Viernes, 22 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

Ésta semana que pasó estuvo llena de sorpresas y ésta que va a terminar también, en Colombia se vive el extraño mundo de Subuso, donde las cosas más insólitas pueden pasar y termina uno perdiendo la capacidad de asombro.

Los políticos costeños se durmieron en los laureles y se dejaron llevar por la creencia de que la gente saldría a votar espontáneamente por el SÍ, quiero suponer que fue eso, pues sería grosero pensar que creyeran que había segunda vuelta y mermelada como en la reelección presidencial y se quedaron esperando la engrasada de la maquinaria, esa que nunca llegó.

Los que estábamos de corazón con el SÍ, los que pensamos sin egoísmos que esta era la mejor opción nos equivocamos también, pues acostumbrados a que las labores de motivación electoral la hacen los partidos, no salimos a las calles en movilización y activismo a sacudir las conciencias del pueblo, y nos equivocamos al pensar que esas conciencias estarían activas, alertas y vigilantes para intervenir en el evento histórico más importante de los últimos años. No contábamos con que el aletargamiento y la domesticación electorera del pastel, los cincuenta y la camiseta mantenían desde hace años sumidos en un sopor hipnótico, de sometimiento e hipoteca mental a nuestras gentes.

Todos sabemos de la proliferación de sectas religiosas y de los avivatos que pregonan un tal avivamiento, y que a punta de versículos e interpretaciones acomodaticias atraen a los creyentes y seguidores de la fe. Todos sabemos el ritual que se da con sus pastores en las elecciones. Todos sabemos cómo ellos manejan los votos de su feligresía, pero ni el gobierno, ni los políticos que estaban con el SÍ, y que conocen sus mañas, se movieron a convencerlos con los argumentos que utilizan en las demás elecciones y el producto fue que el fanatismo y la mentira permitieron la revoltura peligrosa de política y religión que dio como resultado la desinformación y el engaño.

Los del NO que no eran uribistas, votaron en conciencia por creer que era la mejor postura esgrimiendo unos argumentos respetables, lo que jamás pensaron fue que su voto sería el reencauche de algunos fósiles de la política nacional y que ahora salen a mostrarse como los dueños de esa cauda electoral de los seis millones de votos que pusieron.

Se equivocó Santos al confiar en la diligencia de los partidos de la alianza de gobierno, creyendo que éstos harían juiciosamente y con entusiasmo la tarea, se le fueron las luces al desconocer que éstos solo se mueven con la mermelada y aun así despliegan energía y creatividad solo cuando están en juego sus curules y sus mezquinos intereses.

Se equivocó Pastrana, Ordóñez, Pachito, Marta Lucía, Holguín, los pastores del NO y otros muchos, al pensar que Uribe les reconocería parte del triunfo, no contaron con que la arrogancia de este personaje les opacaría su trabajo.

Se equivocaron Uribe y los uribistas que pensaron que después de la insólita victoria del NO, el Estado Colombiano se igualaría al Vaticano donde hay Papa Emérito y Papa, creyeron que habría dos presidentes el emérito Uribe y el presidente Santos y que en la reunión que se tuvo en palacio encontrarían a un Santos genuflexo y acogotado, que acataría diligentemente las órdenes del hoy senador. No contaron con que Santos es el presidente y que es de la más rancia estirpe aristocrática del país, y no contaron con que ese pírrico triunfo del NO se lo devolvería como un bumerang y ahora que tienen la papa caliente de la paz en sus manos no saben qué hacer y proponen lo propuesto y están contra la pared y tienen las manecillas del reloj corriendo en su contra para hallar la solución al entuerto que armaron y el pueblo inquieto y lleno de incertidumbre se comienza a pronunciar exigiendo una paz que no votó.

Tengo una inquietud. En el plebiscito se preguntó: ¿Apoya el acuerdo final para terminación del conflicto y construcción de una paz estable y duradera? Y la mayoría votó NO, ¿Quiere decir esto que los acuerdos no valen? Y si este caso es jurídicamente cierto ¿Qué carajos hacen reuniéndose con Uribe para reformar unos acuerdos que no valen? ¿O será que los acuerdos valen siempre y cuando lleven la bendición de Uribe? ¿En el hipotético caso que los reformen habrá que hacer un nuevo plebiscito? ¿La aprobación del pueblo es necesaria ahora, por qué no en la de Uribe y los paramilitares?

 

Diógenes Armando Pino Ávila

@Tagoto 

Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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