Jueves, 23 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

Mapa de 1836 de Cplombia / Fuente: Banco de la República

La independencia, ocurrida entre 1810 y 1824, fue un proceso de ruptura violenta de la estructura política que ligaba a la América española, y en nuestro caso al virreinato de la Nueva Granada (hoy Colombia), con España. 

Las ideas liberales y autonomistas incubadas en los criollos por la ilustración española, el enciclopedismo francés y la revolución de las colonias inglesas, tuvieron gran aceptación entre los dirigentes granadinos, quienes, invadida España en 1808 por Napoleón Bonaparte, se sumaron a la guerra en su contra para preservar el imperio español bajo su monarca legítimo. Fue un proceso iniciado con las revoluciones de 1809 (Quito) y 1810 y culminado en 1824 con las guerras de independencia. 

En las llanuras del Caribe, en las provincias de Cartagena, Santa Marta y Riohacha, el proceso tuvo especiales características. El proceso a favor y en contra de la independencia se dio en las ciudades, bien pequeñas por cierto. Las provincias eran vastas extensiones de costa, llanura, montañas y bosque húmedo tropical escasamente pobladas, en donde lo urbano primaba sobre lo rural, en medio de condiciones de vida dominadas por los elementos de la naturaleza. La vida giraba en torno a las urbes que jalonaban la actividad económica y social manejada por la encumbrada casta de blancos criollos y peninsulares, pues la posición social y los bienes económicos estaban unidos a la limpieza de sangre. 

La independencia se gestó en Cartagena, en donde nació el segundo Estado soberano de América, después de Caracas, y en Santa Marta se organizó la resistencia realista por los partidarios de la monarquía española. Riohacha, la más pequeña de las tres secciones, siguió casi hasta el último momento el derrotero trazado por Santa Marta1.

Cartagena

En Cartagena, el Cabildo cambió la forma de gobierno el 22 de mayo de 1810. Integró un triunvirato con el gobernador y dos regidores partidarios de la autonomía del gobierno. Su ejemplo lo siguieron los criollos de Cali, que crearon una Junta de Gobierno el 3 de julio, Pamplona el 4, Socorro el 10 y la capital Santafé, el 202. Poco después en la provincia cartagenera se inició la emancipación absoluta. Mompox declaró su independencia de España el 6 de agosto de 1810 y fue duramente reprimida por Cartagena, que reconocía aún la autoridad del Consejo de Regencia que gobernaba desde Cádiz. No obstante, un año después, el 11 de noviembre de 1811, la ciudad amurallada y su provincia se adelantaron a las demás provincias granadinas y declararon su separación absoluta de España. Un movimiento acaudillado por los hermanos Gabriel y Germán Gutiérrez de Piñeres, apoyados por el estamento popular y las milicias pardas, lideradas por Pedro Romero, le dieron un golpe de Estado y obligaron a la Junta a pronunciarse por la independencia absoluta. Nació entonces el Estado “libre, soberano e independiente”3 de Cartagena de Indias.

Esta república, regida por una constitución liberal decretada en 1812, pero sacudida por conflictos internos entre los “radicales” partidarios de la independencia absoluta, liderados por los hermanos Piñeres y los “aristócratas” o “regentistas”, a cuya cabeza figuraba el patricio José María García de Toledo y actuaba el militar Manuel del Castillo y Rada, amigos de la autonomía, pero manteniendo la unión con España, subsistió hasta el cinco de diciembre de 1815, cuando los patriotas evacuaron la ciudad ante la imposibilidad de continuar resistiendo a los ejércitos comandados por el general Pablo Morillo, enviados por Fernando VII para reconquistar la Capitanía General de Venezuela y el Virreinato de la Nueva Granada4.

Santa Marta y Valledupar

Las noticias de lo que ocurría en Cartagena y la participación en los acontecimientos de Miguel Díaz Granados, miembro prominente de la sociedad samaria, motivaron a algunos criollos a seguir el ejemplo de la Plaza Fuerte. Lo ocurrido en Santafé el 20 de julio los reafirmó en sus propósitos. El 10 de agosto de ese año el Cabildo eligió un cuerpo de 11 miembros, presidido por el gobernador y con participación del clero. Determinó que se organizara una junta como en Cartagena5

Victor Salcedo y Somodevilla, el gobernador, era hombre avisado y cauto. Escarmentado con lo ocurrido a su colega Montes en Cartagena, que fue depuesto por el Cabildo, actuó con prudencia. Aceptó el pronunciamiento, pero desde ese momento empezó a maquinar el cambio. El 22 de diciembre logró que se reuniera una multitud vociferante en la plaza de la ciudad para pedir un cambio en la Junta. Con la fuerza pública a su disposición, Salcedo accedió a las peticiones de la turba y los patriotas de la corporación no tuvieron más remedio que aceptar los hechos. Pocos días después don Antonio Viana renunciaba y se trasladaba a Mompox. El 7 de mayo de 1811 desembarcó el nuevo gobernador y comandante general designado por el Consejo de Regencia, don Tomás de Acosta -buen político como su antecesor- quien hábilmente manipuló la situación hasta conseguir la liquidación de la Junta, hecho que se llevó a cabo el 26 de junio. Desde ese momento Santa Marta se convirtió en el primer bastión realista del país a donde confluyeron los españoles y criollos enemigos de la causa libertaria.

Sin embargo, no toda la provincia samaria apoyó al rey. En los pueblos del río: Remolino, Guaímaro y Sitionuevo, y en la ciudad de Valledupar se organizaron grupos que apoyaron la revolución. En esta última la familia Fernández de Castro, dirigida por una aguerrida dama, doña Concepción Loperena de Fernández de Castro y otros criollos principales, buscaron la independencia6. El 22 de mayo de 1811, 400 vecinos se pronunciaron contra el rey y las autoridades españolas. Reunidos en Cartagena con el gobierno presidido por Manuel Rodríguez Torices, con Simón Bolívar y Manuel del Castillo y Rada, se les dio instrucciones para defenderse contra los realistas. Bolívar, al servicio del Estado cartagenero, iniciaba entonces la campaña del bajo Magdalena.

El 4 de febrero de 1813 el Cabildo de Valledupar declaró la independencia absoluta. Doña Concepción leyó el Acta, tomó juramento de fidelidad a los presentes y quemó el escudo y el retrato del rey. Para conmemorar la independencia la valiente mujer libertó a cientos de esclavos de sus haciendas de Jagua y Becerril. Sus ideas le valieron la persecución de los realistas que confiscaron sus bienes y quisieron apresarla por lo que debió esconderse hasta que en 1820 triunfó nuevamente la libertad. El ejemplo de Valledupar lo siguieron Barrancas el 26 de marzo y Chiriguaná el 25 de mayo.

Riohacha

Esta provincia, que había formado parte de la de Santa Marta, presentó siempre una situación bien precaria. Poblada en su mayor extensión por indígenas guajiros que nunca pudieron ser sometidos al dominio español, mantenía en su capital una escasa vecindad de españoles y criollos que subsistían de alguna agricultura, el contrabando y el comercio con los indígenas. En Riohacha, como en las demás ciudades del Reino, se constituyó una Junta Suprema de Gobierno el 17 de septiembre de 1810 presidida por el gobernador don Pedro Pérez, corporación que se manifestó fiel a la monarquía y se negó a aceptar la autoridad de Santafé. Los indígenas, amistados con las autoridades por las facilidades que les habían permitido para comerciar con Riohacha, respaldaron las pretensiones realistas, aunque nunca formaron parte de los cuerpos de milicias.

La reconquista

Restaurado Fernando VII en el poder en 1814, abolió las libertades obtenidas por los liberales españoles y americanos que estaban consagradas en la Constitución de Cádiz de 1812, implantó de nuevo el absolutismo real y armó la más grande expedición punitiva contra América para reconquistar sus dominios. Cartagena y su provincia soportaron un pavoroso asedio. La provincia fue invadida desde Santa Marta por tres puntos diferentes. La destrucción fue terrible, los pueblos de la provincia fueron arrasados y quemados, tanto por los españoles para rendirlos, como por los patriotas para impedir que aquéllos encontraran provisiones y recursos. Su economía quedó destruida y los habitantes perseguidos y desplazados. La ciudad amurallada fue sitiada por mar y tierra durante 107 días. Las tropas invasoras impidieron la entrada de alimentos y refuerzos. Caballos, burros, perros, cueros, ratas y otras alimañas fueron consumidos por una población hambrienta que prefirió la muerte antes que entregarse. El 5 de diciembre de 1815, al caer la tarde, los patriotas evacuaron la ciudad en una flotilla de naves corsarias que logró burlar el cerco de los barcos realistas. Muchos naufragaron y otros fueron abandonados por los corsarios en playas panameñas después de haber sido despojados de las pocas pertenencias que habían logrado salvar. El 6 de diciembre los españoles entraron a la ciudad donde sólo encontraron desolación y muerte. El gobierno quedó en manos del brigadier Gabriel de Torres y Velasco, oficial venido con Morillo.

Independencia, segunda etapa

Después de la Batalla de Boyacá Bolívar encargó la liberación de la región caribe a su coterráneo el general Mariano Montilla. La ofensiva se organizó por tres frentes. El primero a cargo del mismo Montilla, invadió la Costa desde la isla de Margarita. El segundo, dirigido por los jóvenes granadinos tenientes coroneles José María Córdoba, libertador de Antioquia, y Hermógenes Maza, veterano de San Mateo, ocupó el bajo Magdalena y las sabanas de Corozal. El tercero, comandado por los coroneles Jacinto Lara y José María Carreño, venezolanos que habían luchado con Bolívar en la campaña de 1818 en su país, invadió la provincia de Santa Marta por la vía de Ocaña.

Montilla se embarcó en Juan Griego a bordo de la escuadra comandada por el almirante Brión y el capitán de navío José Padilla, su segundo, compuesta por 26 buques, y se dirigió a Riohacha, ciudad que ocupó el 12 de marzo de 1820 tras la huida del gobernador español. Inmediatamente partió con 500 hombres para Valledupar a donde llegó el 28 de marzo para encontrarse con las tropas que debían venir de Ocaña. Regresó a Riohacha a fin de afrontar la insubordinación de las tropas irlandesas por falta de sus pagos, a las cuales remuneró y licenció en gran parte. Éstas, no obstante, incendiaron la ciudad por el botín.

De Riohacha siguió a la provincia de Cartagena. Con él abordaron la flota otros civiles destacados, entre ellos Pedro Gual. El 11 de junio fondearon en Sabanilla y sometieron rápidamente a los españoles. Siguieron a Barranquilla y Soledad donde recibieron apoyo de sus moradores que les ofrecieron ayuda material y se alistaron en el ejército. Montilla nombró a Gual gobernador civil de la provincia y al coronel Ramón Ayala, gobernador militar. Hasta que fue liberada Cartagena, Barranquilla fungió como capital y centro de las operaciones de la Costa. Reorganizado el ejército, Montilla se dirigió hacia Cartagena mientras las tropas de Lara y Carreño se tomaban a Santa Marta, el 10 de noviembre de 1820, con el apoyo de las fuerzas sutiles -que así se llamaban las fuerzas navales menores que operaban en el río- comandadas por Padilla. Éstas siguieron luego por el río Magdalena al Canal del Dique desde donde entraron y ocuparon la bahía de Cartagena.

El 24 de junio de 1821, en la noche de San Juan, estas fuerzas tomaron por asalto y destruyeron a las naves españolas en la bahía y aislaron a la ciudad. El 5 y 6 de julio se rindieron las fortalezas de Bocachica y días después el gobernador español, el brigadier Gabriel de Torres, no tuvo más remedio que capitular y rendir la ciudad, la cual, en ceremonia especial, fue entregada el 10 de octubre de 1821 a las tropas colombianas. El teniente coronel José María Córdoba, al frente del batallón de Antioquia, fue el primero en entrar al recinto amurallado por la puerta de la Media Luna (infortunadamente demolida junto con otros baluartes y cortinas de murallas entre 1880 y 1924). Los españoles se embarcaron en naves colombianas hacia Cuba para nunca más volver. España perdía el último pedazo de tierra en nuestro país.

El precio de la independencia

El costo de la independencia fue catastrófico para Cartagena y su provincia7. Significó la destrucción de su economía, la pérdida de su preeminencia geopolítica, el empobrecimiento y la recesión económica durante casi un siglo. La destrucción de la ciudad significó una caída dramática de su población. Perdió la mitad de sus habitantes y la casi totalidad de su clase dirigente, muerta durante el sitio, emigrada o sacrificada en los patíbulos de las autoridades realistas. De 18.708 personas que se calcularon para la ciudad en 1815, la población descendió, según el censo de 1835, a 11.929 personas y siguió disminuyendo durante el siglo. En 1905 Cartagena apenas albergaba a 9.681 personas8.

Santa Marta no sufrió un castigo tan severo, pero su crecimiento se retrasó en comparación con otras provincias del país, aunque durante varios años superó a Cartagena como puerto hasta que cedió primacía a Barranquilla en los años finales del siglo XIX. Riohacha, dos veces incendiada, quedó en una situación tan precaria que el gobierno tuvo que eximir a sus gentes de ciertos impuestos y auxiliarla con recursos para la reconstrucción de su iglesia.

En comparación con el resto del país, la región del Caribe, organizada durante algunos años como el extenso Departamento del Magdalena -integrado por las antiguas provincias de Cartagena, Santa Marta y Riohacha-, sufrió un desplazamiento en cuanto a concentración de población, lo cual debe atribuirse, en buena parte, a la destrucción de Cartagena, su centro de poder.

 

Adelaida Sourdis Nájera

Doctora en Ciencias jurídicas e historiadora

 

Referencias

(1) Sobre el proceso de independencia del Caribe colombiano ver: Sourdis, Adelaida. “Ruptura del Estado colonial y tránsito hacia la república”, en Meisel, Adolfo (editor). Historia económica y social del Caribe colombiano. Bogotá, Ediciones Uninorte – Ecoe Ediciones, 1994. De la misma autora, “El proceso de independencia del Caribe colombiano”, en Ramos, Aristides; Saldarriaga, Óscar y Gaviria, Radamiro (editores académicos). El Nuevo Reino y sus provincias: crisis de la independencia y experiencias republicanas. Bogotá, Universidad del Rosario – Pontificia Universidad Javeriana, 2009 .

(2) ourdis, Adelaida. Cartagena de Indias durante la Primera República 1810—1815 . Bogotá, Banco de la República, 1988, pp. 28—29.

(3) Acta de Independencia de Cartagena.

(4) Sourdis, Ob. cit.

(5) A marís M aya, Rafael, "Santa Marta en la emancipación Neogranadina", en Boletín de Historia y Antigüedades , v. 65, No. 721, Bogotá, abril-mayo-junio 1978.

(6) Sobre el proceso de independencia en Valledupar. Ver: C astro T res P alacios, Pedro. Culturas aborígenes cesarences e independencia de Valledupar. Bogotá, Casa de la Cultura Valledupar. Sociedad Bolivariana del Cesar, 1979.

(7) La Provincia de Cartagena comprendía los actuales departamentos de Atlántico, Bolívar, Córdoba, Sucre y San Andrés y Providencia, el único que por su situación geográfica insular se salvó de la destrucción.

(8) Sourdis Nájera, Adelaida. “El precio de la independencia: la población de Cartagena de Indias (1814—1816)”. Ponencia presentada en el IV Congreso Internacional de Historia de los Procesos de Independencia en la América Española. Bucaramanga, 2006, en Anuario de Historia Regional y de las Fronteras, vol. 12, Universidad Industrial de Santander, septiembre de 2007. Boletín de Historia y Antigüedades , vol. XCIV, No. 836, Bogotá, 2007.

 

Acerca de esta publicación: El artículo “La independencia del Caribe colombiano (1810-1821)” de la doctora Adelaida Sourdis Nájera fue publicado en 2010 en la revista Credencial Historia. Adelaida Sourdis Nájera es Doctora en ciencias jurídicas, historiadora, Universidad Javeriana. Magíster en investigación social interdisciplinaria, Universidad Distrital Francisco José de Caldas en convenio con el archivo General de la Nación..

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