Miércoles, 20 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

La era de la digitalización es un hecho. Con la abundancia de videos por Youtube, la tendencia a descargar películas online antes de verlas en el cine, la realización de operaciones bancarias a través de computadoras personales y la progresiva facilidad para realizar trámites privados y oficiales por la web; no hay duda de que Internet ha cambiado la vida de millones por todo el mundo. Ahora, la red de redes avanza en otro campo, el de la creación literaria.

La palabra clave es creación. La nueva tendencia recibe varios nombres, literatura digital, literatura electrónica o ciberliteratura, pero los distintos rótulos apuntan a lo mismo: la elaboración de obras literarias que son escritas y leídas dentro de un formato digital.

Un punto debe quedar absolutamente claro. Cuando hablamos de ciberliteratura no nos referimos a la lectura o preservación de obras literarias por internet. Los llamados e-books, copias autorizadas de obras que tienen su origen en el papel, no forman parte de este novedoso universo artístico. Las bibliotecas virtuales que agrupan textos clásicos, en formato Adobe, word o html, tampoco forman parte del nuevo mundo digital.

La literatura electrónica o ciberliteratura está conformada por obras que fueron escritas dentro de la red o dentro de plataformas informáticas originales. Más aún, se trata de obras que fueron elaboradas para aprovechar las posibilidades de creación que ofrece la digitalización y que, por ende, sólo pueden ser adecuadamente leídas en un entorno digital.

Algunos entusiastas de la nueva tendencia, agrupados en organizaciones como la Electronic Literature Organization o el Portal de Literatura Electrónica Hispánica, han llegado a decir que para que una obra pueda ser llamada electrónica debe ser irreproducible en formatos analógicos.

"El medio es el mensaje", la famosa frase del teórico de las comunicaciones, Marshall Mc Luhan, es la clave para entender las pecualiaridades de la nueva literatura. Los canales de información no son inocentes, el contenido debe adaptarse a las cualidades del medio para transmitirse. Lo mismo sucede con la literatura pensada para el ambiente virtual.

Internet, como su mismo nombre lo indica, es una red, un conjunto de computadoras independientes conectadas entre sí. El cibernauta no navega sino que salta de islote a islote, de página a página, en un mar de datos. Las obras digitales deben seguir este mismo formato.

Surge así la novela hipertextual. La narrativa líneal, demasiado extensa y agotadora para la pantalla y el acelerado ritmo virtual, se fragmenta en cientos de pequeños nodos de texto conectados entre sí por vínculos específicos. Se crea así una narrativa no líneal, adelantada por los genios literarios del siglo XX como Borges y Cortázar, en la que el lector es rey. En estas novelas, es la lectura la que determina la historia, surgiendo tantos libros como lectores.

La red de redes es también el medio de la interactividad por excelencia. La proliferación de blogs personales, de sitios web personalizados y de foros de opinión demuestra el ansia de los cibernautas por participar del medio digital. Muchas de las nuevas obras electrónicas dejan un espacio para que el mismo lector intervenga en la creación del texto, agregando sus propias opiniones en un fenómeno de escritura colectiva.

Un ejemplo de estas nuevas novelas es el Libro flotante de Caytirian Dölphin, obra digital iniciada por Leonardo Valencia. En esta novela, el protagonista, Iván Romano, trata de explicar la vida del misterioso Caytirian Dölphin a partir de la lectura de su única gran obra el Estuario. El cuento-ensayo avanza con la inclusión de fragmentos incompletos del texto de Dölphin, que el sitio web invita a comentar o incluso debatir. Aún más, los cibernautas pueden afirmar que los fragmentos reproducidos son apócrifos y proponer los suyos.

"Precisamente por eso se ha creado esta web; para seguir el mismo procedimiento de Iván Romano y para que los lectonautas puedan aportar sus propios fragmentos de un libro que queda abierto para que cada versión apócrifa pueda considerarse parte de este libro", explica Valencia en su sitio.

La literatura electrónica es una novedad en habla hispana pero en Estados Unidos, donde se inició a fines de la década del ochenta, ya tiene historia.

En la prehistoria del género se encuentra la novela hipertextual “Afternoon a story”, elaborada por Michael Joyce con el programa Storyspace en 1987 antes incluso de la formación de la World Wide Web. La novela fue almacenada y publicada por cd a través de Eastgate Systems, corporación que desde entonces se dedica a la publicación y difusión de obras hipertextuales.

Actualmente, la compañía tiene un catálogo con decenas de obras virtuales de ficción, poesía y ensayo, listas para su venta y consumo online. Además, la empresa ofrece paquetes de software de escritura hipertextual como Tindebox, para ayudar a los creadores de la nueva tendencia literaria.

A medida que la literatura electrónica avanza, los nuevos escritores virtuales aprenden a manejar nuevas herramientas del mundo digital. La posibilidad de completar con fotos, videos, imágenes en flash y bandas de sonido el contenido escrito, invita a la creación de mundos ficticios que superan el ámbito de la palabra escrita.

Frente a estos desafíos y, admitámoslo, oportunidades tecnológicas, la capacidad de asombro y una mente abierta se hacen imprescindibles para que autores y lectores aprovechen al máximo el universo digital.

 

Lisandro Ciampagna

 

 

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