Domingo, 26 de feb de 2017
Valledupar, Colombia.

Isabel López García y Fabrina Acosta / Foto: Fabrina Acosta

“Qué injusta, qué maldita, qué cabrona es la muerte

que no nos mata a nosotros sino a los que amamos”, Carlos Fuentes.

Este año 2016 he recibido golpes muy fuertes, han partido con prontitud amigos que han apoyado inquebrantablemente mis iniciativas, mis sueños, mis apuestas; hace unos meses fue Eduardo Pinto y hoy es Isabel López la mujer serena, fuerte y solidaria; no escribo solo para decir que su muerte me ha partido el alma, ni para otorgar perfección a su vida como se acostumbra a idolatrar cuando alguien fallece, Isabel mi amiga Isabel como le decía afectuosamente no necesita de elogios, ella los cultivó por doquier y solo hacía falta conocerla para estar de acuerdo con tal afirmación.

Nos conocimos hace algunos años y de inmediato nos unieron ideales sociales, sueños de igualdad y equidad de los derechos de las mujeres, de los niños y las niñas; por ese tiempo yo no vivía en la guajira  y cuando decido retornar por recomendación de otro gran maestro (Wilson Ustáriz),  que también partió, hubo tres personas que creyeron en mi sin ningún reparo, Rosa Pacheco, Ilka Curiel y la gran Isabel López; fueron muchas actividades comunitarias juntas, jornadas pedagógicas, charlas con lideresas, foros y conversatorios y todos apoyados por la mujer del corazón verde y el girasol inmarchitable; ella más allá de colores políticos se vestía de Eva por la No violencia, creía sin reparo alguno en la causa social que lidero y se involucraba en las actividades como una guerrera esperanzada en una mejor sociedad, no desde un escritorio sino que iba a campo y compartía con la gente.

Recuerdo el día que me informó de su enfermedad, pidiendo apoyo en oración, con miedos naturales por tal situación pero con la fe encendida, y así partió valientemente, siempre creyendo en que podría salir adelante; que ejemplo el que nos ha dejado, el de la serenidad pero también el de la contundencia, el de la prudencia pero también el de la asertividad, el del empoderamiento pero sobre todo el de la humildad.

No puedo evitar de llorar, si gracias a su respaldo logré diferentes actividades de carácter social; cuando llegaban las crisis propias de toda causa filantrópica ella no dudaba en darme infinitos argumentos para seguir firme; siempre pensaba en el empoderamiento de las mujeres, en la importancia de avanzar en la reivindicación de sus derechos, por ello siempre tenía una propuesta para trabajar con el personal de su empresa familiar (Suprema LTDA), con las lideresas de los diferentes barrios y participaba en todos los eventos pedagógicos organizados por Evas&Adanes.

Durante nuestra amistad dediqué varias columnas a su gestión y a su ejemplo como mujer integral: política, madre, familiar y empresaria. Quizás nunca imaginé que exactamente dos años después de mi lanzamiento literario donde estuvo presente sacando fuerzas, a pesar de estar padeciendo ya la enfermedad que hoy nos la quita, estuviera escribiendo unas letras a su partida, recuerdo que ese día me dijo al oído: “Debía estar en Bogotá en chequeo médico, pero me voy mañana porque este evento también es una medicina para mi enfermedad, sé que voy a sanar tengo fe”

Hoy me conmueve el alma despedir a una amiga, que siempre creyó en mí y que me pedía que nunca abandonara la causa, que a pesar de todas las dificultades siguiera fuerte y batalladora; la muerte siempre es así, aunque sabemos que algún día llegará nos destroza el alma, nos impide la sonrisa y nos recuerda lo efímero que somos.

Isabel López una mujer que por mucho tiempo demostró que ni la enfermedad, ni el dolor le lograban robar la esperanza, la fe y la dulce sonrisa; extrañaré los abrazos sostenidos que me regalaba cuando culminaba un evento, su mano estrechada con la mía como en un acto de sororidad genuina y por supuesto su profundo amor por su hermosa familia, no había dialogo donde no hablara de su esposo, sus hijos y su nieta; ella fue el ejemplo de mujer polifacética que no se le arrugaba a nada, era empresaria, política y familiar, cumplía a cabalidad sus roles y no despegaba la sonrisa esperanzada de su rostro.

Nos queda su legado, la bendición de haberla conocido y aprendido de su capacidad conciliadora, no imagino el dolor de su familia pero lo que más les debe mover en este momento es la fortuna de haberla tenido como esposa, madre, abuela, tía, prima o hermana; a quienes hicimos parte de su familia social nos queda la satisfacción de haber compartido con ella buenos y difíciles momentos pero siempre leales al afecto que nos unía. Isabel, que el cielo te reciba con aplausos, mientras acá lloramos tu partida, pero seguimos trabajando por lo que también tú soñabas: una guajira unida, fortalecida y reinventada.

“Solo le pido a Dios que la reseca muerte no me encuentre vacía y sola sin haber lo suficiente”.

Porque estoy segura que a ti amiga Isabel te consiguió habiendo hecho muchas cosas y con ganas de más.

 

Fabrina Acosta Contreras

@FAcostaC 

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