Viernes, 26 de may de 2017
Valledupar, Colombia.

En un colegio para la clase alta de una ciudad importante del país, unos padres negros deciden ingresar a su hijo, quieren brindarle una educación integral. Esa escuela no acepta más de quince chiquitines por aula, las instalaciones son un lujo, los docentes para prestar sus servicios en ese centro educativo, deben tener como mínimo maestría. El personal que allí labora trabaja con entusiasmo y decoro,  la educación inicial, la primera infancia y la primaria.

Es una escuela que enfatiza en el inglés como segunda lengua, la lúdica es un proyecto de vida, los niños son formados de acuerdo a sus intereses, el colegio también garantiza educación en las bellas artes. Natación, tenis, voleibol, béisbol, golf, fútbol. El deporte y la ciencia no faltan.

El niño matriculado en ese lujo para aprovechar las bondades de la cotizada escuela, se llama Esteban, podría haberse llamado Pedro, Juan o Miguel. Viene de un colegio de clase media, en su primer día de clase recibe el impacto de no ver niños parecidos a él. Los niños blancos no dejan de mirarlo como bicho raro. (Consideremos que muchos niños blancos, jamás han tenido un niño negro cerca, su único contacto con los afros en su mundo blanco, se limita a la servidumbre y vendedores ambulantes. Y en esos penosos papeles discriminatorios que realizan los actores negros en la televisión colombiana). Transcurren los primeros días de clases y los niños más osados desean tocar a  Esteban, quieren saber si el “color” de su piel se corre como cualquier pintura barata, en los trabajos en grupos nadie lo acepta, en los descansos no juegan con él.  

Alguna vez Esteban por saber de sus habilidades con la pelota se atreve a entrar en la cancha. Siempre va bien peinado y huele a esas colonias que promocionan en los comerciales de televisión. Un balón ha rebotado y llega a sus pies, Esteban lo toma y dice. <<Yo juego>> y recibe un rotundo “No” por respuesta. Pregunta; <<¿Por qué no puedo jugar con ustedes si son mis amiguitos?>>. Dos niños responden como si fuera una lección aprendida. <<Por qué eres negro, los negros huelen feo>>, una niña grita, <<Son  malucos, tú eres maluco>>. Un niño pelirrojo con infinidades de pecas en su rostro atiza <<Mamá dice que roban>>.

Esteban queda en shock, no sabe por qué  le tocó  ese tono de piel, ese cabello recio, esa nariz achatada. Decide llevar el vestido de la vergüenza porque no sabe cómo defenderse de las hordas racistas. Los profesores aunque intentan reprender a sus alumnos, ríen y hasta hacen chistes “negro tenía que ser”. A los padres de Esteban les afecta la situación pero creen que él debería dedicarse a estudiar. <<Son bromas>> y le dan un consejo: <<Hazte amigo de ellos>>. Un día Esteban asegura a los niños blancos que él no es negro, por lo menos no totalmente negro, que su abuela era “blanca”, como prueba muestra las palmas de los pies y las manos y empieza a ser aceptado por los bárbaros.

 

Uriel Cassiani

Poeta y escritor 

 

Garras de leopardo
Uriel Cassiani

Poeta y escritor, gestor cultural, activista social y humano de las comunidades afros. Representante Legal de la Corporación Socio Cultural de Afrodescendientes Ataole, que agencia proyectos pedagógicos, culturales, artísticos y productivos en el Caribe Colombiano. Cofundador del Taller literario Mundo Alterno (2001), Integrante de los talleres de poesía Luis Carlos López (2001) y Siembra (2002).

En 2010 publicó Ceremonias para criaturas de Agua Dulce. En 2011 publicó el poemario Alguna vez fuimos árboles o pájaros o sombras. Editorial Pluma de Mompox. Entre sus trabajos inéditos están los libros: Dosis personal (Poesía) Música para bandidos (Novela) Las fugas probadas de la memoria (Cuentos). Un Brebaje para Orika (Novela).

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