Viernes, 22 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

El rastro del bolero indica un ancestro desde la canción española en el siglo XIX, con herencias de la romanza francesa, las arias operáticas, la canción napolitana y en su rítmica guarda nexos con el danzón y la habanera, con preponderancia del cinquillo dominicano.

Basado en la estructura del dos por cuatro (que difiere del tres por cuatro español), así como por su binarización rítmica, el bolero permite su fusión con otros géneros cubanos bailables cultivados en Santiago de Cuba, según la autorizada opinión de Emilio Grenet en Música popular cubana (La Habana, 1939), para quienes José, Pepe, Sánchez fue el primer compositor del bolero en 1833, con Tristezas:

Tristezas me dan tus quejas mujer,  /  profundo dolor se apiada de mí.

no hay pena mayor que me haga sentir  /  cuánto sufro y padezco por ti.

La vida es adversa conmigo,  /   no deja ensanchar mi pasión,

un beso me diste un día  /  y lo guardo en el corazón.

El bolero con su mezcla de rasgueado y punteado, con rayado rítmico constante en las guitarras prima y segunda, tiene ocurrencia por los frecuentes contactos con sones yucatecos y el creciente intercambio entre México y los puertos cubanos de Oriente, desde donde comienza el éxodo de trovadores hacia La Habana para difundir los aclamados tríos de voces sentimentales y cadenciosas, con los pioneros Sindo Garay, Rosendo Ruiz, Manuel Corona, Graciano Gómez y Tata Villegas, entre muchos, que alcanzan otras fronteras como Puerto Rico y Colombia desde Barranquilla.

Eusebio Delfín, otro portento, nos dejó su huella semejante a “Tristezas”, con “En el tronco de un árbol”:

En el tronco de un árbol una niña  /  grabó su nombre henchida de placer,

y el árbol conmovido allá en su seno  /  a la niña una flor dejó caer.

Yo soy el árbol conmovido y triste,  /  tú eres la niña que mi tronco hirió,

 yo guardo siempre tu querido nombre  /  ¿y tú qué has hecho de mi pobre flor?

El bolero se mezcla con el son a finales de los años veinte, y nos deja el legado de “Lágrimas negras, Clara, de Virgilio González, Muy junto al corazón, de Rafael Ortiz, y éxitos como el de Marcelino Guerra y Bienvenido Gutiérrez, “Convergencia”.

El universo bolerístico estalla en las décadas del 40/50, sobre todo por su inclusión en las orquestas tipo ‘charanga’, creada por Aniceto Díaz, con temas y aportes melódicos y armónicos que todavía nos cautivan con su expresividad y técnica,  así  como las grandes voces que lo interpretan como Abelardo  Barroso, Paulina, Collazo, Barbarito Díez y Joseíto Fernández.

Grandes aportes hicieron sus compositores cubanos como Roig, Auckrmann, Lecuona, Prats, de la Rosa, Isolina Carrillo, Collazos y Julio Gutiérrez. Mientras en México florecen Agustín Lara, Rafael de Paz, Pablo Peregrino y García Esquivel, junto a su gran intérprete, la veracruzana Antonia del Carmen Peregrino ( 1917-1982), “Toña la Negra”, con sus recordadas vocalizaciones de boleros inmortales como: La cuatro palomas, Por qué negar, Ausencia, Lágrimas de sangre, Este amor salvaje, Mentiras tuyas; otras voces femeninas, baluartes del bolero, fueron Olga Guillot, Elizabeth del Río y Olga Rivero, al lado de voces con un sello especial como René Cabel, Frnando Albuerne y Pepe Reyes, entre otros.

Otro fortín bolerístico han sido los conjuntos melódicos, entre los que destacamos el “Kubavana” de  Alberto Ruiz, donde surgen grandes exponentes como Roberto Faz, Laíto Sureda y Orlando Vallejo. Al que siguen el Conjunto Casino y La Sonora Matancera, donde brillan Roberto Espín, Bienvenido Granda, Celio González, Miguelito Cuní y Felo Martínez. Sobresalieron, también, las agrupaciones tipo Jazz band, estilo La Riverside, con la extraordinaria vocalización de Tito Gómez, y otros como Fernándo González, Tata Ramos y Fernándo Álvarez. No olvidamos, para la época de los cincuenta, a otros conjuntos sobresalientes en su adalid interpretativa como La Colonial, La Cosmopolita, Casino de la Playa, y de Benny Moré y Bebo Valdés.

 

Jairo Tapia Tietjen

 

 

WikiLetras
Jairo Tapia Tietjen

Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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