Sábado, 21 de oct de 2017
Valledupar, Colombia.

Entender hoy lo que significa la labor del docente, es darse por enterado que son unas almas peregrinas que pasan por este mundo como un soplo, como unos enviados y ungidos por Dios para darle a nuestras vidas el rumbo correcto.

Para los que sabemos qué es estar en el aula de clase, qué es tener a todos esos alumnos juntos en un reducido espacio, cuando todos quieren volar y hacer sus propias vidas, se da uno cuenta que ser docente es una verdadera vocación, que viene de adentro esa luz para iluminar al que bien se arrime al candil y mire desde la atalaya lo que significada la vida.

Hombres y mujeres que tienen la gracia de ver más allá de nuestros dientes de leche, que con pincel en mano nos ayudaron a construir el paisaje que seguiremos taladrando el resto de vida que nos queda por delante. A esos maestros adivinos que, desde el primer día de clase, ya sabían cómo sería el último y que seguía después del anhelado recreo.

Fueron y seguirán siendo nuestros padres y madres, porque saben más de nosotros que nosotros mismos. Y no se equivocaron al vernos hoy grandes y con bigotes orgullosos del niño indefenso que muchas veces corrió a sus brazos a ponerle quejas y mostrar las rodillas ensangrentadas.

Mi gran maestra de escuela, Edelmira Gaviria, quien descubrió y avivó en mí todos los talentos que hoy tengo: de cantar, bailar, declamar y escribir poesía, de darme la sensibilidad por el arte y la música, de modelar mi vida y ser yo, su orgullo de estudiante, de los cientos que pasaron por sus manos en treinta años de servicio dedicados a la docencia.

Gratitud y amor por mi maestra, pero no todos pueden contar la misma historia, hay quienes tienen los peores recuerdos de su niñez, cuando llegaba al salón la profesora x, y que fuera ella la culpable de haber cercenado la creatividad y los sueños de ser alguien diferente a lo que hoy es. Para esos maestros del mal, que arruinaron vidas y generaciones enteras, también se les debe reconocer que actuaron de la mejor manera, como creían que era la forma correcta de educar basados en modelos moralistas y timoratos de los cuales eran esclavos.

El elogio al maestro de escuela, debe servir para recordar aquellos primeros días de la infancia, y aquellos años de rebeldía en la escuela, cuando el mundo estaba por descubrirse frente a nuestros ojos. Nadie más que el maestro con el fino olfato para descubrirnos en la mentira y en la tarea copiada del compañero de pupitre. Nadie más sincero en sus regaños y correcciones ortográficas, para salir del error y apabullar la ignorancia.

Respeto reverencial a ase maestro abnegado, desvelado calificando nuestras ilusiones, tratando de descifrar los garabatos que teníamos por letra hecha a mano alzada, sólo ellos podían leernos, por eso sabían quiénes éramos, cuando reímos y cuando llorábamos, cuando teníamos hambre y cuando los problemas de papá y mamá se dibujaban en nuestra mirada triste y cabizbajos.

Muchos de nuestros maestros de infancia ya están muertos, y se fueron de este mundo con la paz de saber que hicieron lo mejor que pudieron con lo que sabían, que fueron la pieza clave para armar el rompecabezas de sus estudiantes, que fueron protagonistas y a la vez actores de la novela de sus vidas.

Otros siguen vivos, mirando el ocaso, haciendo una remembranza de lo que fue haber aceptado el reto de ser maestro de escuela, de ser un guía, una luz, una puerta abierta para todo aquel que quisiera entrar a cualquier hora del día. Ver su obra maestra terminada y cumplida, al recibir un abrazo y un beso en la frente de aquellos estudiantes rebeldes y reconocer ellos, sus regaños, como palabras llenas de sabiduría que la niñez no entiende y en la juventud se olvidan.

Gracias, maestros de escuela, sobre sus hombros está el verdadero futuro del país.

 

Eber Patiño Ruiz 

 

 

Hablemos de…
Eber Patiño Ruiz

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

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