Viernes, 26 de may de 2017
Valledupar, Colombia.

La ciudad pobre aún confía en su palabra, en sus promesas de campaña, los Manolistas están tristes, pero siguen guardando cierta esperanza, en los barrios míseros donde su caudal de voto fue consistente para alcanzar la primera magistratura del Distrito, siguen esperando que traiga soluciones para las incontables necesidades, que históricamente, y sin pausa, los han asaltado.

Allá lo esperan, señor Alcalde: los niños con sus ojos alegres, las niñas con sus sonrisas de helados derramados, atentos, porque los padres les piden cada mañana que no dejen de mirar por la ventana. <<En cualquier momento —les dicen— llega Manolo, y le da chamba a su hermano, y volvemos a comer tres veces al día>>. La miseria, Manuel Vicente Duque, se los sigue comiendo vivos. Dígame, ¿usted no va hacer nada?

En las barriadas nuestros jóvenes se siguen matando por la falta de oportunidades: estudio, trabajo, alguna de las bellas artes a muchos de ellos le vendría bien. El talento sobra.

Aplaude la ciudad su programa para la reintegración de los miembros de las pandillas, se hará la paz en algunos sectores, pero si el bienestar social que debe garantizar el Estado no hace presencia, volverán por sus andanzas. Hace algunos meses algún “Pastor” avivato, en un acto populista, les propuso a unos pandilleros cambiar armas por biblias, la biblia a algunos de ellos les quitará el hambre espiritual. El hambre que convierte el estómago en león, seguirá ahí, rugiendo, cada vez más alto, más fuerte.

Vuelva a ponerse como en la campaña de lado de esos muchachos, de los pobres, cuando usted aspiró a la Alcaldía de Cartagena cantaban a garganta limpia, ese jingle que popularizó Chawala, el mandamás de los Disc Jockey champetúo. /Aquí está/ él de la piedra en el zapato/ Manolistas/ aquí hay Manolo pa´ rato/. ¿Llegó usted a la alcaldía para ser otra piedra en el zapato de las clases populares?

No se deje manipular por los sectores pudientes, ellos no lo querían como alcalde y celebran su supuesta “ineptitud”. Ahora resulta que las medidas de seguridad, cámaras y aumento de fuerza policial son para ellos. La represión y la indiferencia para la clase social que lo hizo alcalde. Entre ellos los estaderos, discotecas y rumbeaderos de clases populares que deben cerrar a las diez de la noche, es absurdo, a las diez de la noche, apenas empieza la rumba, cómo se atreve usted a restringir las libertades individuales y colectivas, por qué quitarle trabajo a la policía. Cierran todo y se van a dormir a las diez de la noche a pierna suelta, pero el Decreto no toca a Blas de lezo: su barrio, no sea injusto, para actuar convoque a la más pura justicia de su corazón. Acuérdese de Salomón y su corte se sabios.

Los pobres no lo eligieron para ponerlo al servicio de los ricos del Corralito de Piedra. No lo creo. Lo dudo. Sé que piensa a diario en romper con el viejo modus operandi de la administración pública en la ciudad, sé que amanece con deseos de atreverse. Lo invito, hermano, a las acciones sencillas, por ejemplo. Traslade la alcaldía a la zona Sur Oriental, de la ciudad, llegue a esa zona con todo el aparato estatal para derrotar la pobreza y la miseria. Traicione a quienes lo financiaron, ¿qué le pueden hacer? No permita que gobiernen por usted, o que ese estrés administrativo lo termine llevando a la tumba. Me despido con un abrazo de hermano.

 

Uriel Cassiani 

@UrielCassiani 

 

Garras de leopardo
Uriel Cassiani

Poeta y escritor, gestor cultural, activista social y humano de las comunidades afros. Representante Legal de la Corporación Socio Cultural de Afrodescendientes Ataole, que agencia proyectos pedagógicos, culturales, artísticos y productivos en el Caribe Colombiano. Cofundador del Taller literario Mundo Alterno (2001), Integrante de los talleres de poesía Luis Carlos López (2001) y Siembra (2002).

En 2010 publicó Ceremonias para criaturas de Agua Dulce. En 2011 publicó el poemario Alguna vez fuimos árboles o pájaros o sombras. Editorial Pluma de Mompox. Entre sus trabajos inéditos están los libros: Dosis personal (Poesía) Música para bandidos (Novela) Las fugas probadas de la memoria (Cuentos). Un Brebaje para Orika (Novela).

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