono que le da el estatus de ser auténtico”.

Los hermanos De la Hoz, por su parte, que también pertenecen a una dinastía de radialistas, destacan que “esta familia está ahí para defender este vallenato tradicional. Ellos mantenían viva esa tradición vallenata que les enseñaron sus abuelos y sus padres y ahora ellos a través de su sangre y su música les están enseñando a sus hijos, primos, nietos y se preocupan porque aprendan este vallenato tradicional. ‘Morre’ (José Fernando Romero) tiene una escuela de música en la que incluso le abre la oportunidad a niños con Síndrome de Down”.

La información que han encontrado Junior y Wilder los ha inspirado para seguir realizando este tipo de trabajos que pongan en sintonía a las comunidades con su historia y su cultura. “No sabíamos por ejemplo que el señor Rosendo Romero Villarreal era hermano de Julia Romero Villareal, abuela de Alejo, Nafer y Luis Felipe Durán; es decir, la mamá de ellos, Juan Francisca Díaz Villarreal, era sobrina del papá de Escolástico, por lo tanto ellos eran primos”, expone Wilder y cuentan que desde hace varios años vienen realizando trabajos de profundidad alrededor de la música vallenata tradicional, uno de los cuales le mereció a Junior ser ganador del Premio de Periodismo Regional Sirena Vallenata, que otorga el Círculo de Periodistas de Valledupar a periodistas del Cesar y La Guajira. “Hablábamos precisamente de este tema, del ‘vallenato, una historia cantada y contada’, lo cual hicimos a través de un dramatizado, en el que incluimos no sólo el vallenato de Villanueva, sino también las fiestas patronales, las tradiciones. Nos hemos preocupado por contarles estas historias a las nuevas generaciones para que tengan claro de dónde vienen”.

La producción sonora alrededor de la Dinastía Romero se desarrolla a través de un diálogo entre un niño llamado ‘Rafita’ y su tío, amante de la música vallenata, llamado ‘Francisco, quienes protagonizan jornadas de narración de historias, enriquecida con entrevistas a protagonistas y expertos alrededor del tema. De esta manera los detalles de esta estirpe musical hace parte de los Relatos de Un Patrimonio Que se Canta que se construyen en la región Caribe, de la mano del Ministerio de Cultura.

 

María Ruth Mosquera

Proyecto Música Vallenata Tradicional en Sintonía

@sherowiya

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