Lunes, 24 de abr de 2017
Valledupar, Colombia.

Generalmente las mayorías son la sumatoria de minorías que se unen en torno a una idea para lograr un objetivo. En el caso de la Paz en Colombia ha ocurrido igual, un grupo de minorías se unieron para lograr una mayoría precaria que derrotó los anhelos de paz de un sinnúmero de minorías que desean un país en paz, pero que no tuvieron la visión de unirse para hacer realidad este anhelo.

La mayoría ganadora fue motivada y convencida a partir de una campaña de verdades a medias y de mentiras completas, como lo reconoció el gerente de la campaña del No (perteneciente a una de las minorías llamada Centro Democrático), sector que lideró la más encarnizada lucha contra la paz bajo la orientación de gurúes contratados en el exterior quienes aconsejaron al movimiento del senador Uribe para que alborotaran el avispero de los sectores minoritarios más recalcitrantes del país, entre los que se contaban los ganaderos, los terratenientes, los nuevos dueños de las tierras, los movimientos religiosos cristianos; los proparacos, los neonazis, los lefebristas, los racistas, los homofóbicos;  los antisantistas, los grupos económicos que manejan la información en Colombia, los militares retirados, sectores del conservatismo, del liberalismo, el pastranismo (si es que existe); grupúsculos de manzanillos con aspiraciones a la presidencia, algunas víctimas que sufrieron el flagelo de la violencia guerrillera, en fin, un grupo de minorías variopintas que por distintas razones no deseaban que se firmara el acuerdo de paz con las guerrillas de la FARC.

Con esa estrategia lograron enfurecer a las minorías cristianas, guiadas por pastores homofóbicos que participaron con campañas de terror bíblico ante sus ovejas, motivados, algunos, por el infundio de que Colombia iba a ser manejada por guerrilleros y gais que sodomizarían a las familias y que consecuencialmente provocaría la furia de Jehová de los ejércitos y del cielo caería el fuego purificador que cayó sobre Sodomo y Gomorra (del que sólo se salvaron la familia de Lot, aunque perdió a su esposa por desobediente y chismosa ya que quiso enterarse de lo que pasaba a sus vecinos y quedó convertida en una estatua de sal).

Entre esas minorías enfurecidas estaban los grupos que usurparon las tierras de los campesinos desplazados por la violencia paramilitar y guerrillera, minoría ésta, que ante el temor de perder los bienes mal habidos participaron financiando e impulsando la desinformación y el odio. Los que siempre han vivido de la guerra, los que hacen de ella un lucrativo negocio, los que acumulan riquezas con la muerte de colombianos se unieron a este montón amorfo que vociferaba en contra de la paz. El pastranismo en busca de un rencauche participó como acólitos menores ante el oficiante uribismo tocando la campana mientras se oficiaba el odio y la mentira. Ordóñez y su lefebrismo, sus neonazis, sus homofóbicos y otras especies menores se unieron a la barahúnda arrolladora de la campaña del NO. Es bueno anotar que también había unas minorías que de buena fe creían y creen que no debe firmarse la paz.

De ésta manera las minorías mencionadas lograron esa precaria mayoría con que derrotaron los anhelos de paz del resto de colombianos y luego de ganar, no sabían qué hacer con la pírrica victoria obtenida. El presidente Santos, avezado jugador de póker, les abrió las puertas de palacio en su particular estilo, citándolos por separados, minorías por minorías y a cada una de ellas atendió y complació, luego mandó su equipo negociador a La Habana a discutir con la guerrilla las propuestas presentadas por esas minorías. La guerrilla en una posición de espera y de paciencia estudian con los negociadores del gobierno las quinientas y pico de propuestas y apostándole a la paz aceptan en un alto porcentaje dichas modificaciones, y firman el acuerdo definitivo que espera refrendación por cualquier vía que permita que los colombianos, por fin, vivamos en paz.

No obstante todo este viacrucis de la paz, los cabecillas del Centro Democrático, Pastrana y Ordóñez insisten en seguir opuestos a la firma de la paz. No han entendido que las minorías que se unieron a ellos para hacer la mayoría ya están de acuerdo con lo pactado. Ellos, los uribistas, pastranistas y ordoñistas, siguen embarcados en la carreta de ser mayorías y quieren ser quienes firmen el acuerdo a su acomodo y capricho. Creo que están como el que, en un baile de pickup en el caribe colombiano, tiene que enamorar a su pareja en voz alta por culpa del elevado volumen de la champeta y, de repente, le quitan la música. No se han dado cuenta que ahora son una minoría y que han perdido la importancia como negociadores, y que las minorías que no participaron en el plebiscito ahora están unidas con las que participaron por el SÍ y algunos sectores del NO, haciendo una mayoría abrumadora que quiere la paz sin dilaciones.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

@Tagoto 

Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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