Martes, 19 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

El compositor Freddy Molina

Con mucha certeza y fundamento, no me equivoco al afirmar que la época dorada y de mayor esplendor de la música vallenata estuvo centrada en la fecunda década de los años setenta.  Aquéllos, fueron los tiempos en que el país entero y en particular la costa Atlántica vivieron el florecimiento de un profuso enjambre de bellísimas composiciones que cautivaron el sentimiento ciudadano, deleitaron el placer emocional y se entronizaron históricamente como auténticas piezas antológicas de la música colombiana.  

Estoy plenamente convencido de que no me alcanzarían decenas de páginas para hacer mención del inmenso diccionario de canciones que han surgido de la mente y la pluma prodigiosa de muchísimos compositores, y permanecen inalterables en la historia del folclor  vallenato y en la memoria de todos los simpatizantes de esta escuela musical.   

Hoy, me es grato enfatizar que dentro de ese ramillete de canciones perdurables,  sobresalen y merecen especial reconocimiento “Amor sensible” y “Tiempos de cometa”, las dos grandes creaciones del recordado compositor patillalero Freddy Molina Daza, que desde su nacimiento fueron impactantes y conquistaron la simpatía de las multitudes enardecidas, que no cesaban de escucharlas en todas las circunstancias para embriagarse con el fondo de sus letras y con el placer que fluían sus embrujantes notas musicales. Ambas fueron grabadas en el decurso de 1972 por el recordado conjunto de los Hermanos López con la armoniosa e inconfundible voz de Jorge Oñate, conocido desde esos hermosos  tiempos como “El ruiseñor del Cesar”, y quien para esa época había surgido como una verdadera revelación vocalista de la música vallenata.

En estos momentos, no creo que exista un solo colombiano que no haya tenido la oportunidad de sentir el goce espiritual que producen las dos inmortales canciones de Freddy Molina. “Amor sensible”, incluido en el álbum “El jardincito”, tercer elepé de los Hermanos López, es un hermoso paseo profundamente romántico, constituido por una metáfora interminable donde el autor narra la pureza y la  sensibilidad de “un amor que nació profundo y limpio como la nevada” y la intensidad de su caudal es capaz de calmar las desbordantes aguas del río Guatapurí. En este disco, además de su apasionante texto lírico, que universaliza un sentir individual, es impactante la maestría de Miguel López para ejecutar el acordeón y, con sus artificios peculiares, crear una partitura melodiosa y penetrante que cautiva a los oyentes desde la entrada de la ejecución. 

De la misma manera, “Tiempos de cometa” fue el éxito indiscutible del larga duración “Reyes Vallenatos”, que contiene las canciones proclamadas en 1972 cuando los “Hermanos López”, con un favoritismo arrasante,  se alzaron con la corona en el quinto Festival de la Leyenda Vallenata.  Esta joya, es también un bellísimo paseo de tono costumbrista, que evoca los tiempos infantiles del autor, quien  “ansioso por volar cometas, se desplazaba a La Malena, pedía brisas a San Lorenzo y era castigado por llegar tarde al colegio”. También,  como en “Amor sensible”, en esta canción se nota la destreza magistral de Miguel López para generar unas notas nostálgicas que hieren el sentimiento y arroban el contenido textual, condensado en las seis estrofas que integran la composición.

En aquella época, “Tiempos de cometa” se disputó la simpatía de la fanaticada con un tema casi similar, “Recordando mi niñez”, la hermosa composición de Camilo Namén Rapalino, incluida en el mismo elepé.

Al igual que muchos personajes, Freddy Molina Daza es uno de los tantos artistas que teniendo méritos de sobra se han ido a la tumba sin saborear las luces de la fama ni conocer los estrados de la gloria. Su muerte repentina, ocurrida en su nativo Patillal a finales de 1972 cuando apenas coronaba 27 años de edad, fue  deplorada por el país entero y significó un duro golpe para el folclor vallenato, que súbitamente sintió la pérdida de uno de sus más originales y fecundos compositores. 

La  trágica desaparición, fundamentada en un fratricidio por pleito de celos, según se comentó entonces,  truncó la vida de  este promisorio y joven compositor, romántico y costumbrista,  alegre y parrandero, que solía cantarle a la sensibilidad amorosa, a la belleza natural, a la esperanza,  y utilizaba como espacio sugestivo de sus composiciones,  la Sierra Nevada, las sabanas, la Malena y las fulgurantes corrientes del Río Guatapurí.  

Aparte de  las dos canciones de nuestra referencia, el  patrimonio musical de Freddy Molina fue ennoblecido con otras joyas inmortales que también hicieron historia en la memoria vallenata. Me es grato  recordar “Los novios”, “A nadie le cuentes”, “Adiós noviazgo”, “Indiferente”, “El Indio”, “La verdad”, “Remembranzas”, “Dos rosas” y “Recuerdos de ella”, interpretadas magistralmente por Alfredo Gutiérrez,  y “Cristina” y “Canto a mi tierra” grabadas por los Hermanos López.

En todas ellas, a pesar de haber transcurrido más de cuarenta años,  los amantes del folclor vallenato  continúan experimentando  el mismo deleite emocional que sienten cuando escuchan aquellos versos imperecederos, que dicen: “Como hojas secas quedarán / hasta mis canciones que quiero, / ya en el mañana no se oirán, / la vida cambia con el tiempo. / Lamento los días que se van / ansioso quiero su regreso. / Lamento los días que se  van / ansioso quiero su regreso”.

 

Eddie José Daniels

 

Reflejos cotidianos
Eddie José Dániels García

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

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