Lunes, 27 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

Vestigios de la cultura chibcha / Foto: Banco de la República

La mitología podría definirse, quizás, como la filosofía del hombre primitivo, afirmó Frazer [1]. Las culturas precolombinas poseían una cosmogonía, esto es, una visión del origen de los sistemas celestes, especialmente del sistema solar, y una cosmología, esto es, un conjunto de mitos sobre el origen, estructura y evolución del universo.

En este periodo pre-científico del pensamiento humano, la cosmología está constituida por mitos e igualmente por elementos racionales. Todos estos aspectos crearon una cosmovisión, esto es, una concepción mítica del mundo. En esa perspectiva podríamos afirmar que las culturas prehispánicas poseían una filosofía, una filosofía que subyace en una mitología sobre el origen del universo, el hombre y la naturaleza.

La cosmogonía chibcha tiene varios matices y versiones que nos explica la creación de ciertas fases del universo. Los aborígenes del altiplano andino, propiamente en lo que hoy conformamos los departamentos de Cundinamarca y Boyacá, concibieron una leyenda convertida en mito, sobre la creación de la luz y el nacimiento de la raza humana. Dice ésta que el cacique de la Icara y su sobrino el cacique Ramiriqui gobernaban sobre la tierra y en una ocasión viendo que todo estaba despoblado, crearon la raza humana haciendo un muñeco de barro, el hombre, y de unas varas de bambú hicieron la mujer y, fue así como estos poblaron la tierra. Pero todos vivían en una noche absoluta, esto es que todo era tinieblas.

Compungidos por esta triste situación, con este paisaje sin vida, lúgubre por demás, decidió el cacique de la Icara que su sobrino el cacique de Ramiriqui ascendiese por el cosmos y trajese la luz. Esto hizo el cacique Ramiriqui quien descendió vertiginosamente hacia las alturas perdiéndose en las lejanías infinitas del universo. De pronto este cacique de Ramiriqui se convirtió en un astro luminoso, incandescente, la luz cayó salvadora sobre la tierra. El cacique de Ramiriqui se había convertido en el sol. Empero, el cacique de la Icara no estaba del todo satisfecho, porque había parte del día que estaba desprovisto de la luz durante ese lapso, el humano linaje recordaba allá en lo recóndito de su alma, aquella época de tinieblas cuando había una ausencia total de la luz. Fue entonces cuando el cacique de la Icara resolvió tomar el mismo camino que tomaría su sobrino y se perdió en el espacio infinito del cielo. Ascendía el cacique de la Icara, cuando de pronto, se convirtió en especie de lucero. Su luz no estaba tan brillante como la de su sobrino el cacique de Ramiriqui, pero servía para alegrar los corazones de la gente de la tierra durante el periodo en que la luz del sol estaba ausente. Había nacido la luna. El cacique de la Icara y su sobrino el cacique de Ramiriqui habían creado la raza humana y le había dado luz a la tierra [2].

Este hermoso mito es un ejemplo de las fantásticas concepciones cosmogónicas de la cultura chibcha. Su interpretación mítica del mundo está concebida dentro de una visión que es su propia forma de conocimiento en el que se afirma su existencia. El pensamiento mítico de las culturas prehispánicas está compuesto por infinidad de creencias, tradiciones y formas simbólicas en su relación del hombre con la naturaleza.

El mito es una prefiguración de una filosofía en las culturas precolombinas, es decir, desde que establecieron una relación mítica con el sol y la luna, la lluvia, las estrellas y la muerte, esto obedeció a una interpretación mágica del mundo que se constituyó en una filosofía y, que se puede hallar en su arte, religión o mitos y costumbres, es decir, en su cultura. Su filosofía, naturalmente, no está por escrito ni es un sistema como los sistemas filosóficos universales, sino es una visión mítica de conocimiento del universo, el hombre y la naturaleza.

Las culturas precolombinas tenían una organización política, social y económica y una pléyade de dioses que guiaban y daban sentido a su vida. Una concepción de lo sagrado que no se limitaba sólo a sus dioses sino a su relación con las plantas y los animales. En esa concepción de lo sagrado había un trasfondo filosófico. El uso de las plantas servía como recurso para alcanzar ese espacio de conciencia que trasciende la conciencia personal y abría espacio de conciencia y de realidad que va más allá del mundo ordinario o cotidiano [3].

En el mito está contenido una concepción del mundo. Con los símbolos con los que el hombre aborigen construía sus mitos estaba construyendo una visión filosófica del mundo que tenía su propia lógica como una expresión mágica--ritual que era indicio de su representación y visión en la producción de la vida material. Ahora bien, en la literatura Azteca, Maya e Inca se hallan hermosos mitos cosmogónicos en que está contenida una visión filosófica ante la vida donde se proclama de alegría de vivir, la significación de la guerra, la gloria y el poderío de los Mexicas, el significado cósmico de las guerras, la acción bélica dirigida a obtener víctimas para el sacrificio en homenaje al sol.

Se evoca en esta literatura, a través de hermosos poemas, los montes, los bosques, las flores que abren sus coloras, la fecundación y la agricultura, las aves preciosas, los misterios de la divinidad y del más allá, lo efímero de la existencia en la tierra: la muerte tan temida como inexorable. La muerte es una especie de transformación, los hombres se mudan en faisanes, y las mujeres en aves nocturnas. Así entraban divinizados en el más allá. Su poesía tiene elementos de carácter divino que trata sobre los orígenes y el universo de los dioses. El canto de Tláloc (el dios de la lluvia) y el canto a Huitzilochfli (el dios del sol) son los más hermosos cantos sacros de la literatura Azteca. Las composiciones precolombinas revelan una gran profundidad de pensamiento, cantos de orfandad, de privación, de angustia y honda reflexión y es la más profunda herencia espiritual de la América indígena [4]. 

Por otra parte, los Códices americanos es el nombre con el que se designaron los dibujos y los escritos jeroglíficos de la América prehispánica que se hacían sobre cuero de venado o de tigre, sobre papel de ámate y sobre lienzos de pita y de algodón. Se encontraron en la cultura Maya, Mixteca, Zapoteca y Azteca y, fueron de temática histórica, geográfica, catastral etc. A través de estos Códices se conoció la historia, religión y las costumbres de los pueblos prehispánicos. Aquí se descubre que la base de estas sociedades era mítica y cumplía una función explicativa, unificadora y ordenadora del Cosmos.

Los mitos eran expresados en claves de relato poético y respondían a las preocupaciones de la existencia del hombre prehispánico: el espacio, el tiempo, la armonía con los poderes o fuerzas naturales etc. El Códices Ríos de la filosofía náhuatl describe los orígenes cósmicos, los trece cielos, los dioses, los soles cosmogónicos etc. Su filosofía, como la de los griegos, está elaborada a base de mitos y metáforas y se interroga sobre qué es lo que explica el origen del mundo y la fundamentación del mundo y de las cosas, el albedrío humano, acerca de la persona, el origen del hombre, el principio dual, el más allá, la vida después de la muerte, la fundamentación ética, la educación, el derecho, la conciencia histórica, la cosmovisión mítico-guerrera etc. 

El saber filosófico de la cultura náhuatl se interrogó también sobre el problema de lo que existe, de la finalidad de la acción humana, de la felicidad en la tierra, sobre la esencia de lo verdadero, sobre qué es el hombre, la concepción de la divinidad, la posibilidad de una reencarnación, la vida como experiencia única… [5]. Así como la filosofía clásica universal que tuvo su origen en la antigua Grecia, se interrogó sobre origen del hombre y el universo, sobre la condición humana y la muerte, igualmente la filosofía náhuatl no fue ajena a estos mismos interrogantes que tuvo su origen en la América precolombina.

Cabe señalar, sin embargo, que algunos autores niegan la posibilidad de una filosofía entre los pueblos prehispánicos. Consideran que estas culturas poseen una " sabiduría " popular y no una " teoría" o filosofía. En tanto que la categoría de filosofía se enmarca dentro de una "episteme concreta” propia de Occidente. A continuación establecen la diferencia entre la sabiduría y la filosofía. Señalan que el punto inicial de la filosofía fue la "admiración” y el "extrañamiento” del hombre que tiene su concreción en un apropiamiento de esa realidad con categorías “racionales y prácticas técnicas” como consecuencia de su saber teórico. Parten del presupuesto que el mundo precolombino está configurado por la magia, el rito y el mito que hacen posible su existencia, mientras que la realidad occidental se compone de objetos que definen su entorno y contorno.

En la cosmovisión de estas culturas prehispánicas hay más un predominio de un "pensamiento emocional " que de un "acto racional del conocer” [6]. En conclusión, para estos autores la cultura náhuatl y todas las demás culturas precolombinas no hacen filosofía porque no reflexionan con la lógica racional de Occidente. Tal vez no entienden que es precisamente mediante sus ritos, su magia y sus mitos como se sitúan en el mundo y filosofan con otra cosmovisión distinta a la del pensamiento racional, lógico-sistemático, occidental.   

 

Antonio Acevedo Linares

 

Referencias

1. Sir James George Frazer. Mitos sobre el origen del fuego en América. Emecé Editores, Buenos Aires, 1942.

2. Jesús Arango Cano. Mitología en América Precolombina. Plaza y Janes Editores, Bogotá, 1989.

3. Ignacio Vergara C. Yage: una posible experiencia de transformación. Revista Colombiana de Psicología. UN. # 4.

4. Antología Poesía Indígena Precolombina. Comp. Jorge Eduardo Paniagua. Politécnico Colombiano Jaime Isaza, Medellín, 1983.

5. Miguel León Portilla. La filosofía Nahuatl. Estudiada en sus fuentes. UAM. México, 1959

6. José Antonio Suárez. La sabiduría Amerindiana. En Filosofía en la América Latina. Editorial El Búho, Bogotá, 1996.

Cultura & Sociedad
Antonio Acevedo Linares

Antonio Acevedo Linares (El Centro, Barrancabermeja, Colombia, 1957).Poeta, Ensayista y Sociólogo. Profesor universitario. Magíster en Filosofía Latinoamericana con especialización en Educación Filosofía Colombiana de la Universidad Santo Tomás y especialización en Filosofía Política Contemporánea del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia. Ha publicado los libros de poesía y ensayos: Plegable # 1 (Poesía), 1987; Arte Erótica, 1988, Plegable # 2 (Poesía) 1990, Plegable # 3 (Poesía) 1994, Sociedad de los poetas, 1998. Plegable # 4 (Poesía) 1999. Los girasoles de Van Gogh, Antología poética, 1980-1999. Vol.1, 1999, Plegable # 5 (Poesía) 2000, Plegable # 6 (Poesía) 2001, Poesía de viva voz (CD) 2004, Atlántica, Antología poética, 1980-2004. Vol.2, 2004, En el país de las mariposas, Antología poética, 1980-2007. Vol.3, 2007, Por la reivindicación del cuerpo y la palabra, (Reseñas criticas) 2008.La pasión de escribir (artículos, ensayos y entrevistas poetas y escritores colombianos) 2013. La poesía está en otra parte, 2016.

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