Lunes, 20 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

La esperanza es un trozo de reposo. Se convierte en el pecho en un fuego inocente que crece hasta volverse llamas rojas en el cielo de la tarde. Las tardes en el Caribe están llenas de crepúsculos con francas nostalgias. El pasado es una cosa guardada en algún lugar del pecho. Es una foto que cargamos en la mochila del alma. Valledupar, vuelve a tu luz, vuelve con tus pasos más sinceros y honestos por tus bellas sendas. Vuelve la mano a la mochila y saca tus fotografías para recordar lo bueno que son tus hombres, tus mujeres, tus niños que guardan en cada sonrisa el sonido que deja el rio Guatapurí cuando choca en cada piedra.

Allá en San Diego, tal vez, Gustavo Gutiérrez, no alcanza a comprender en qué momento la insensatez superó a la ternura y muchos de tus hijos se rindieron a los pies de Jorge Cuarenta, se rindieron a los pies de aquel que hoy duerme en una celda donde el sol jamás llega para hablarle de la Sierra, pero todos sus muertos, sus inocentes asesinados le gritan al oído <<Jorge, ¿por qué me mataste?>>.  Y un niño que él dejó sin padre en otro sueño pregunta <<Señor, usted se llevó a papá, ¿cuándo vuelve? Dígale que me hace falta>>. Despierta en un río de sudor que le deja en cada noche un profundo escalofrío. A Jorge, le da miedo gritarle al niño que de la muerte no se vuelve.

Valledupar debe volver a sembrarse así misma: flores, muchas flores, para recuperar la inocencia extraviada. Sostener un poco más tiempo en el cielo con las oraciones de koguis y arahuacos las lunas de diciembre.

Revolver el pasado para que vuelva a las chozas de los patios, las arepitas de queque, los sancochos que nadie se reúsa a probar porque fueron cocinados en uno de los fogones del cielo. Vuelve a reír Valledupar, que crezca esa carcajada que atizaba en las madrugadas tus parrandas, créelo, no es un asunto menor. Si recuperas la memoria volverá el tiempo de juglares engrandecidos por la majestuosidad de sus talentos, son muchos, son tantos. Si recuperas la razón: la vida, el tiempo, quizás Dios, la verdad no sé, quién, podría regalarte en algún tiempo, lejano, no importa: Un Jaime y Fredy Molina, un Pollo Vallenato, un Poncho Cotes, el viejo Mile reencarnaría en cualquier muchacho brioso y bueno, porque sabe que en algún lugar de Guacoche, se está levantando otro Moralito. Si recuperas la memoria, vendrá del paraíso una muchacha alta y bella a organizar con el vuelo de ayer, y las brisas del mañana: El Festival de la Leyenda Vallenata. Todos los otros deberían tener derecho a recibir un Consuelo. Volvería a la canción las letras audaces, picaresca, la poesía de alto vuelo que puso a tus pies a una nación.  Recuerda tu grandeza, reza por Jorge Cuarenta y Ricardo Palmera. Pero no olvides que el primero defendió el capital, y el segundo, al parecer la causa de los que aún duermen sin comer. Si vuelve tu luz, tu ayer más profundo, los cantantes y compositores impostores de nuestro tiempo regresarán a la banca. A la tribuna como normales espectadores, allí ocuparan sus lugares sin gloria. Valledupar, recupera pronto la memoria, la razón, porque esos muchachos un tanto flojos, (cómo asegura mi padre) van acabar con tu folclor, contigo dama bella.   

 

Uriel Cassiani

@UrielCassiani 

 

Garras de leopardo
Uriel Cassiani

Poeta y escritor, gestor cultural, activista social y humano de las comunidades afros. Representante Legal de la Corporación Socio Cultural de Afrodescendientes Ataole, que agencia proyectos pedagógicos, culturales, artísticos y productivos en el Caribe Colombiano. Cofundador del Taller literario Mundo Alterno (2001), Integrante de los talleres de poesía Luis Carlos López (2001) y Siembra (2002).

En 2010 publicó Ceremonias para criaturas de Agua Dulce. En 2011 publicó el poemario Alguna vez fuimos árboles o pájaros o sombras. Editorial Pluma de Mompox. Entre sus trabajos inéditos están los libros: Dosis personal (Poesía) Música para bandidos (Novela) Las fugas probadas de la memoria (Cuentos). Un Brebaje para Orika (Novela).

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